La Palmera de La Rábida (y II)

La Palmera de La Rábida, en cierto modo, fue un símbolo de identidad y una especie representativa del paisaje rabideño a lo largo de muchas décadas. Finalmente, la antigüedad y el viento fueron las causa principales de su muerte hasta su derribo.

La Palmera de La Rábida, en 1924.

Francisco Martín Acosta. Y así está recogido en la revista La Rábida en 1922: “En la mañana del tres de Agosto último, después de una misa conmemorativa…, se plantó la nueva palmera” y en el libro El Vuelo de España- América (1926) de Miguel España y Ricardo Tomas hacen la misma alusión: “La palmera tronchada ha sido piadosamente, religiosamente sustituida por otra que allí, al pie del viejo tronco, plantaron las manos santas de los socios colombinos”.

La Avenida en el año 1929.

La nueva palmera (Phoenix dactylifera), de aproximadamente 1,80 metros de altura total, quedó dentro del conjunto que lo formaban: el resto del tallo del primitivo ejemplar y el macizo de flores que lo rodeaba, este era el aspecto que ofrecía dicha composición en la Avenida de la Palmera durante más de dos décadas.

Otra perspectiva de los años 20.

En un artículo del diario provincial Odiel (12/10/1946) recoge la siguiente información, “Murube decide eliminar de la Avenida principal el parterre que mantuvo a la centenaria palmera y que al menos hasta el 1940 todavía mantenía sus restos.”, en cambio no menciona nada de la nueva palmera, que posiblemente fue eliminada junto al parterre. Los resultados de esta actuación nos hace entender que estaban relacionados con el proyecto de restauración del Monasterio y otras obras que se realizaron con motivo del Centenario de la Marina de Castilla a celebrar en 1948, y dirigido por el arquitecto del Consejo de la Hispanidad Luis M. de Feduchy.




Una imagen de los años 50.

En relación a Joaquín Murube, el periódico ABC (Sevilla. 22/3/1944), refiere: “Un presupuesto extraordinario se invierte en la jardinería del convento. J. Murube, Director Conservador del Alcázar de Sevilla, encargado del estudio del proyecto de jardinería, sabrá comprender el replanteo de los jardines”, así mismo nos informan sobre el tiempo de inicio de estas obras “…ya empezadas en esta fecha, el 24/3/1944”.

La zona, remodelada sin la palmera.

Una vez analizados los contenidos de estas descripciones históricas se complementa la misma con información en base a otros criterios, de esta manera y partiendo de la idea que la antigüedad fue la causa principal de su muerte y el viento el causante final de su derribo, otros factores también actuaron directamente o indirectamente en su avanzado estado de inclinación y caída, como fueron: Su desarrollo vegetativo y estado fitosanitario, el deterioro del sistema radicular, la falta de labores de mantenimiento, su localización, o en conjunto la suma de todas ellas. En cambio, la palmera datilera encontró en este entorno unas condiciones óptimas tanto físicas como climáticas que estimularon su crecimiento. Por una parte, disponía de un suelo fértil y de recursos hídricos aceptables, se situaba dentro de los terrenos de un huerto y al final de una vaguada, cercana a un pozo, y de condiciones ambientales favorables, temperatura, humedad ambiental, régimen de lluvias, insolación, etcétera para su desarrollo.




Cambio de la imagen de la zona.

La Palmera de La Rábida, en cierto modo, fue un símbolo de identidad y una especie representativa del paisaje rabideño a lo largo de muchas décadas. Sobreviviente a los acontecimientos históricos no muy afortunados acaecidos en este lugar, guerras, exclaustraciones, desamortizaciones, periodos de abandono y ruina del Monasterio, etcétera, y en otro ámbito admirada por todos con calificativos como: gentil, esbelta, gallarda, hermosa, alta, erguida, airosa, gigantesca, magnífica, soberana, centenaria, veterana… Lo que no pudo la mano del hombre, sí lo logró el tiempo y las fuerzas de la naturaleza.






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