La bióloga almonteña Alicia Maraver desarrolla programas de educación ambiental en Perú

Tras acabar la carrera y realizar diversas funciones en la Estación Biológica de Doñana, esta onubense completó su formación en Costa Rica y en Ecuador, gracias a una beca para cursar una maestría en Conservación de Biodiversidad. Fue en este posgrado donde conoció a su marido, con el que vive desde hace tres años en Perú, un país en el que Alicia trabaja como asesora ambiental en uno de los colegios más prestigioso de la ciudad de Piura.

Alicia Maraver Acosta, una almonteña en Colombia.

Mari Paz Díaz. A sus 35 años, Alicia Maraver Acosta puede presumir de contar con dos tierras a las que ama y lleva siempre en su corazón: donde nació y donde reside. Eso sí, como no podía ser de otro modo, se siente, por encima de todo, almonteña. Es más, según ella misma nos cuenta, “crecí y viví en Almonte, en el seno de una familia singular, muy creativa, en el que mis abuelos maternos, y sus hijas, jugaron un papel clave. Me refiero a mi desarrollo como persona, que ellos alentaron con valores de autonomía, igualdad y humanidad”. Así se desarrollaron sus primeros años de vida hasta que, a los 14, se trasladó a vivir a Sevilla para estudiar la E.S.O. en el instituto Bécquer, situado en Triana.

Licenciada en Biología por la Universidad de Sevilla, se casó a los 28 años en Colombia.

Fue en la capital hispalense donde continuó realizando sus estudios universitarios de la Licenciatura de Biología, especializándose en Educación Ambiental, lo que provocó que continuara viviendo en Sevilla hasta los 25 años. Una trayectoria que tuvo un antes y un después al cumplir 28 años, puesto que, en ese momento, se casó en Colombia. Desde entonces hasta ahora, Alicia ha formado una bonita familia con una niña de tres años y un pequeño, que nació el pasado 2 de septiembre. Todo ello es el resultado de una trayectoria personal y profesional que se ha ido enriqueciendo con otras experiencias, especialmente en el extranjero, como su estancia en Costa Rica o la obtención de una beca para cursar una maestría en Conservación de Biodiversidad en Ecuador, donde conoció a su actual marido, con el que vive desde hace tres años en Perú. Una serie de vivencias que ha querido compartir con los lectores de Huelva Buenas Noticias en esta entrevista. 

En Almonte, El Rocío y Doñana se empapó del amor a la naturaleza, en gran parte, gracias a sus abuelos.

-Alicia, ¿cómo surgió tu interés por la naturaleza?
-Cuando tu paisaje y hábitat familiar es Doñana y sus mayores, la conexión afectiva con la naturaleza es fácil. He veraneado con mi familia, de niña y adolescente, en El Rocío. Allí escuchaba tertulias de mi abuelo Alfonso, –que se crio en el Abalario con sus abuelos maternos cultivando colmenas-, con su primo y vecino Luciano Capea, –experto en las antiguas labores de rozas y cría de yeguas en la marisma-, y otros vecinos almonteños, como Juan Contreras, con sus vacas y sus amenas y curiosísimas historias. Con ese sustrato, ves el territorio con otros ojos. Lo disfrutas desde el corazón. Por un lado, compruebas que necesita ser cuidado para que no se pierda tantísima riqueza, y, por otro, que puedes ser un recurso para eso. Decidí, pues, estudiar Biología. 




Alicia, en un anillamiento de zampullines. Y es que fue voluntaria de la Estación Biológica de Doñana, centro en el que realizó diversos proyectos.

-¿Cómo te formaste en este ámbito? 
-Lo primero que hice fue terminar mi Licenciatura en Biología. Y, dentro del amplio abanico que abarca esta licenciatura, siempre tuve claro que sería bióloga de botas y no de bata, como decíamos en la universidad. Por ello, me decanté, por una parte, por la Educación Ambiental y, por otra, en adquirir las herramientas científicas necesarias para el trabajo de campo.  Para ello, realicé diferentes cursos de ampliación en temas más concretos, como monitora de Educación Ambiental, elaboración de proyectos ambientales, Interpretación del Medio Natural, Identificación y Anillamiento científico de Aves. También seguí mi afición por mi tierra acercándome y enriqueciendo mi formación como voluntaria de la Estación Biológica de Doñana durante muchos años y, en especial, saliendo al campo con el gran maestro Luis García, el mejor ornitólogo de Doñana y uno de los personajes más entrañables de la zona. Paralelamente, obtuve becas para participar en diferentes proyectos de la Estación Biológica de Doñana. Y luego comencé trabajando como guía de naturaleza y monitora de educación ambiental con diferentes empresas de la zona.

