Quererse a uno mismo

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pexels-photoSon muchas las veces en las que se escucha a alguien decir algo como «Lo quiero más que a mí misma»… «Lo haría antes por ella que por mí»…

A pesar de que sintamos que queremos más a otros que a nosotros mismos, nada más lejos de la realidad, ¡no es posible!

Algo fundamental para amar a otros es amarnos a nosotros mismos, de lo contrario el «amor» que damos no es verdadero… No podemos compartir algo que no tenemos; necesitamos cultivar nuestro amor antes de poder compartirlo.

Solemos relacionarnos con los demás desde esta falta de amor a nosotros, esperando que, de alguna manera, los demás nos den lo que nosotros no sabemos darnos, esperando que los demás nos llenen un vacío…

«No hay amor suficiente capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma» (Irene Orce)

Cuando nos relacionamos desde otro punto, partiendo del amor propio, damos y ofrecemos lo que tenemos sin necesitar que nos den nada a cambio.

¿Qué supone amarnos?



Comprender y aceptar todas nuestras partes, «nuestras luces y nuestras sombras», ya que si no lo hacemos nos pasamos la vida proyectando fuera, en los demás, todos nuestros conflictos internos.
Existen muchas herramientas, como la terapia o la meditación, que nos ayudan a tomar consciencia de estos conflictos internos y a sanar las heridas que éstos nos han provocado.
En general, somos muy hábiles en huir del dolor, tanto que desde niños nos escondemos tras una máscara que elegimos para no sentirlo, para sentirnos queridos, respetados…
Con los años podemos llegar a identificarnos con ella y olvidarnos de que somos mucho más que eso, que detrás de esta máscara hay un ser precioso y con mucho más que ofrecer al mundo y a sí mismo.
El Eneagrama es una potente herramienta que puede ayudarnos a tomar consciencia de nuestra máscara y a trabajar para poder desprendernos de ella.

Asumir la responsabilidad de nuestro bienestar en lugar de dar por hecho que depende de factores externos.
Cuando nos hacemos responsables de nuestra vida, asumimos ciertos comportamientos como cuidar nuestro cuerpo, nuestra alimentación, equilibrar nuestra actividad y nuestro descanso, elegir lo que realmente queremos hacer, saber decir que «no»…
Sólo siendo responsables y coherente con nuestra vida podremos reforzar nuestra autoestima, y sólo así seremos conscientes de que somos los dueños de nuestro destino.

Ser responsable conlleva estar presente, estar aquí. Y estar verdaderamente presente, es estar consciente. A su vez, estar consciente es una condición incompatible con la ilusión de irresponsabilidad por medio de la cual evitamos vivir nuestras vidas” (Claudio Naranjo)

Evelyn Morales
Psicóloga del Centro Kambalaya

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