
Ana Rodríguez. Los vecinos de Cádiz han recogido y entregado firmas para que el Ayuntaminto de la capital gaditana nombre Hijo Adoptivo a un onubense, al cumbreño Isidoro Cárdeno Chaparro. Un hecho que dice mucho de este hombre de 68 años que llegó, como se suele decir, con una mano delante y otras detrás a la Tacita de Plata hace ya 53 años y ha sabido labrarse tanto una exitosa trayectoria como empresario como una merecida fama de hombre bueno.
Isidoro nació en Cumbres Mayores, donde pasó una feliz infancia. Su padre tenía un pequeño negocio de chacina en el que desde los 12 años empezó a trabajar para ayudar a la economía familiar. Pero unos años más tarde, la situación tan dura por la que pasaban, hizo que «con 15 años recién cumplidos tuviera que dejar mi pueblo, del que nunca había salido, a mi familia y amigos y marcharme, como tantos emigrantes, buscando el bienestar», reconoce el onubense.
Su destino fue Cádiz. Allí llegó en el año 1965 y, por mediación de un primo de su madre, entró como empleado en Pescanova. «Fue un momento durísimo», recuerda Isidoro, «la gente de ahora está más preparada que nosotros en aquellos tiempos. Verme solo en aquella ciudad, viviendo en una pensión, en un cuarto sin ni siquiera una ventana. Lo pasé muy mal, pero también esos golpes de la vida te enseñan muchas cosas».
En Pescanova trabajaba de comercial y repartidor. «Salíamos de Cádiz a las dos de la madrugada para repartir por la Sierra. Hacía albaranes, cargaba los arcones, descargaba y entregaba la mercancía. Fue un aprendizaje y me sirvió mucho», asegura el actual empresario.

Tras ocho meses, Cárdeno cambió de empleo. Empezó con el pariente que lo había recomendado, quien tenía en Cádiz un almacén de chacinas y coloniales al por mayor. Trabajó 11 años de repartidor y vendedor de calle, en condiciones además bastante precarias, hasta que el dueño falleció y la empresa cerró.
Cuando se vio en la calle, pensó que había llegado el momento de establecerse por su cuenta. Como conocía el negocio a la perfección desde pequeño y llevaba años empleado en él, fundó junto a otro cumbreño, Plácido Moreno, una empresa de distribución de chacinas y coloniales al por mayor en Cádiz y provincia. De este modo daban a conocer entre la población gaditana los productos de su querido pueblo.

«Plácido fue para mí una persona muy querida, que me brindó mucho apoyo en aquellos momentos. Fuimos socios hasta que falleció con 45 años. Luego tuve que tirar del carro solo, a base de sacrificio, pues sus herederos no quisieron continuar con el negocio», explica Isidoro.
Las miras del empresario fueron a más, y en 1988 fundó en Cumbres Mayores, junto a su hermano Francisco Manuel, la fábrica ‘Hermanos Cárdeno Chaparro’, a la que actualmente están realizando su tercera ampliación y donde trabajan en campaña una docena de personas.

Pero a pesar de que las cosas le iban bastante bien con sus dos empresas, Isidoro siempre tuvo la ilusión, como bien reconoce, «de montar algo en Cádiz que oliera a Cumbres Mayores, de dar un reconocimiento a mi pueblo«. Motivo por el cual, en el año 2000 inauguró, junto a dos socios -Jesús Ramos y Manuel Mera-, el afamado Mesón Cumbres Mayores, un lugar de parada obligada para todo onubense que se precie si va de visita a la provincia vecina. En el establecimiento se puede dar buena cuenta de la gastronomía de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, vendiendo ‘Marca Huelva’ en pleno centro de Cádiz.
Y es que, a pesar de llevar 53 años viviendo fuera, Isidoro jamás ha olvidado sus raíces: «soy muy devoto de la patrona de Cumbres, la Virgen de la Esperanza, y el Lunes de Albillo y el Corpus Christi siempre estoy allí para llevarla. A ella le agradezco todo lo que me ha dado la vida: mi mujer, mis hijos, mis nietos, mis amistades».

Curiosamente, lejos de buscarse una gaditana, Cárdeno se casó con una cumbreña que conoció en las citadas fiestas del Corpus y que ha sido siempre su «bastón de apoyo». «Sin María del Carmen no hubiera sido lo que ahora soy. Me ha dado estabilidad, soporte y a mis dos hijos. Somos muy felices», reconoce emocionado el empresario.
Aunque siga amarrado a su pueblo y sin intención de soltarse, qué duda cabe que Isidoro está muy agradecido a Cádiz, a una tierra que lo acogió con los brazos abiertos y de la que se siente uno más. Quizá por la suerte que le ha traído la Tacita de Plata, desde que tuvo oportunidad siempre ha tratado de devolver a sus habitantes un poquito de esa fortuna con la que le ha pagado la vida.

Tremendamente humilde, le cuesta hablar de las numerosas acciones sociales y solidarias que ha llevado y sigue llevando a cabo. «Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha», afirma al respecto, y añade: «las cosas hay que hacerlas en silencio y, cuando se puede, hay que ayudar a quienes lo necesitan«. Esa bondad llevada con absoluta discreción, su continua colaboración con entidades muy diversas y, especialmente, con la Asociación de Reyes Magos de Cádiz -fue el rey Gaspar en el desfile de 2015-, no ha pasado inadvertida entre los gaditanos, que recientemente han recogido firmas para nombrarlo Hijo Adoptivo.
La iniciativa ha partido de un grupo de personas del colegio San Felipe Neri y de la citada Asociación de Reyes Magos, que han conseguido el aval de 64 entidades y de infinidad de ciudadanos y lo han entregado en el Registro del Ayuntamiento de la ciudad. No sabe si finalmente el pleno del Consistorio aprobará el nombramiento, pero para Isidoro sólo «con la propuesta, con haberse acordado de mí, estoy más que satisfecho y agradecido. Nunca olvidaré este detalle», reconoce.
Aún en activo y con las mismas ganas que el primer día, Cárdeno se lanza a la calle cada mañana con el orgullo de ser cumbreño y el honor de haberse ganado el título de gaditano de adopción. Dos pertenencias para un corazón dividido.





















