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El informático almendrero Miguel Ángel Rodríguez trabaja como ingeniero de software en uno de los principales bancos de Australia

Tras estudiar la carrera de Ingeniería Técnica de Informática en la Universidad de Huelva, este onubense encontró su primer trabajo en Barcelona, donde conoció a su pareja, a la que no dudó en seguir hasta Sídney. Una ciudad a 18.000 kilómetros de España, en la que se encuentra desde hace más de dos años, y donde ha conseguido desarrollarse personal y profesionalmente.

Miguel Ángel Rodríguez, de El Almendro a Sídney, Australia.

Mari Paz Díaz. Miguel Ángel Rodríguez Lorenzo (El Almendro, 24 de septiembre de 1987) es un onubense de 31 años que creció en el ambiente campestre y sano de su pueblo. Fue también en El Almendro donde comenzó a interesarse por la música, entrando a formar parte de la Banda Municipal y montando un grupo junto con su hermano para tocar en bodas y fiestas. Incluso, llegó a ser el tamborilero (con flauta/gaita) de las fiestas patronales y romerías de la localidad. 

Un gusto musical que compaginó con sus estudios de Informática, logrando que sus padres le compraran su primer ordenador cuando apenas tenía 13 años. Según recuerda, “pienso que esto fue clave para lo que me depararía el futuro. Cuando llegó la hora de decidir qué carrera estudiar, tenía en mente dos cosas: la música o la informática. Creo que fui prudente cuando me incliné por un futuro más asegurado y escogí la segunda de mis pasiones”. Fue así como se decantó por la carrera de Ingeniería Técnica de Informática en la Escuela Técnica Superior de La Rábida, en la Universidad de Huelva.

Campus de La Rábida, de la Universidad de Huelva.
Estudió en el Campus de La Rábida de la Universidad de Huelva.

“Durante la carrera se me abrió la posibilidad de hacer la Erasmus y, debido a mis vínculos familiares portugueses y el cariño especial que le tengo a esa tierra, decidí pasar un año en Lisboa. Allí aprendí a relacionarme con gente de diferentes idiomas y otras culturas, puesto que Lisboa es una ciudad que atrae a gente de muchas partes del mundo”, nos comenta.




Su primer trabajo le llevó a vivir a Barcelona.

Una vez acabada la carrera, en el año 2012, Miguel Ángel quiso hacer una especialización, pensando que “eran los móviles los que estaban arrancando, así que pensé que sería una buena idea dedicarme a ello. Para eso, realicé múltiples cursos a través de internet y, después de enviar mil currículos en plena crisis, me llamaron de Barcelona para un puesto de desarrollo de apps para iPhone. Dije que sí inmediatamente y, en dos días, cambié de vida mudándome de El Almendro a Barcelona con mi primer trabajo como desarrollador de apps”.

Los comienzos en Barcelona fueron duros, debido a que se encontraba lejos de su familia, empezando una nueva vida solo y con su primer trabajo, donde tenía mucho por aprender. Tras pasar un año en la ciudad condal, una vez asentado, conoció a su pareja. Todo marchaba bien, pero, tras cuatro años trabajando y disfrutando de la vida en Barcelona, a su pareja le ofrecieron una beca de Doctorado en Ecología Marina en Sídney (Australia), así que no se lo pensó dos veces, dejó su puesto fijo en Barcelona y se marchó hasta tierras australianas.




Encontró un buen puesto de trabajo al poco tiempo de llegar a Australia.

Aquella aventura australiana se iniciaba en noviembre de 2016, cuando ambos aterrizaron en Sídney con la ilusión de conocer, vivir y experimentar aquel exótico país. Una vez instalados, y tras dos semanas haciendo múltiples entrevistas, este almendrero consiguió su primer trabajo en uno de los bancos más importantes del hemisferio sur, el CommonWealth Bank. Su puesto era como Software Engineer en la aplicación móvil del banco, un puesto que sigue manteniendo en la actualidad. Una experiencia que mantiene a Miguel Ángel Rodríguez en Sídney , junto a su pareja, y que ha querido contarnos en ‘Onubenses por el mundo’. 

