El Muelle de Río Tinto

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Ramón Llanes ha sido el impulsor de esta iniciativa.
El Muelle de la Compañía de Riotinto por José Bacedoni.
El Muelle de la Compañía de Riotinto por José Bacedoni.

Ramón Llanes. Sumando posiciones a los dos artículos anteriores sobre este emblema de nuestra ciudad, escritos por Ramón Fernández y Emilio Romero respectivamente, se me acerca la osadía para observarlo desde una óptica distinta de aquella que emplearon mis antecesores en la materia reseñada. Hablamos del Muelle de Río Tinto con idéntica palpitación y agrado, hablamos de él como figura grácil y poética que embellece la docilidad de nuestra ría onubense; Odiel en su configuración de empaque portuario, en su práctica ambientación de belleza, un paisaje existente y fiel a nuestras odas y a nuestros ojos, -!qué orgullo¡-, simbología de algo tan inmaterial como la emoción.

Imagen del Muelle de Río Tinto.
Imagen del Muelle de Río Tinto.

La tarde allí sabe deslumbrar los colores del agua y tiene un sabor parejo a lo onírico, similar a lo egregio y quizá a lo imposible; parecería utópico hacerlo de nuevo y colocarlo en el mismo lugar pero se hizo hace más de un siglo y permanece sin rasguños ni olvidos. Aparentemente es un ordenado amasijo de hierros, acertadamente es también un monumento a la historia industrial de Huelva y apasionadamente es una enseña plácida que permite oír los ruidos de los vagones que quedaron incrustados en el alma imperecedera de sus agarres. Se han formado amores y se han inventado besos en la linda platalea de sus maderas antiguas. Ya no vienen las máquinas a dejar el mineral para su embarcación a otros mundos pero queda aún sostenido su misterio de verdad y belleza. El Muelle es un esperador de los atardeceres de Huelva, un llamador a la brisa, al paseo sin tiempo y a la sostenibilidad de su rango. Es nuestro compañero de vida laboral y romántica.

Otra vista de la emblemática construcción.
Otra vista de la emblemática construcción.

No quede en el fondo de la ría un tornillo perdido que le pertenezca ni se vierta sobre él la sensación de indiferencia; no se olvide su nombre ni se difuminen en las memorias onubenses sus trazos negros, su curvatura, su grandeza y su importancia; dejemos que siga aquí y acaso rehagamos su parte rota, que siga soñando vida con nosotros, cantando goles, despidiendo crepúsculos, disfrutando Colombinas y ordenando carretas rocieras; dejemos este pedestal con la atención que el cariño dedica a sus cosas. Por Huelva, por nosotros.

 

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