Darío Cañas y ‘Calerito’, la mejor nota de la clase práctica en la segunda tarde de las Fiestas Colombinas

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Foto: Arizmendi
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Carlos Arroyo. Plaza de Toros de la Merced, con media entrada en los tendidos, se lidiaron erales en clase práctica de La Rosaleda, 1º; José Luis Pereda 2º y 7º; y Cochicho, 3º, 4º, 5º, 6º y 8º, por los alumnos:
Rodrigo Molina, oreja
Juan Carlos Berrocal, oreja
Darío Cañas, dos orejas
“Calerito”, dos orejas
Jesús Cuesta, oreja
Sergio Gonçalves, ovación
“Peti Chico”, silencio tras tres avisos
Ismael Jiménez Rojas, silencio.

Foto: Arizmendi
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Interesante tarde en la segunda de la Fiestas Colombinas, donde el público asistente se divirtió con las buenas maneras y la ilusión de los nuevos valores de la tauromaquia. El único borrón fue la actuación del novillero onubense “Peti Chico” en el uso de la espada, ya que no pudo acabar con su eral, escuchando los tres avisos. Los novillos de José Luis Pereda y La Rosaleda, del mismo propietario, fueron en general nobles, siendo los de Cochicho algo más complicados en líneas generales, que, junto a la bisoñez de los actuantes, resultó algo deslucido en algunos pasajes del festejo.

Muy buenas maneras Rodrigo Molina en el primer novillo de la tarde. Se acopló con las nobles y entregadas embestidas del eral de La Rosaleda y cuajó una faena preciosista y templada que fue premiada con la oreja. También estuvo entonado Juan Carlos Berrocal en el segundo eral de José Luis Pereda, con menos fuerza y noble, que había que pulsearlo y tratarlo con suavidad. Hubo algunos muletazos de buen trazo cuando consiguió conducir las embestidas.



Foto: Arizmendi
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Darío Cañas suplió su bisoñez con entrega, estuvo en novillero, haciendo las delicias del respetable por sus ganas más que por su acierto en el manejo de los trastos. Le correspondió en suerte un novillo más complicado, con teclas que tocar, y se pudo sobreponer realizar casi todo su repertorio, con circulares en el epílogo de la faena. Cortó las dos orejas.

“Calerito” mostró que está bastante más toreado y que tiene más oficio que sus compañeros de cartel. Hizo una faena aseada, con seguridad ante el mejor eral de Cochicho, templando al eral en gran parte de la faena. Tras buena estocada, cortó las dos orejas.

Foto: Arizmendi
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Más complicado fue el quinto eral que le correspondió en suerte a Jesús Cuesta, ya que llegó a la muleta bronco y sin clase. Porfió el novillero, y entre volteretas, consiguió una faena de exposición, con más ganas que brillantez motivada por las condiciones del novillo. Algo parecido le ocurrió al novillero Sergio Gonçalves en el sexto eral de la tarde, también de Cochicho. Llegó a la muleta reservón y muy parado, sin recorrido, y peleó el novillero en faena voluntariosa. Antes colocó banderillas con buenas maneras. Se ovacionó su actuación.

El único actuante onubense de la tarde “Peti Chico” se vio algo superado, sobre todo en la suerte suprema. Antes había cuajado una faena en la que hubo muletazos sueltos ante el mejor novillo de la tarde, noble y entregado. La espada fue un calvario, ya que no pudo acabar con el novillo y escuchó los tres avisos, siendo devuelto a los corrales.

Todo este pasaje enfrío mucho al público, que unido a la larga duración del festejo, se había superado las tres horas de duración, hicieron que Ismael Jiménez Rojas pasara desapercibido en el último novillo. Tampoco el novillo ayudó en nada a la atención del respetable, ya que no tuvo recorrido ni prontitud en los cites.

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