El CD Sordos Huelva, subcampeón de la IV Deaf Championes League de fútbol sala

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El CDS Huelva se tiene que conformar con el subcampeonato.
El CDS Huelva se tiene que conformar con el subcampeonato.
El CDS Huelva se tiene que conformar con el subcampeonato.
El CDS Huelva se tiene que conformar con el subcampeonato.

S. D. No tuvo suerte el CD Sordos Huelva, aparte que la estrategia del equipo italiano esta vez la salió redonda. Todo sumó en la final de la IV Deaf Championes League de fútbol sala que se ha disputado en Sevilla para que el cuadro de Huelva cayera ante el GSS Torino (3-4) y no pudiera revalidar un título que había logrado en las tres ediciones anteriores.

Ante un equipo como el CD Sordos Huelva los rivales suelen extremar precauciones, se meten atrás, defienden mucho y todo lo dejan en manos de esa buena defensa y alguna contra. Si eso estaba previsto en la pizarra del GSS Torino, que seguro que sí, hay que felicitarles pues se ajustaron al máximo al guión, y con un Orazio estelar, le hizo el roto al equipo de Huelva, siempre a remolque en el marcador y nunca cómodo sobre la cancha.

La final más táctica posible se debía resolver por pequeños detalles. La mayoría cayeron del lado italiano. Primero su indudable fortaleza defensiva; segundo el escaso acierto de los de Huelva para traducir en ocasiones y goles su mayor posesión de la pelota; y tercero, el infortunio que supone recibir un gol casi de rebote, y ver como en los estertores del choque, en el último arreón, una pelota se iba al palo y otra no era rematada por el delantero con todo a su favor. Es deporte, claro.

Ya en la primera parte se vio que el GSS Torino era un hueso duro de roer. Atrincherado atrás, basó su juego en las salidas rápidas tras pérdidas. Y contó con el oficio de Orazio para ponerse por delante, si bien Dani Alcaraz, antes del intervalo, minimizó daños con el empate.



La segunda parte no tuvo un guión diferente. Otra vez Orazio adelantó a los italianos, que vieron como Dave igualó y daba vida a los de Huelva. El problema es que las contras transalpinas fueron un peligro, con el añadido de esas dosis de fortuna con los rebotes, que colocaron el marcador en un ya inabordable 2-4.

Con portero-jugador el CD Sordos Huelva trató por todos los medios hacer el milagro. Dani Alcaraz redujo la desventaja, y se lanzó en busca de un imposible, que fue precisamente imposible por ese balón al palo, y ese error a puerta vacía, que hubieran llevado al empate.

No pudo ser, y el cuadro de Huelva, tres veces ganador de este torneo, se tiene que conformar con la segunda plaza, y eso sí, una lección bien aprendida para futuras ediciones.

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