Cultos en honor a San Bartolomé en Beas, una tradición que hunde sus raíces en el siglo XIII

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San Bartolomé, patrón de Beas.
San Bartolomé, patrón de Beas.
Parroquia de San Bartolomé en Beas. / Foto: Ayuntamiento de Beas.
Parroquia de San Bartolomé en Beas. / Foto: Ayuntamiento de Beas.

Diego Lorenzo Becerril. Para cualquier beasino las fiestas en honor de San Bartolomé, titular de la única parroquia existente en nuestra población y patrona del pueblo, la Feria que vivimos a finales de agosto coincidiendo con estas fiestas y las Capeas que tienen lugar durante estos días, son tres expresiones que las percibimos netamente asociadas unas a otras, formando parte de una misma expresión cultural de nuestro pueblo. Difícilmente podemos imaginar que estas tres manifestaciones puedan aparecer desligadas unas de otras.

San Bartolomé, patrón de Beas.
San Bartolomé, patrón de Beas.

Pero, si retrocedemos en el tiempo observaremos que las tres no han estado siempre unidas y no han formado siempre un todo. Estas tres expresiones culturales que forman parte de la misma festividad fueron naciendo en momentos diferentes. Las más lejanas en el tiempo son, sin lugar a dudas, los cultos y procesión en honor de San Bartolomé, que pueden remontarse a la etapa de la conquista castellana de estas tierras, allá por el siglo XIII y que dio origen al nacimiento de la parroquia de San Bartolomé.

Esta expresión cultural fue la génesis de la actual fiesta, a la cual, con el paso del tiempo se le fueron uniendo los otros dos elementos que conforman su expresión actual: la Feria y las Capeas.

De estos otros dos el que vino a unirse más prontamente a la fiesta fue la Feria, que lo hizo por concesión regia del monarca Carlos III, el cual concedió a nuestro pueblo el privilegio de poder celebrar una Feria anual coincidiendo con la celebración de las fiestas en honor de San Bartolomé, ello tuvo lugar en el siglo XVIII, en concreto a partir del año 1782. La feria era, en su origen un mercado agrícola y ganadero, un fenómeno comercial, a la vez que lúdico, que se celebraba durante dos días, el 25 y 26 de agosto, es decir, los posteriores a la celebración del ritual religioso de la fiestas, los cultos y procesión de San Bartolomé, que culminaban el día 24 con la procesión del Santo Patrón. Tras la vertiente religiosa, por tanto, comenzaba la eminentemente lúdica. En ella se hallaban objetos y animales, a la vez que gente del lugar y forasteros. A ella podía acudir gente por negocio, para vender, comprar e intercambiar.

De las Capeas beasinas se tienen noticias documentadas desde 1835.
De las Capeas beasinas se tienen noticias documentadas desde 1835.

El lugar elegido precisaba de agua y espacio amplio, por ello se eligió un arrabal, un lugar fuera de la población y a la vez cercano a la misma. Su primera ubicación fue la Vereda de Portugal, el eje formado por la actual calle Colón. Allí se celebró en origen esta feria ganadera y agrícola, en la que se intercambiaban paños, lienzos, sedas, indianillas, carnes y pescados frescos y salados, amén de aperos de labranzas, útiles agrícolas y ganados. que, sin lugar a dudas también tenía su vertiente lúdica y de ocio-la única que ha pervivido hasta nuestros días-. De aquella primitiva feria desapareció su raíz comercial, transformándose en un simple acontecimiento festivo.

El último de los elementos que hizo aparición en la fiesta fue el de las Capeas, de las cuales se tienen noticias documentadas desde 1835, es decir el primer tercio del siglo XIX, es decir, celebraremos su 181 aniversario. El primer documento que se conoce sobre la celebración de las capeas son unas cartas pribadas del mes de julio de 1835, que anuncian la celebración de corridas de toros para ese año coincidiendo con la festividad de San Bartolomé.

El Santo procesiona por las calles del pueblo cada 24 de agosto, festividad de San Bartolomé.
El Santo procesiona por las calles del pueblo cada 24 de agosto, festividad de San Bartolomé.

Las Capeas son unas fiestas taurinas abiertas al pueblo, sin profesionales, quizás sea la expresión más pura de las fiestas de los toros que se caracterizan por la ausencia de maltrato a los animales. En la provincia de Huelva es una expresión muy característica en el eje formado por San Juan del Puerto, Trigueros y nuestro pueblo, Beas, que han sabido mantener vivo la tradición de las mismas.



Los encierros populares o capeas más antiguos que se conocen en España datan del siglo XV, en concreto de la provincia de Segovia, en Cuéllar. No sabemos si en nuestro pueblo se dieron encierros en fecha anteriores a 1835, lo que si es cierto y se puede afirmar es que su desarrollo a partir de estas fechas es de clara influencia sevillana. Desde el siglo XVIII el toreo moderno, como hoy lo conocemos, que nace en Sevilla y Ronda, va a ir extendiéndose y a nuestro pueblo llegó, posiblemente por influencia sevillana, la ejercida por algunos vecinos de la alta burguesía local que tenían vínculos comerciales con la capital sevillana y decidieron instaurarlos en nuestro pueblo como un modo de diversión. Ellos que poseían ganaderías y caballos van a ser en origen los grandes partícipes de la fiesta, conduciendo los toros a caballo desde los campos y construyendo los primeros andamios en la plaza para el disfrute de sus familias, si bien pronto la fiesta va a calar en las clases populares que participaran abiertamente de ellas, si bien en espacios menos cómodos, como los bajos de los andamios, espacialmente el de las populares carretas y las empalizadas construidas bajo aquellos.

De ahí hasta hoy la fiesta ha ido evolucionando, hasta el punto de que las capeas –en ausencia de la feria agrícola y ganadera que fue decayendo con la mecanización del campo- se ha convertido en el principal exponente de la fiesta, de modo que en muchas ocasiones el anuncio oficial de la fiesta en la cartelería editada al respecto ha hecho que la palabra CAPEAS primer sobre la de FERIA o FIESTAS DE SAN BARTOLOMÉ.

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