Las Marismas del Odiel, historia viva de Huelva

En las confluencias de los ríos Tinto y Odiel se extiende un amplio estuario de islas y esteros que concentra una gran riqueza biológica. Enclave estratégico en las rutas migratorias entre Europa y África, Marismas del Odiel se erige como uno de los humedales en mejor estado de conservación de Europa.

Sobre el terreno de Marismas del Odiel se ha construido parte de la historia onubense.

HBN / Cristina Morales. Nexo de unión entre el continente y el Atlántico, su inmejorable posición geoestratégica ha motivado la proliferación de sociedades y núcleos urbanos que debemos situar, según registros arqueológicos, en la Protohistoria, cuando las primitivas tribus neolíticas se fueron complejizando gracias a los nacientes contactos comerciales. Hoy día la presencia humana en torno a Marismas del Odiel está constatada gracias al descubrimiento de importantes restos arqueológicos a lo largo de los siglos XX y XXI entre los que destaca el llamado Depósito de la Ría a de Huelva.

Marismas del Odiel, una reserva natural de gran belleza.

Descubierto en la década de 1920 a causa de unos trabajos de dragado en la zona, este yacimiento mostró restos de madera y en torno a 400 piezas de bronce en forma de espadas, flechas, puñales, puntas de lanza, botones, broches de cinturón y agujas, entre otros. Las pruebas del Carbono 14 dieron como resultado una antigüedad que se remontaba al Bronce Final del siglo IX a. C., cuando los fenicios ni siquiera habían tenido tiempo aún de hacer acto de presencia.

Prueba de la inmejorable posición estratégica de este humedal y su riqueza natural ha sido la constante llegada de pueblos exteriores con intención de establecer relaciones comerciales y explotar el subsuelo onubense. Más allá de las Columnas de Hércules, los pueblos provenientes de las ricas y prósperas ciudades-Estado de las costas de Oriente Próximo iniciaron en torno al siglo XI a. C. un paulatino tanteo por el Mediterráneo que se fue tornando en colonización y que les condujo hasta Marismas del Odiel en el siglo VIII a. C.




Este entorno ha sido partícipe de la historia de Huelva.

A su llegada, el área del Bajo Guadalquivir había albergado la proliferación de poblaciones más o menos densas repartidas desde Sierra Morena hasta la Cordillera Subbética, encontrando en el Valle del Guadalquivir y en las costas litorales onubenses su área más prolífica. Estructurados en tribus o pequeños reinos, estos pueblos ofrecían a los fenicios la posibilidad de dar salida a los materiales mineros que obtenían del Andévalo onubense, a la vez que los fenicios ejercían una intensa influencia en la población autóctona e iniciaban el llamado período Orientalizante. En este contexto, las poblaciones reunidas en torno a Marismas del Odiel vieron transformadas a sus propias élites y desplazadas sus poblaciones hacia los enclaves costeros onubenses, sevillanos y gaditanos, estableciendo las bases de una civilización tradicionalmente identificada con Tartessos.

Cuenta con grandes recursos pesqueros.

La caída de Tiro, ciudad-Estado predominante en Oriente Medio, a manos de los persas en el 573 a. C. frenó la expansión mediterránea fenicia y acabó con la influencia oriental en Marismas del Odiel. El testigo de los fenicios fue recogido por griegos, concretamente samios y foceos, aunque con un grado de intensidad menor. Aunque las relaciones comerciales griegas en torno a Marismas del Odiel fueron más o menos constantes a lo largo de las décadas del siglo VI y V a. C., la población autóctona experimentó un progresivo descenso poblacional con lo que el entorno de Marismas del Odiel perdió su antiguo rol preponderante.




Posee una gran riqueza y diversidad de especies.

La población que antes se extendía por todo el estuario del Odiel quedó apenas circunscrita a los cabezos de la actual Huelva, iniciándose en este contexto la conocida como etapa turdetana. A pesar del final de la edad dorada del estuario del Odiel, Estrabón dejó constancia siglos más tarde de la importancia de núcleos poblacionales de la zona como Onoba, así como de su intenso poblamiento fruto de la riqueza agrícola, ganadera y minera del lugar.

La etapa turdetana, se extendió hasta que Roma hizo acto de presencia en la Península Ibérica el siglo III-II a. C. En el entorno de Marismas del Odiel, río Urium entonces, existen en la actualidad resquicios arqueológicos que nos muestran una intensa actividad industrial y portuaria romana. El antiguo papel exportador del estuario del Urium fue nuevamente reactivado una vez que el Andévalo volvió a ofrecer material minero a los nuevos ocupadores. Junto a ello, piscifactorías, salazones, salinas, cetáreas o elaboración de garum son algunos ejemplos de la actividad de la antigua Onoba Aestuaria, acompañada de pequeñas poblaciones extendidas por el Eucaliptal o la isla de Saltés, en torno a la Cascajera.

Marismas del Odiel. / Foto: Junta de Andalucía.

