El valverdeño Javier Castilla logra escalar 14 cimas de más de 4.000 metros en Europa

Apasionado del alpinismo desde niño, este onubense ha compaginado su labor profesional como ingeniero con la aventura de subir montañas tan altas y arriesgadas como el Mont Blanc. Su sueño es subir el Ama Dablam, en el Himalaya, pero tiene claro que prioriza pasar tiempo con su familia, porque asegura que "la meta no está en la cumbre, sino en el suelo, con la gente que te quiere". De Huelva, se queda con las playas de Mazagón y los pinares de su Valverde natal.

Javier Castilla Gutiérrez, un ejemplo para los amantes de la escalada.

Mari Paz Díaz. ¿Has soñado alguna vez con escalar montañas más altas? Es un deseo que tienen muchos. Algunos en sentido figurado y, otros, de forma literal. Pero, en un caso u otro, a todos nos sorprende cuando vemos cómo se consiguen estos logros. Por ello, nos ha llamado mucho la atención el ejemplo del onubense Javier Castilla Gutiérrez, un enamorado de la escalada que ha logrado subir hasta 14 cimas de 4.000 metros en distintos puntos de España y el resto de Europa. Todo un récord, teniendo en cuenta que compagina esta actividad con su labor profesional. En concreto, Javier es responsable de varios departamentos en la empresa Seabery, además de dar clases como profesor asociado en la Universidad de Huelva y en el Máster de Mantenimiento Industrial, después de estudiar Ingeniería, una carrera que hizo tras abandonar el Grado Medio de Música. 

Un reportaje de ‘Al filo de lo imposible’ le hizo involucrarse más activamente en este mundo. / Foto: RTVE.

Su pasión por el alpinismo surgió desde muy pronto, siendo prácticamente un niño. Según nos cuenta, “todo empezó cuando tenía 8 años. Me encontraba en el Camping del Naranjo de Bulnes, en Asturias. Mis padres estaban montando la tienda de campaña y, para que mi hermano y yo les dejáramos tranquilos, nos mandaron con un monitor que subía a la gente del camping por una de las paredes de piedra de la recepción. Esto me gustó. Sin embargo, no fue hasta los 14 años cuando después de ver un documental del programa ‘Al filo de lo imposible’ recordé esas fotos y empecé a involucrarme en este mundo más activamente”. Una experiencia que ha ido alimentando desde entonces hasta la actualidad. Así nos lo cuenta en esta entrevista, donde nos muestra las claves de esta práctica.

Su formación como escalador ha sido autodidacta.

-Javier, llega a sorprender tu trayectoria como escalador. ¿Te has formado de alguna forma en este ámbito? 
-Mi formación en escalada en roca fue muy autodidacta. Era una época en la que no teníamos tiendas especializadas a nuestra mano y las compras las hacíamos por teléfono en Barrabés, en el Pirineo Aragonés. Todo era leer y leer e intentar reproducir esas técnicas donde fuera, en una piedra o en un pino, daba igual. A esa edad, la ilusión puede con todo. Así seguí hasta los 25 años, cuando, a través de varios cursos de montaña, fui formándome y empezando a escalar los picos más elevados. Primero fue en España y, posteriormente, en Los Alpes, llegando, a día de hoy, a tener 14 cimas de más de 4.000 metros.




Son muchas horas de frío, viento y hambre.

-¿Hacen falta unas características especiales para ser escalador? 
-No. Simplemente pasión e ilusión. Sí es cierto que no es un deporte cómodo y pasas muchos momentos de miedo, dolor, frío, hambre y sed. Pero si lo piensas, cualquier deporte tiene estas sensaciones, ya sea en un ironman  o jugando al fútbol. La gran diferencia de nuestro deporte es que no tienes la opción de renunciar con tanta facilidad. No tienes una ambulancia o un punto de avituallamiento, ni tampoco hay una cinta que cortar, ni una copa que levantar. Allí sólo hay piedra, nieve, hielo, frío y viento. Todo va en tu espalda y puedes subir mucho, pero la meta no está en la cumbre, sino en el suelo, con la gente que te quiere. Esa es la verdadera cumbre. 