-Miguel Ángel, ¿por qué tomaste la decisión de irte fuera? 
Cuando, a raíz de que a mi pareja le ofrecieran la oportunidad de una beca para hacer un Doctorado en Sídney, me propuso que me mudara a Australia. Y no me lo pensé dos veces. Siempre había soñado con viajar a este país, para ver su fauna y sus paisajes exóticos, al tiempo que quería apoyar a mi pareja ante una oportunidad así. Además, indagué un poco y pude comprobar que mi profesión estaba bastante solicitada en Sídney, con lo que todo se inclinaba hacia mi mudanza a las antípodas.

Trabaja en uno de los bancos más importantes del hemisferio sur.

-Después de dos años y tres meses fuera de España, ¿cuál es tu balance de la experiencia? 
-Muy positivo. Desde que llegué, todo ha sido una experiencia. Descubrir la cantidad de culturas que aquí se mezclan, conocer o acariciar a los canguros, ver a los koalas y el resto de especies autóctonas, aprender las curiosidades de su historia y la cultura aborigen, sorprenderme con la forma tan apaciguada de vivir de la gente de aquí, incluso teniendo en cuenta que se trata de una ciudad de casi 6 millones de habitantes, quedarme embobado con los paisajes y tanta vegetación que rodea cada palmo de tierra o ver como los australianos van descalzos hasta al supermercado…

-¿En qué consiste exactamente tu trabajo? 
-Trabajo como Software Engineer (Desarrollador de Aplicaciones Móviles) en CommonWealth Bank, uno de los bancos más importantes de Australia y el hemisferio sur del planeta.

Este onubense nos cuenta las similitudes y diferencias entre España y Australia. / En la imagen se muestra una de las Montañas Azules.

-Vives en Sídney. ¿Cómo es vivir ahí?
-Particularmente, vivo en un barrio llamado North Sydney o Sídney Norte. Creo que, en parte, mi vida aquí me recuerda un poco al carácter de nuestra tierra. La gente es muy abierta, quizás el clima ayuda, y, al mismo tiempo, podría decirse que el tiempo es muy diferente. Se levantan muy temprano, hacia las 5 de la mañana, almuerzan a las 12 y cenan a las 5-6 de la tarde. Cuando les cuento que en España cenamos a las 9-10 se sorprenden bastante. Todo es acostumbrarse, pero, al principio, te veías en la situación de querer ir a un restaurante a cenar, llegar a las 9-10 y decirte: “La cocina ha cerrado ya”.
Por otra parte, el sol pega mucho más que en España, debido a la proximidad en esta zona con el agujero de la capa de ozono, así que aquí están muy concienciados con el uso de crema solar para todo. La influencia asiática es bastante perceptible, hay muchísimos restaurantes de comida china, tailandesa, india, japonesa, balinesa, etcétera, al igual que puedes ver muchas fiestas en la ciudad relacionadas con esas culturas. También el olor a eucalipto es muy característico, nada más que sales del aeropuerto y pones el pie en tierra australiana.

El onubense, ante el edificio más emblemático de la ciudad.

-¿Cómo es Sídney?
-Sídney pertenece al estado de Nueva Gales del Sur. Aunque muchos piensan que es la capital de Australia, en realidad, este título lo tiene otorgado Canberra, y todo fue orquestado para paliar la rivalidad por obtener dicho título entre las dos ciudades más grandes de Australia: Sídney y Melbourne. Nada más llegar al Harbour (puerto), te quedas boquiabierto con el panorama que se aprecia. A un lado tienes el Harbour Brigde, puente que cruza de Sídney a Sídney Norte, y, al frente, la Opera House, el edificio blanco más emblemático de la ciudad. Todo rodeado de bahías, calas, vegetación y agua en la desembocadura del río Parramatta con el océano Pacífico, así como los altos edificios del Distrito Financiero, que presiden la escénica vista del puerto. 

Otra de las vistas de la ciudad.

