Los precios de los frutos rojos

Para la mejor defensa del precio es esencial la concentración de cooperativas que unidas pongan sobre la mesa el precio al que quieren vender sus productos.

Los frutos rojos, productos onubenses por excelencia.
Los frutos rojos, productos onubenses por excelencia.

Juan B. Fdez. Sánchez. Los días 22 y 23 del pasado mes de junio se celebró en la Casa Colon el “Segundo congreso de frutos rojos”, organizado por Freshuelva, y que mostró la actividad de las berries en nuestra provincia. Utilizo el término frutos rojos, aunque ni las moras ni los arándanos son de ese color. Puedo llegar a aceptar el término inglés berries, ya que es utilizado en el comercio internacional, pero en muchas ocasiones utilizamos anglicismos para referirnos a algo que no sabemos nombrar en castellano, esto a algunos parece que les reviste de un halo cultural o erudición, siendo a veces hasta chocante. El castellano es riquísimo para dar nombre a las cosas, así podríamos llamarlos frutas del bosque – aunque no se críen allí, salvo los de una finca de Lucena del Puerto con esa denominación-, o con mayor acierto simplemente bayas. En fin, esto es un asunto del que ya hablaremos en otro momento, ahora hablaré de frutos rojos o berries, y en concreto, de su valor en los mercados comerciales.

No hay duda de que este sector económico es de vital importancia en muchos municipios. La Costa y el Condado poseen el mayor número de hectáreas de estos cultivos, muchas de ellas de carácter familiar y que en época de campaña generan gran cantidad de empleos, siendo un revulsivo para las poblaciones en las que se asientan estas plantaciones.

Este congreso ofreció diferentes conferencias sobre el mundo de las berries: su consumo, nuevos mercados, innovación, etc., sin embargo no he oído a nadie hablar en este, ni en ningún otro foro, de los precios a los que se venden los frutos rojos, o mejor dicho, los precios a los que los operadores europeos o las grandes cadenas nos compran el fruto de nuestro esfuerzo.




Las berries son ofertadas en mercados exteriores como Francia, Alemania, Países Bajos; y se pagan en función de los mercados de destino, las cooperativas también negocian el precio de la fruta con grandes cadenas comerciales, obviamente el status negociador individual de una cooperativa ante una gran cadena está en desventaja, su poder de negociación es muy limitado.

Según Heródoto, en el siglo VII a.C. tras una gran tempestad, un mercader griego llegó a nuestras costas onubenses, se llamaba Colaio de Samos, y probablemente haciendo trueque con abalorios, consiguió de los indígenas tartesios, un cargamento de plata y metales que generó uno de los mayores beneficios comerciales de su tiempo; ya en la antigüedad nos compraban los productos al precio que nos querían pagar.

Muchos siglos después, ya en el XIX, y debido la plaga de la filoxera en Francia, el Condado experimentó un gran desarrollo vitivinícola que hizo florecer la economía de la comarca, incrementándose extraordinariamente el cultivo de la vid, quintuplicándose la extensión del viñedo en pocos años, nuestros caldos iban a la producción de los vinos espumosos franceses; así continuó la tónica hasta la recuperación de los viñedos galos; esta demanda fue suplida en parte por la escasez durante la I Guerra Mundial y posteriormente por la demanda de Jerez para la elaboración de vinos finos para la exportación, sobre todo a Inglaterra, este comercio continuo hasta la crisis vinícola de mediados del S. XX. En estos casos fuimos proveedores de materia prima para la elaboración de vinos de otras zonas; y los productores del Condado, en todos los casos, esperaban que llegara cada año el corredor de vinos que intermediaba con los compradores de Francia o de Jerez para que se llevara la cosecha del año, y así cobrar el precio que le quisieran pagar, así nuestro vinos nunca tuvieron nombre ni fama, salvo por algunas bodegas que empezaron a embotellar en La palma o Bollullos.

Dicen que debemos conocer nuestra historia para que no vuelva a repetirse, históricamente nos hemos sentado esperando que vengan a comprarnos nuestros productos y pongan precio a nuestro trabajo, afortunadamente en la actualidad las circunstancias no son las mismas, pero deberíamos fortalecer nuestra situación como productores en la negociación de venta.

En Huelva, nuestros frutos rojos son un producto de referencia y calidad en el mercado europeo, gracias al esfuerzo de los productores y de las cooperativas; y que sería conveniente para todos la creación de un mercado en origen al que acudan los compradores, de igual forma que se crearon en su día las lonjas de precios de aceite en Jaén o de cítricos en Valencia, con cotizaciones que marcan los precios en origen de estos productos.

La creación de una gran central de ventas de frutos rojos, podría concentrar la oferta, hacer frente a los bajos precios del mercado, comercializar los productos frente a las grandes compañías agroalimentarias; además supondría mejorar la posición en la negociación que evite la caída de los precios, evitaría la oferta atomizada, ya que las cooperativas venden cada una su producto por su cuenta lo que crea competencia entre estas, dificultando obtener mejores precios.

Para la mejor defensa del precio es esencial la concentración de cooperativas que unidas pongan sobre la mesa el precio al que quieren vender sus productos obteniendo el poder de negociación de los agricultores, además, la concentración de la oferta mejoraría la posición de negociación para evitar la caída de los precios, evitaría la atomización de precios, la competencia entre cooperativas, utilizar estrategias como no acudir a la demanda en los momentos de caídas de precios.

Pero este impulso debe surgir del seno de las cooperativas, concienciándose de que unidas y convencidas de la necesidad de que este instrumento, mejoraría notablemente la situación de los productores frente a los grandes compradores.








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