En la actualidad existen estudios que barajan la posibilidad de que, más allá del estuario del Odiel, este tipo de enclaves industriales romanos existieran en otras áreas del entorno, convirtiendo el lugar en un importante enclave activo de la producción romana. La explicación por la que los restos aún no han visto la luz tal vez se encuentren en el importante deterioro en un suelo esencialmente mareal, cuyos restos pueden yacer bajo el limo o haber sido demasiado desgastados por los períodos de avance y retroceso del océano.

La desaparición de la civilización romana significó una nueva decadencia en la zona durante el período visigótico hasta que la llegada de los árabes huidos del norte de África en el 711. La Península Ibérica, y más aún el sur del territorio con el estuario del Odiel como uno de sus puntos clave, volvía a erigirse en uno de los puntos estratégicos más importantes. Punto de unión entre el continente europeo y las costas africanas, el dilatado legado islámico onubense constató nuevamente la presencia de industrias en Marismas del Odiel. Al margen de ello, sin duda el resquicio islámico más importante de este entorno se encuentra en la anteriormente citada isla de Saltés.

Es necesario concienciar a la población y fomentar el cuidado de este espacio natural.

Situada entre la antigua Onoba Aestuaria y la actual Punta Umbría, la isla de Saltés albergó en su seno el surgimiento de Saltish, una ciudad que vivió su apogeo en el período almohade, entre los siglos XI y XIII. Dedicada principalmente a las actividades portuarias y actuando como centro distribuidor de los minerales que nuevamente se extraían del Andévalo, Saltish destacó como uno de los principales enclaves urbanos de todo el litoral onubense y de la cora de Niebla, lo que se evidencia hoy día gracias al descubrimiento de caseríos, zocos e, incluso, una alcazaba, junto a la cual debía erigirse el puerto. Intelectuales, cartógrafos y geógrafos de la época como Al-Idrisi hacían mención de la ciudad de Saltish como una ciudad próspera dotada de mercados y bazares y situada en el estuario del Odiel.

El Paraje Natural Marismas del Odiel fue declarado Reserva de la Biosfera.

Tanto fue así que a principios del siglo XI Saltish se convirtió en capital de uno de los reinos de taifas en los que quedó dividido el antiguo Califato de Córdoba. La caída de Niebla en manos cristianas en 1262 precipitó el declive de Saltish hasta su abandono en torno a los siglos XIV y XV. En cuanto a la propia isla, pocas veces quedó reflejado su nombre en los anales de la historia. Apenas una batalla naval entre castellanos y portugueses en julio de 1381 y el diario de a bordo de Cristóbal Colón cuando zarpó en busca de las Indias Orientales a través de Occidente: “Partimos viernes tres días de agosto de 1492 de la barra de Saltés, a las ocho horas”.

La riqueza autóctona de fauna y flora lo hacen un espacio único.

Los siglos XVII y XVIII limitaron el poblamiento en el estuario del Odiel prácticamente a la actual ciudad de Huelva, más allá de algunas pequeñas aldeas dedicadas a la agricultura y la ganadería que rodeaban la comarca. No sería hasta el XIX cuando llegaron las grandes compañías mineras, primero la de Tharsis y posteriormente la Río Tinto Company Limited, que explotaron el subsuelo del Andévalo onubense desde el último tercio del XIX y transformaron profundamente el puerto de la ciudad con la construcción de muelles y embarcaderos que dieran salida a las ingentes cantidades de mineral.

Como consecuencia, la presencia humana se multiplicó en el estuario hasta alcanzar cifras desconocidas hasta entonces. Esta etapa dejó en Huelva un legado histórico y cultural indiscutible en forma de edificios como el antiguo hotel Colón, el Muelle del Tinto, el monumento a Colón en la Punta del Sebo, el Barrio Obrero y la extraordinaria extensión del puerto. Ahora bien, Marismas del Odiel era visto como un territorio poblado de insectos y aguas insalubres donde fácilmente podían surgir enfermedades. De hecho, hasta la segunda mitad del siglo XX la intención de las autoridades e industrias de la comarca era la de acabar con la marisma utilizando eucaliptos capaces de secar fácilmente sus aguas.

Es imprescindible concienciar a la sociedad sobre la necesidad de conservar intacto el paisaje.

La declaración de Marismas del Odiel como Reserva Mundial de la Biosfera en 1983 y Paraje Natural en 1984 ha transformado profundamente la presencia humana en el entorno en cuanto a concienciación y desarrollo de actividades sostenibles y de protección de la avifauna se refiere. El impacto medioambiental de una población difusamente distribuida por el territorio hace imprescindible concienciar a la sociedad sobre la necesidad de conservar intacto el paisaje de Marismas del Odiel. Así pues, en la actualidad existen numerosos y variados proyectos en materia de educación medioambiental y conocimiento del alto valor del entorno dirigido al colectivo ciudadano de Huelva capital y los municipios adyacentes.




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