El villarrasero Miguel Ángel González realiza una investigación de energía fotovoltaica en Nantes

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Su familia y sus amigos fueron los primeros en animarlo para que aprovechara esta experiencia.

Laura Cebrino. El villarasero Miguel Ángel González de Grados, de 26 años de edad, vive desde hace dos años en Nantes, al oeste de Francia, y aunque orgulloso de pertenecer a uno de los pueblos más relevantes del Condado de Huelva, el joven confiesa sentirse como un nativo más en el país vecino:

En la actualidad está cursando un Máster sobre energía fotovoltaica en la Universidad de Michelet-Sciences.

“Nantes es una ciudad maravillosa; aquí son muy llamativas sus múltiples islas, conectadas entre sí por diversos canales, o sus calles empedradas, donde casi se respira aire medievo, también su precioso castillo de los Duques de Bretaña, idóneo para contemplar las peculiares maquinarias inspiradas en las ideas de Julio Verne”, comenta Miguel Ángel.



Durante sus estudios de Química en la Facultad de Ciencias Experimentales de la Universidad de Huelva tuvo conocimiento de la beca ‘Ceimar’, una ayuda para la movilidad internacional que le permitía mejorar sus competencias en el extranjero a la par que aprendía otros idiomas y convivía con otras culturas.

“Mi proyecto inicial en Nantes duró tres meses; en ese tiempo trabajé en un departamento de electroquímica de la Universidad Michelet-Sciences, donde tras acabar decidí realizar un Máster (Lumomat) sobre energía fotovoltaica para ampliar mi formación”, detalla el joven.



De aires marineros, Nantes es atravesada por el río Loira.

A su llegada a Francia, el joven reconoce que su nivel de francés era muy básico: “al principio usaba el inglés como idioma principal en mis actividades académicas, pero gracias al apoyo y a la amabilidad de los franceses, progresé en poco tiempo y, a pesar de las lógicas dificultades, mi oído se fue haciendo a esta romántica lengua, lo que ha hecho que en la actualidad me comunique en francés sin problemas”.

Según Miguel, los franceses son amantes de nuestra gastronomía, nuestra cultura, y gran parte de ellos, son buenos conocedores de nuestra lengua.

Miguel Ángel considera que, aunque al llegar pensó que las distancias intelectuales y culturales de Francia con respecto a España serían muy notorias, “el modo de vida de ambos países en esencia es parecido, pero con otras inquietudes, otra mentalidad -más abierta-, más organización, menos desigualdades y menos prejuicios, lo que se traduce al fin y al cabo en una mayor sensación de bienestar”, apunta Miguel Ángel.



Para Miguel Ángel, los franceses son educados, intelectuales, amables, independientes, conservadores y algo más reservados que los españoles. En cuanto a los franceses más jóvenes, “son inquietos, emprendedores y se emancipan a temprana edad, trabajando y estudiando al mismo tiempo con el sustento de su esfuerzo. La mayoría de ellos viven experiencias similares a la mía como parte de su formación integral” continúa.

En la actualidad, Miguel Ángel compagina su actividad académica con trabajo en un restaurante español, lo que le da la oportunidad de, en cierto modo, “sentirse en casa”.

Como buen amante de su tierra, Miguel Ángel siempre intenta escaparse a Huelva para disfrutar de sus amigos y su familia “pues lo que más echo de menos es disfrutar de los míos en una buena mesa y con una buena puesta de sol”, aunque su reto más a corto plazo es el de continuar en la investigación y realizar la tesis doctoral “o ejercer de químico en alguna empresa local!”, confirma.

“Considero que la mejor manera de crecer como persona es conociendo nuevas culturas, nuevas personas, otras costumbres. Supone un reto sobrevivir lejos de tu zona de confort, enfrentándote a la dificultad de un nuevo idioma y comprendiendo la existencia de otros puntos de vista a nivel social, como es la xenofobia o el racismo. Este tipo de situaciones te hace abrir la mente y te ayuda a entender y conocer todas las necesidades de la sociedad moderna.

Miguel reconoce que está siendo una experiencia muy positiva para él.

Es por ello que animo a todos los estudiantes y onubenses en general a vivir la experiencia de vivir un tiempo en otro país, en definitiva, de tener nuevas experiencias, pues así es como mejor podemos formarnos. ¡Seguro que no os arrepentís! Veréis el mundo desde una óptica más amplia y más tolerante”, culmina Miguel Ángel.