Firmeza de la terna en la cuarta de las Colombinas

0
92
Julián López “El Juli”, durante su faena en la Merced.
Julián López “El Juli”, durante su faena en la Merced.
Julián López “El Juli”, durante su faena en la Merced. / Foto: Arizmendi.
Julián López “El Juli”, durante su faena en la Merced. / Foto: Arizmendi.

Carlos Arroyo. Plaza de Toros de la Merced, cuarta de abono de las Fiestas Colombinas, se lidiaron cinco toros de Santiago Domecq, justos de presentación, faltos de fuerza y casta, sin movilidad ni emoción, y uno lidiado como sobrero de Victoriano del Río, manso y noble, tuvo movilidad, para los diestros, Julián López “El Juli”, de verde botella y oro, pinchazo hondo, metisaca en los bajos, casi entera y descabello, ovación tras aviso; media estocada, ovación. Miguel Ángel Perera, de verde hoja y oro, dos pinchazos, pinchazo hondo y estocada desprendida, ovación tras aviso; dos pinchazos y estocada casi entera, ovación. Andrés Roca Rey, de lila y oro, cuatro pinchazos y estocada caída, ovación tras aviso; media estocada y tres descabellos, ovación tras aviso.

El diestro Miguel Ángel Perera.  /Foto: Arizmendi.
El diestro Miguel Ángel Perera. /Foto: Arizmendi.

Pobre resultado artístico el resultado de la tarde en el cuarto festejo de las Fiestas Colombinas. En la única tarde sin actuación onubense, no faltó la predisposición de las gradas a divertirse ante una terna de toreros que tienen argumentos más que de sobra para agradar al público, pero la tarde se fue yendo por el sumidero del aburrimiento y la vulgaridad. Principalmente fue por la descastada y pobre corrida de Santiago Domecq. El encierro lidiado en Huelva fue monótono, unos toros sin argumentos ni fuerzas y una terna que lo intentó. También es cierto que, si las espadas hubieran viajado certeras en la primera parte de la corrida, se hubiera cortado algún trofeo, pero sólo serviría para enmascarar la mala corrida de Santiago Domecq.



Andrés Roca Rey, lidiando un toro de Santiago Domecq.  /Foto: Arizmendi.
Andrés Roca Rey, lidiando un toro de Santiago Domecq. /Foto: Arizmendi.

El primer toro de la tarde fue un sobrero de Victoriano del Río tras la devolución del primer toro de Santiago Domecq, devuelto por su falta de fuerzas, aunque fue protestado de salida por su presentación. Este toro de Victoriano del Río fue una continuación de los seis de este mismo hierro que pudimos ver en la tarde anterior. Manso, manejable y noble, tenía un buen pitón derecho que Juli lo aprovechó para realizar el toreo más profundo de la tarde. Por el izquierdo no se acoplaron toro y torero. El epílogo del torero madrileño por manoletinas antes de su fallo a espadas. No es para nada habitual que a Julián se le vayan los triunfos por la espada. Su segundo oponente, cuarto de la tarde, fue un toro sin vida ni casta ni nada. Todo lo contrario a lo que tiene que ser un toro bravo. Juli lo intentó ante las defensivas embestidas del animal, hasta que se paró y el mismo público le pidió, casi le rogó, que acabara con él.

El segundo de la tarde fue un toro algo más encastado en el último tercio. También con embestidas defensivas, suelta la cara y repone, y Perera aguanta firme. Una vez sometido, practica su tauromaquia de cercanías, atornilla los pies en la arena y se pasa el toro por ambos pitones. Faena que hubiera tenido premio si no es por el mal uso de la espada. Antes, en el tercio de banderillas se desmonteran Curro Javier y Adolfo Barbero. Todo queda en una ovación. El quinto de la tarde, es manso de solemnidad y la lidia de muleta se resume en las huidas constantes del animal. Sólo una serie por el pitón derecho tiene ligazón. También Javier Ambel se ha desmonterado tras parear a este toro.



Sorprende la firmeza y el valor de Roca Rey en su presentación como matador de toros en Huelva. Aunque le faltó toro en sus dos oponentes, se vio mucha de las virtudes que le están haciendo encaramarse a los puestos de privilegio del escalafón de matadores. Su primer toro está muy mermado de facultades, y es protestado por su falta de fuerzas. Roca lo templa, la mejor medicina, y el toro se va afianzando en la arena, con algo más de recorrido en el toreo al natural. Va acortando las distancias el peruano, y en el epílogo de su faena se mete entre los pitones del toro, con riesgo y exposición. La última seria templando y mandando de rodillas levanta el clamor en los tendidos. El mal uso de la espada deja sin premio una buena faena.

El último toro ya es demasiado para el respetable, aburrido y cansado de la falta de vida de la corrida. Además el jabonero no tiene ninguna emoción. Embiste sin celo. Roca hace el esfuerzo por intentar agradar, y se deja llegar el toro a los muslos sin inmutarse, pero ni así consigue despertar al público de su letargo, entre hastiado y enfadado por el mal juego de los toros de Santiago Domecq. Tampoco la espada viaja certera, por lo que todo queda en una ovación y con la invitación para que en el año que viene podamos ver en su extensión el toreo de Roca Rey en Huelva.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here