Con la primera tortuga baula que vio en Costa Rica.

-¿Cuáles han sido los momentos más especiales de tu trayectoria? 
-Sin duda, mi experiencia en el extranjero. Mi primera visita a Centroamérica fue a Costa Rica para trabajar con tortugas marinas. Me inspiró y animó para seguir trabajando y promoviendo un cambio de conciencia necesario para conservar nuestro planeta. Entre los años 2009-2011, obtuve una beca para cursar una maestría en Conservación de Biodiversidad que se impartió en Ecuador, organizada por una alianza académica entre el CSIC, la UIMP y la Universidad de Quito. Coincidimos estudiantes de diez nacionalidades y contamos con expertos internacionales en todas las materias que se impartieron, por lo que resultó ser una de las experiencias más enriquecedoras que recuerdo, en todos los ámbitos. Especialmente en el personal, ya que conocí a mi pareja siendo compañeros de maestría, y, posteriormente, decidimos formalizar nuestra relación casándonos en junio de 2011 en Santa Marta, Colombia su ciudad natal. En diciembre de 2014 nació nuestra primera hija, Noa y, el pasado 2 de septiembre, llegó a nuestras vidas Leo. 




Hace tres años que vive en Perú. / En la imagen, elaborando trampas para hormigas para el Trabajo Fin de Máster.

-Ahora trabajas en Perú. ¿Cómo llegaste a este país?
-Por amor. Mi marido trabaja para una multinacional y le propusieron trasladarnos allí para comenzar un nuevo proyecto. Decidimos que merecía la pena probar suerte por allí, ya que en España ninguno de los dos teníamos trabajo estable. La zona en la que vivimos es aún poco desarrollada y hay pocos proyectos ambientales en marcha, así que elaboré un programa para concienciar a la población más joven de la necesidad de cambiar el paradigma en el que vivimos para mejorar la calidad de los días venideros. Y lo presenté al Centro María Montessori, en Piura.

Trabaja como asesora ambiental en el Colegio Montessori, uno de los más prestigiosos de la zona.

-Este mes de noviembre hace tres años que vives ahí. ¿Cuál es tu labor en este país? 
-Trabajo en el colegio María Montessori, uno de los más prestigiosos de Piura, como asesora de Medio Ambiente. Cabe resaltar la importante apuesta de la institución, que se coloca como centro pionero en mejorar los aspectos y la formación ambiental del centro. He creado un programa institucional de Educación Ambiental para el alumnado, desde el nivel inicial hasta Secundaria. Elaboro el material y doy formación al profesorado para que puedan ejecutar el programa con los alumnos. Este año se llama ‘Montessori pone freno al cambio climático’. Cada mes se trabaja un aspecto diferente de la problemática y se intenta sensibilizar al alumnado para que ellos sean las semillas que germinan en las familias, creando un cambio de conciencia para mejorar la calidad ambiental del entorno en el que nos encontramos.

Realizando una actividad de muestreo con alumnos de 5º y 6º de Primaria.

Una de las actividades que ha tenido más éxito para implantar la rutina del reciclado ha sido el guardia ambiental. Se elige a un alumno de cada aula y durante dos semanas será una especie de policía, identificado con una chapa y un cuaderno. Su misión será encargarse de multar a todo aquel que vea incumpliendo una de las normas que aparecen en la Guía de Buenas Prácticas Ambientales, que también me he encargado de diseñar. Lo estamos poco a poco implantado en el centro. Por otro lado, también se premia con un carnet de Aliado Ambiental a aquellos más comprometidos con el proyecto. Parte de mi función consiste en asesorar a todos los profesores en temas relacionados con el medio ambiente y preparar proyectos para competir en diferentes concursos o actividades organizadas por entidades públicas o privadas.

Haciendo trampas para los mosquitos con los alumnos de 3º y 4º de Primaria.

