Honor merecido

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Juan Gil Zamora fue el creador de la entidad.
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Juan Gil Zamora fue el creador de la entidad.
Juan Gil Zamora fue el creador de la entidad.

Antonio José Martínez Navarro. Cada año a finales de enero el Ayuntamiento de Huelva celebra la entrega de medallas y galardones a los onubenses que pasan por nuestras calles como figuras mágicas con sus cántaros que están siempre llenos de la próvida fuente de sus deseos de que su Ciudad mejore. Esta entrega es un acto más del programa que se desarrolla en Huelva en honor del Santo Patrono, modo noble y cristiano de rendirle pleitesía al Centurión de Narbona.

En esta ocasión y entre los merecidos ciudadanos que van a ser honrados, merece ser destacado un hombre, todo humildad, que trabajó en los años sesenta en los duros bancos mineros de Alemania y, salvando los fríos existentes y el idioma extraño del bello país teutón, sus constantes empeños lo llevaron a ser preclaro caballero de linaje español que veló por el bienestar de muchos trabajadores, supo donarles la Casa de España y que surgiera una nueva flor del Rocío con la Hermandad de Emigrantes. Vocablos y sentimientos, Patria y fe… Nuestra Señora del Rocío, que a partir de 1963 se proyectaba sobre el futuro y convertía la desdicha de muchos en esperanza. Nos referimos a Juan Gil Zamora.

Una vez en Huelva, encauzó la Hermandad que, desde 1970, parte de Huelva para Almonte con muchas lágrimas en los ojos de sus hermanos y mucho entusiasmo en sus corazones… En 1969 Juan fundó la Sociedad Protectora de Animales y, con el transcurrir de los años, este hombre que fuera remoqueteado como “Juanito Laraña” (fue, en los años cincuenta, el hombre de confianza del Padre Laraña que bajo una palabra que contenía un anhelo fortísimo como era ¡Adelante…! tanta hambre quitó en aquella Huelva de privaciones), donó dos monumentos a su ciudad natal (Monumento a San Francisco de Asís y la Cruz de la Alegría) pero ¡detente pluma…! Que son tantos los hechos en pro de Huelva que haríamos interminable esta relación.

El día 20 de enero festejó el mundo cristiano la recordación de San Sebastián, cuya imagen se alza en su iglesia sobre inmensas cimas de preces, dichas sin tregua por miles y miles de fieles onubenses. San Sebastián es eterno y es de actualidad en estas fechas. Y tres días más tarde, en la Casa Colón, personalidades a las que él no conoce sino tal vez de nombre serán sus compañeros en ese día triunfal para el onubensismo. Y sobre el palacete que fuera Hotel en el siglo decimonónico flotará siempre su sombra augusta. Grato es que los hijos vivan junto a sus padres y que sean dichosos. Y si vive sacrificado por su patria chica, por la dignidad onubense, eso es grande, eso es eterno.

¡Enhorabuena, Juan, por la Medalla de Huelva!

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