¡Otra vez será!

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Benito A. de la Morena. Paseaba por las calles de mi cuidad cabizbajo, pensativo, sumido en un mar de dudas, de esas dudas que sólo aparecen cuando quieres pensar, cuando pones tu mente a disposición de la inteligencia, vamos, cuando dejas de vivir en el pasotismo y pretendes ser racional y humano, ambas cosas a la vez, no sólo una, las dos si es posible, para así conseguir, al menos, realizarte en una de ellas. Y es que cada vez me resulta más difícil adquirir la concentración necesaria, el estímulo preciso y la convicción que requiere la meditación por y para los temas importantes de la vida.

Pensaba yo que la solidaridad es una de las premisas fundamentales de la convivencia humana, y lo defiende tanto el cristianismo, como el marxismo y sus variantes, siendo practicado intensamente por las bases sociales de estos grupos emblemáticos que representan la esencia “mística” del mayor porcentaje de seres que habitan el planeta. Claro está, que cuando nos referimos al compromiso que obliga el aceptar estas doctrinas, ese porcentaje de adictos y seguidores disminuye radicalmente quedando en la mínima expresión, y es que obligar al cuerpo y a la mente a comportarse conforme a la norma es algo que atenta a la “libertad” personal que parece ser que disponemos, es decir, aquella que permite que yo haga lo que quiera, cuando quiera y donde quiera.



Los chinos laicistas imponen su norma con la virulencia precisa para defender la esencia de su doctrina, y no podemos llamarla dictadura por razones de mercado, pues el mundo occidental aún tiene que vender coches y electrodomésticos a sus 1.300 millones de futuros clientes.

Norteamérica recibe el pago de la insolente invasión que viene practicando desde hace décadas por todo el orbe, para asegurar su primacía económica, apoyándose en su poder armamentístico y atribuyéndose un papel de policía “mundial” que está propiciando el odio de las jóvenes generaciones de los países que han sufrido y sufren los azotes dimanados de sus dirigentes mesiánicos.



La “Gran” Rusia se descompuso en múltiples satélites, esos que nunca tuvo realmente porque no supieron alimentarlos y sí conminarlos con el terror de los soviets nacidos de su revolución, allá por el año 1905, que solo supieron llevar muerte y miseria a un pueblo que ya conocía el hambre que daba el poder de los Zares, y de rebote, Europa, la “vencedora” del marxismo, ha vivido su reciente historia en una débil burbuja en el que el capital ha sido el principal referendo.

Europa vive su particular revolución al margen del espíritu como consecuencia del impacto negativo que las religiones han causado en el último milenio. Confundida busca sus valores y no los encuentra. Sus líderes no le ofrecen oro, incienso y mirra, sólo fútbol y canciones para alimentar el ocio de la incultura, y el pueblo sensato calla y desconfía, porque sólo busca el pan que se obtiene del trabajo de cada día. Y cuando abre los ojos comprueba que lo poco que le queda tiene que compartirlo con los millones de “hermanos” africanos y del medio oriente que acuden por millones a la “tierra prometida” buscando calmar su hambre.



Difícil dualidad en un pueblo al que sus dirigentes no han querido enseñar a meditar, pues así es más fácil dirigir al buen “rebaño”. Un pueblo que empieza a comprender que el libertinaje no es libertad, que los falsos profetas potencian tu desconocimiento para así anular tu voluntad y someterte a la sumisión. Un pueblo que sabe lo que es el inconformismo que lleva a la rebelión, al fin y al cabo, un pueblo de seres humanos que también tiene hambre y sed de justicia.

Y cuando doblo la esquina y el frío de la marisma azota mi cara, vuelve mi mente hacia las crudas palabras que tristemente me reconfortan. ¡Otra vez será!