El único enemigo eres tú mismo.

El escalador George Mallory dijo una vez, cuando le preguntaban por qué quería intentar por tercera vez conquistar el Everest, que lo hacía “porque está ahí”. O también recuerdo a Lionel Terray, que definió a los alpinistas como los conquistadores de lo inútil. Realmente, y a diferencia de muchos deportes, no luchas contra nadie, más que contra ti.




Asegura que no hay que salir fuera de España para vivir experiencias increíbles.

-¿Cuáles han sido los momentos más especiales para ti como escalador? 
-En la montaña he pasado grandes momentos. Uno de los más emotivos fue mi subida al Mont Blanc, aunque no porque viera mucho, porque nos envolvió una ventisca que nos dejó a -25 grados congelándolo todo. Otro momento que destacaría por el miedo que pasé fue cuando me rescataron a pocos metros de la cumbre del Cervino. Luego, como impresionantemente duros por el esfuerzo y la dificultad técnica de la vía, ha sido en la travesía integral del Eiger por la arista Mittellegi y por la de las Jorrasess. Pero, no es necesario viajar fuera de España. Simplemente subiendo a Béjar, a escalar en hielo con mis amigos de la SEH, también he pasado momentos increíbles e irrepetibles.

Este valverdeño considera que el deporte mejora nuestro bienestar, pero deberían tener más repercusión otros temas, como los logros científicos.

-¿Te sientes un ejemplo a seguir por estos logros? 
-Para nada. Hay cosas que para mí son más importantes. Mi actividad deportiva no es la que destacaría. Y, aunque sé que no todos estarán de acuerdo conmigo, hay actividades que deberían tener más repercusión social que el deporte mayoritario, como es el desarrollado por científicos, investigadores, médicos y docentes que hacen nuestra vida actual y futura mejor. El deporte debe ser una herramienta para aumentar el bienestar personal, social, cultural y de superación propia.

Con su amigo Santi Padros.
Para Javier lo importante es el lugar por el que sube, más que la cumbre en sí.

-¿Algún nuevo reto que te hayas planteado? 
-Mi próximo objetivo es viajar en invierno a Dolomitas para hacer escalada en hielo y, en verano, con mi amigo Santi Padros, hacer la Arista del Peutery, la arista más larga de Europa, que lleva a la cumbre del Mont Blanc. Sé que se podría decir: “bueno ya has subido a esta montaña, ¿por qué otra vez?, pues porque para mí es más importante el por dónde y cómo subes, que la cumbre en sí.  Por ejemplo, nunca subiré al Everest por la ruta clásica ni al Cervino por Zermat. Prefiero las actividades donde no te ayudas de una cuerda ya instalada para progresar y donde tú -y lo que llevas- es lo único que te hará progresar.

Tiene el sueño de subir el Ama Dablam, pero prioriza pasar tiempo con su mujer y su familia.

-¿Tienes algún sueño que te gustaría conseguir? 
-Hace tiempo soñaba con subir el Ama Dablam, una montaña increíble del Himalaya, pero en la vida hay que priorizar. Y, para mí, es más importante mi mujer y mi familia que pasar dos meses de expedición en un sietemil. Pero, bueno, nunca se dice que no pueda cumplir mi sueño algún día.

Cuando está fuera lo que más recuerda de Huelva es la playa de Mazagón y pasear por Valverde y sus pinares.

-Para terminar, ¿qué es lo que más echas de menos de Huelva cuando estás fuera?
-Quitando el plano personal y familiar, la playa de Mazagón a Matalascañas, ya sea en el INTA o en cualquier otro punto. Pasear por sus playas es todo un placer para los sentidos. Y, cómo no, pasear por mi Valverde del Camino y sus pinares, también.




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