En este sentido, uno de los proyectos más interesantes en el que hemos participado es el programa Globe, patrocinado por organismos tan prestigiosos, como la NASA o el NOAA. La finalidad de este programa es, a través de la educación ambiental, incentivar en el alumnado el estudio científico de los procesos que los rodean y buscar respuesta a problemáticas específicas. Han organizad0 una feria de ciencia internacional sobre el desafío GO Mosquito. Al encontrarnos en Perú, en una zona endémica de mosquitos, transmisores de enfermedades, como el Dengue, Zika o Chikungunya, es importante implicar a la población para recabar información y detectar las necesidades reales para controlar las poblaciones de vectores y evitar la propagación de dichas enfermedades. En este aspecto, hemos presentado cuatro proyectos diferentes elaborados con alumnos de Primaria y Secundaria y hemos resultado ganadores del 4º premio del concurso con el proyecto que presentamos de Secundaria: Campaña de identificación de especies de mosquitos presentes en zonas vulnerables: parques y jardines de Piura. 

Alicia en su graduación. Ahora, su vida en Perú es muy diferente.

-Vives en la ciudad de Piura, al norte de Perú. ¿Cómo es vivir ahí?  
-Es muy diferente a España, aunque tiene un clima parecido, cálido la mayor parte del año. Y su gente es amable y cariñosa. Es como retroceder en el tiempo a la generación de nuestros abuelos. La sociedad, la sanidad, incluso el tráfico, es tan distinto al nuestro que te hace añorarlo en muchas ocasiones. De hecho, yo he vuelto a mitad de mi embarazo para dar a luz aquí en Huelva, ya que confío mucho más en nuestra sanidad. Cuando vives fuera de España tú solo, sin familia, te adaptas mucho más rápido y no echas en falta tantas cosas como cuando te mueves con una familia. No quiero que mis hijos crezcan sin poder ofrecerles, al menos, las mismas oportunidades que me ofrecieron a mí. 

Tiene previsto regresar a Huelva en dos años. / En la imagen, en el Machu Pichu con compañeros del Máster.

-¿Tienes previsto regresar a Huelva?
-Sí, nos fuimos allí con un contrato de cinco años y ya nos quedan solo dos para terminar y regresar. 

-¿Algún proyecto de cara al futuro?
-Tenemos en mente montar una empresa cuando volvamos, aprovechando la experiencia que vamos a adquirir durante estos años. 

Su sueño es extrapolar a Huelva todos los conocimientos adquiridos.

-¿Algún sueño que te gustaría conseguir?
-Me encantaría cooperar con el área de Medio Ambiente y Educación de la Junta de Andalucía para extrapolar el tipo de proyectos que llevo a cabo en Perú. Aunque, como enamorada que soy de Doñana, nada me gustaría más que trabajar en el Espacio Natural formando parte de uno de sus equipos de investigación y, de paso, acabar con el dicho que a muchos almonteños nos pesa de que ‘nadie es profeta en su tierra’. 

-¿Es fácil compaginar tu vida profesional con tus dos hijos?
-Con Noa no ha sido muy complicado, ya que ella asiste al mismo centro donde yo trabajo, lo que me ha facilitado compaginar horarios; ahora, con el bebe, ya te contaré (risas). Supongo que será mucho más difícil y necesitaré que asista a la guardería mucho antes de lo que lo hizo su hermana.

Recuerda especialmente a su familia.

-A nivel personal, ¿qué es lo que más echas de menos de Huelva cuando estás fuera?
-Sin lugar a dudas, a mi familia. Criar a mis hijos lejos del amor de sus abuelas y tías es lo más duro que tengo que sobrellevar. Aunque las nuevas relaciones vía skipe permiten sentirnos un poco más cerca, es muy difícil vivir lejos de los tuyos. Como contrapartida a esto, hemos creado un grupo internacional en Piura, ya que los amigos que coinciden lejos de los suyos se convierten en familia. Nos permite darnos apoyo y cariño para hacer más llevadero vivir tan lejos.

Anima a todos a disfrutar de lo que nos ofrece Huelva.

-¿Qué supone para ti tu pueblo, Almonte?
-Siempre ha sido un referente vital, un tesoro natural del que me siento muy orgullosa. También un compromiso. Me encanta haber nacido en un pueblo con tradiciones tan importantes como El Rocío, las yeguas marismeñas, Doñana, con tanta riqueza cultural y ambiental. Almonte es un enclave único en el que me encantaría que mis hijos pudieran vivir y crecer enriqueciéndose con sus valores, al menos tanto como yo.

-Para terminar: un mensaje a los onubenses.   
-Además de alentarles en su potencial para guiar iniciativas de interés general, les diría: “!Disfrutad! De nuestro sol, nuestra gastronomía, nuestras playas, nuestros parques y nuestras gentes, porque hoy estamos aquí, pero quizás mañana te despiertes echándolo en falta”. 




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