Sídney es una ciudad multicultural, pero, al mismo tiempo, está considerada la más clásica de entre sus grandes hermanas. Aunque no tiene playa en pleno centro, está rodeada de mini calas, acantilados y recodos con paisajes de cuento que sorprenden con la imagen de los rascacielos al fondo. Hay muchos caminos para dar paseos y el ayuntamiento los cuida y promociona en sus páginas webs, para que todo el mundo pueda recorrerlos fácilmente. Las playas más famosas son Balmoral y Manly al norte (cruzando el puente) y Bondi y Coogee, al este de la ciudad, donde la gente hace surf, pasa el día en la playa o, simplemente, pasea y disfruta del aire libre. Algo que me sorprendió bastante es la cantidad de reservas naturales protegidas que llegan hasta la propia ciudad. 
Aunque el coste de vida es muy alto en Sídney (vivienda, compras, facturas), los salarios están bastante equiparados. Y, en cuanto a la comida, los australianos se las han arreglado para crear su propio aceite de oliva, vino, frutas, etcétera, así que, por lo menos, puedo replicar muchos de los platos españoles sin tener que irme a tiendas específicas de importación.

Su familia y amigos siempre lo han apoyado.

-¿Te has marcado algún nuevo reto? 
-Mi objetivo es seguir escalando y mejorando, tanto en mi profesión como personalmente. También desarrollo mis propias aplicaciones móviles, así que, en mi tiempo libre, intento crear mis proyectos para, algún día, poder emprender, tirar la caña y ver si hay suerte.

-¿Qué piensa tu familia y amigos de tu aventura?
-Cuando dije: “Me voy a Australia”, al principio, pensaban que era una broma. Unos meses más tarde les estaba diciendo “¡Nos vemos pronto, adiós!”. Tanto mi familia, como mis amigos, me han apoyado desde el minuto cero. Aunque la distancia es dura para cualquiera, y por eso intento ir una vez al año a España, saben que, tanto mi pareja como yo, estamos forjando un futuro, desarrollando nuestras profesiones en un entorno bueno, rodeado de amigos y con buenas perspectivas.

Está satisfecho con su vida allí.

-¿Cuáles son tus planes futuros? 
-Diría que quiero seguir aquí y ver hasta dónde llego. En pocos meses aprendí inglés con bastante fluidez, ya que no había más remedio, y mi evolución personal y profesional ha sido realmente positiva. Así que seguir en este camino creo que es un buen plan de futuro.

-Por tanto, no piensas volver a Huelva en breve. 
-Creo que, de momento, no a corto plazo. Si volviera a España, sería difícil encontrar un trabajo de mi profesión en mi tierra y tendría que irme igualmente lejos de mi familia y amigos. Por eso, mi visita anual no falta, ya sea a 500 kms. o los 18.000 kms. que ahora mismo me separan de El Almendro. Aunque la tierra es la tierra y ese vínculo estará ahí tirando hasta que me convenza y vuelva a casa.

Se siente orgulloso de ser de El Almendro y de Huelva.

-¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?
-Mi familia. Ver a mis padres y contarles el día a día cara a cara, reír y divertirme con mis amigos, ir a la playa un día cualquiera en mi coche y pedirme unos chocos fritos y una sardinas asadas en el chiringuito, un buen arroz con turmas con una tapita de morcón colorado o lasquitas de jamón derretío al lado… Básicamente, echo de menos todo lo que aquí no puedo tener, que ya es bastante.

-Para terminar: un mensaje a tus paisanos. 
-A todos los almendreros/as y castillejeros/as, así como mis paisanos onubenses, les animo a viajar y conocer culturas diferentes que enriquecen y te llenan como persona. Les mando un fuerte abrazo con mucho cariño y les dedico esta frase: Estando a miles de kilómetros y viviendo mil aventuras podría considerarme afortunado, ciudadano del mundo, pero todo ciudadano tiene sus raíces y, en mi caso, son de un almendro, y cuando este florece siempre me acuerdo de dónde vengo y quién soy, Almendrero y Onubense.

 






One Response to "El informático almendrero Miguel Ángel Rodríguez trabaja como ingeniero de software en uno de los principales bancos de Australia"

  1. Sigfrido   11 febrero 2019 at 5:26 pm

    Hace unos años estando en Sydney en una estancia conocí a un hombre que era de Villanueva de los Castillejos. Había emigrado en los años 80 con su familia. El hombre, con una enfermedad terminal no había olvidado ni su pueblo ni la virgen de Piedras Albas. A la vuelta desde España, entre mi madre y mi tía Ramona, ambas de El Almendro, le enviamos unos recuerdos de su pueblo.

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