Luces y sombras de los casinos

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Miguel Mojarro. Han pasado ya casi dos siglos desde que los casinos se asomaron a las historias locales, en los aledaños de los pueblos, para aposentarse poco a poco en las cercanías de iglesias y ayuntamientos, los dos grandes poderes de los lugares.

Dos siglos siendo lugares de ocio, centros de negocios (el “no ocio”), escenarios de cultura, lugar de encuentro y templos del bien beber.

Doscientos años acogiendo en su seno los mejores pecados de los hombres y las intenciones más sanas. Aunque algunos malintencionados lo hayan puesto en duda a veces, sobre todo cuando las madrugadas de los sábados veían pasar fortunas de unas manos a otras.

Pero en este tiempo (largo periodo), los casinos han sido ateneos, teatros y feria de tratos, allí donde no había otros recursos de socialización.

Empieza un año, 2017, en el que la incertidumbre asoma con fuerza en el horizonte casinero. Dos siglos sacando pecho (legítimamente), para desembocar en la incertidumbre de un próximo mañana preocupante.




No hace mucho, las páginas de HBN recogían nuestra propuesta sociológica sobre el “presente, pasado y futuro” de los casinos de Huelva. Hoy, en el umbral de un año recién parido, traemos el complemento de aquella serie: Luces y sombras de los casinos. Que también aquí, como en todo lo que el hombre ha creado, hay brillantes luces y opacas sombras que le quitan atractivo. Pero que no eliminan sus valores.

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Luces son la vigencia de su seducción para las relaciones humanas, la promesa de un espacio propio y personal, que satisface la necesidad de ser importante, el lugar en el que amigos y no amigos pueden compartir mesa y competición. Como ocurre en Cortegana.

Luces son también la apertura a propuestas culturales (que no de feria) que hacen que los socios se lleven el regusto de un tiempo bien empleado. Como sucede en Rociana.

Luces brillantes son las relaciones con otras localidades, que, con el pretexto de los casinos, se desarrollan alrededor de competiciones compartidas o actos complementarios. Como hace Beas.

Luces son el advenimiento de mujeres a los salones y a los cargos directivos, hasta ahora reservados a los hombres. Como luce Almonte.

Luces (atractivas y prometedoras) son convocatorias que llaman a rebato (“Dar la señal de alarma ante cualquier peligro”, dice la Real Academia), para que tradiciones sabrosas se exhiban como patrimonio “disfrutable”. Como hace Aroche.

Luces (poco valoradas), son la aportación que el casino hace (gratuitamente) a la difusión de la imagen de un pueblo, más allá de los límites comarcales. Como hace Jabugo.

Y más, muchas más luces, que deberían estar escritas en la conciencia de todos los que, de alguna manera, tengan algo que decir (o hacer) en favor de unas entidades que tanto han dado a la sociedad local, a socios y a no socios.

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Pero también hay sombras. Opacas e invasoras. Corrompidas y corruptoras. Enfermizas y contaminantes. Indeseables, pero inevitables.

Sombras son el tedio de una masa social que no se implica en la salvación de lo que heredó.

Sombras son la ignorancia de las instituciones, que no sacan provecho a la semilla de tantos frutos históricos.

Sombras son el olvido de entidades comerciales (y comercios), que no agradecen el beneficio continuado que el casino les ha aportado. Pueblos hay que han visto disminuir su prestigio con la desaparición de su casino y el consiguiente efecto negativo en la economía local.

Sombras son las intenciones de algunos directivos (afortunadamente los menos), que no pierden el sueño con los problemas del casino, sino que lo utilizan para solventar problemas propios. No es bueno que se busque una cuota de poder en la directiva de un casino. No es bueno que se utilice una poltrona como recurso de personales intereses.

Sombras son la pérdida de atractivo de los casinos para los que no son socios, en una sociedad que tiene otros intereses para el asueto. Menos gratificantes, pero que deslumbran ….

Luces y sombras de los casinos, en el comienzo de un año en el que tal vez tengan que enfrentarse a situaciones no deseadas … pero previsibles, si es que queremos mirar de frente a la realidad.

La alternativa es sencilla: o salimos en defensa de algo que no existe por méritos nuestros, sino que hemos heredado, o uno de los patrimonios sociales más valiosos que tienen nuestros pueblos desaparecerá.

Como Niebla, Galaroza, Isla Cristina, El Perrunal, … La Zarza, Los “Topos” de Bonares, que son joyas de nuestro Patrimonio que dijeron adiós, ante la indiferencia de quienes pudieron evitarlo.

Feliz año a todos los lectores, sobre todo a los socios que lucharon y los directivos que se pusieron en cabeza.

Feliz año a todas las localidades que tienen el privilegio de tener un casino que salvar, un patrimonio que defender y una historia que lucir.

Feliz año a los que comparten estas ideas.

Feliz año a todos mis amigos de Almonte, Beas, Corrales, Trigueros, …
Y a los demás también.

Grupo Azoteas
www.azoteas.es
azoteas@azoteas.es

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