
Adolfo Morales. Cuándo te encuentras con Diego Lopa, no te deja mucho tiempo para perderlo en formalidades sociales, rápidamente entra en el escrutinio de la memoria, su vocación más genuina. Una magnifica memoria y sobre todo el cariño que pone por preservar esos lugares que cuelgan del corazón de muchos onubenses.

Más allá de debates provincianos, se sobrepone y sitúa por delante el interés social por el recuerdo, por dejar tras de si la huella de la Huelva que se pierde en el tiempo, y que si no fuera por gente como él, ya hace tiempo que esos rastros habrían desaparecido. No tiene más interés que devolver a la ciudad, tanto afecto como sintió recibir, y adjetivarlo de cronista es sin lugar a dudas, un gran honor, un título que pocos ostentan.

Maestro o empleado de banca, son circunstancias temporales, la radio, y más recientemente la televisión le devuelven a su medio natural, comunicar, y transportarse a los oyentes o espectadores, es lo que alimenta su espíritu. Programas de reconocido prestigio y calado social como LAS CARAS DE HUELVA o ÚLTIMO CAFÉ. Sin olvidar sus libros, destacando “Las caras ocultas de Huelva en la Segunda Guerra Mundial. Willian Martin, el hombre que nunca existió”, que sin duda supuso un antes y un después.
Hablar de Diego Lopa, es hablar de Huelva, de sus calles, de sus rincones, de sus personajes, en cierto modo hablar de nosotros mismos.


















