Juan Domínguez, el electrónico onubense que hizo hablar a los sordomudos

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Juan también ha inventado un tornillo cuya rosca sale sola.
Juan también ha inventado un tornillo cuya rosca sale sola.
El ingeniero onubense Juan Domínguez en la sede de Huelva Buenas Noticias.
El ingeniero onubense Juan Domínguez en la sede de Huelva Buenas Noticias.

Ana Rodríguez. Encontrar una necesidad e idear una solución que la cubra es un trabajo que requiere de mucha observación, ingenio y habilidad. En nuestra tierra hay muchas personas con talento, capaces de los mayores logros, pero a pocas puede aplicarse, en su más puro significado, el sustantivo de inventor. Juan Domínguez es una de ellas, un onubense que a sus 68 años sigue tan despierto e ilusionado como el primer día, inmerso en sus constantes creaciones que, en la mayoría de ocasiones, acaban viendo la luz.

Imagen del audioeducador, el aparato inventado por Domínguez para combatir la sordera.
Imagen del audioeducador, el aparato inventado por Domínguez para combatir la sordera.

Domínguez estudió electrónica en la Politécnica y se ha dedicado toda su vida al diseño y creación de aparatos de lo más variado, desde máquinas tragaperras a objetos de magia, pasando por su gran invento, el audioeducador, un aparato que enseñaba a hablar a los sordomudos.



El onubense comenzó su trayectoria profesional en el servicio técnico de los televisores Vanguard y luego se preparó para ocupar el puesto de instrumentista de planta química, entrando a formar parte de la plantilla de Titania, actual Tioxide. Pero nunca llegó a acostumbrarse a los turnos, sobre todo al de noche, y por ello, tras año y medio en la factoría, volvió a cambiar de empleo, convirtiéndose en instrumentista en Huelva de una empresa madrileña.

El desaparecido diario 'La voz de Huelva' se hizo eco del invento del onubense en 1996.
El desaparecido diario ‘La voz de Huelva’ se hizo eco del invento del onubense en 1996.

Por aquel entonces, Domínguez tenía cierto tiempo libre, pues sólo le llamaban cuando había algo concreto que realizar, y por ello montó de forma paralela su propio taller de diseño y reparaciones. Fue entonces cuando conoció al empresario Ernesto Villalobos, quien tenía un negocio dedicado a las máquinas tragaperras. “Poseía una fábrica en Sevilla y me contrató para que le diseñara más máquinas. Al principio me pagaba directamente por mis servicios, pero luego le pedí que me concediera la explotación de algunos de aquellos aparatos, y a ello me he dedicado estos últimos 15-20 años”, explica el onubense.



Pero además de fomentar su faceta empresarial –también llegó a ser constructor-, Juan siempre ha cultivado su lado más creativo en el plano de la electrónica, habiendo dejado para la posteridad dos inventos. El primero fue toda una revolución en 1996, año en el que el onubense se presentó en el 24 Salón Internacional de las Invenciones de Ginebra, llevándose la medalla de oro, máximo galardón del certamen, con su audioeducador.

En una actuación como mago en Alemania.
En una actuación como mago en Alemania.

Se trataba de un aparato electrónico, patentado por Domínguez, para ayudar a los profesionales en el tratamiento y rehabilitación de los distintos grados de hipoacusia, sorderas profundas y otros problemas de audición y lenguaje.



El audioeducador, que competía en Ginebra con casi un millar de invenciones de todo el mundo, nació a raíz de una observación del ingeniero onubense cuando lo enviaron a un centro escolar a hacer una reparación. “Me di cuenta de que algunos niños tenían un problema de sordera y decidí buscar una solución. Tardé ocho años en lograr este invento. Primero fabricaba los aparatos a mano, modelos anteriores al definitivo, y luego el diseño más innovador empecé a hacerlo en serie y fue el que presenté en el Salón de Ginebra”, destaca Juan.

El audioeducador trataba la deficiencia auditiva de sordomudos, que empezaban a hablar gracias a este invento. En concreto, el aparato hacía una audiometría de la persona en cuestión y detectaba en qué frecuencia del espectro quedaba un resto auditivo, atenuando éste y amplificando los demás para que el paciente lograra una recepción lineal del sonido.

Juan también ha inventado un tornillo cuya rosca sale sola.
Juan también ha inventado un tornillo cuya rosca sale sola.

El invento de Domínguez se comercializó durante unos ocho años, tanto por Andalucía como por otros puntos de la geografía española y europea, llegando, por ejemplo, a haber uno en cada centro escolar de Canarias.

Además del audioeducador, el electrónico patentó a principios de los 90 otro aparato al que bautizó como cinilo, una especie de interruptor inalámbrico destinado a ahorrar electricidad en las viviendas. Sin embargo, una empresa del País Vasco le compró el invento para “guardarlo en un cajón”, reconoce Juan.

Haciendo un número con cartas.
Haciendo un número con cartas.

Un mago de toda la vida. Por otro lado, a Domínguez siempre le ha gustado mucho aquello que estudió, electrónica, pero también, y desde bien pequeño, ha sentido pasión por la magia. “Con seis o siete años mi madre me llevó a las Colombinas y allí vi un espectáculo que me marcó. Era un juego de manos… y le vi el truco. Desde entonces nació en mí la inquietud de la magia”, recuerda el onubense.

Aunque nunca ha querido dedicarse profesionalmente al espectáculo por el tipo de vida ajetreada que ello implicaba, Juan lleva 60 años siendo mago aficionado, actuando en fiestas para amigos y familiares y haciendo algunos pinitos de joven en el extranjero. Y es que cuando cumplió 18 años el onubense no sabía qué hacer y se marchó dos años a Alemania, donde por entonces vivía su hermano, y allí actuó en teatros de Bocholt y Münster. En el país germano aprendió alemán y estuvo además trabajando para la empresa de telefonía Standart Electric.

Su nombre artístico y con el que comercializa sus productos en Internet es Joan - Kartoma.
Su nombre artístico y con el que comercializa sus productos en Internet es Joan – Kartoma.

De adolescente, Domínguez conoció a un mago de Isla Cristina, Esteban Landero, cuyo nombre artístico era El profesor Landil. Se hizo amigo suyo y le copiaba los números, haciéndolos él en otros ámbitos, como colegios o galas benéficas, en lugares como el salón parroquial Virgen de los Dolores.

Cuando tuvo cierta edad, en torno a 1995, Juan creó, junto a un amigo ventrílocuo, el Club de Magos Onubenses, que llegó a contar con una veintena de miembros y que adquirió cierto renombre entre revistas de tiendas de magia de la época. El grupo duró un par de años y tenía su sede en la calle Puebla de Guzmán de Huelva capital.

Juan también crea juegos de magia por encargo.
Juan también crea juegos de magia por encargo.

Finalmente, en los últimos siete años, el onubense comenzó a darle vueltas a la cabeza y a ingeniar, igual que ya lo hiciera antes en otros ámbitos, nuevos trucos de magia que luego ponía a disposición del gran público. Así surgió el tornillo con tuerca que se desenrosca sola, la baraja en la que la carta escogida por el público sale despedida cuando se vuelve a colocar en el mazo o los dados mágicos, que aunque se agiten en cubiletes distintos siempre obtienen resultados parejos.

Todos estos trucos, Domínguez los comercializa por Internet, tanto a través de la tienda madrileña ‘Magos artesanos’ como por ebay, bajo el nombre de Joan-Kartoma, el nombre artístico que le pusieron sus amigos hace ya muchos años. Asimismo, el ingeniero reconoce que hay profesionales del ilusionismo que le hacen encargos especiales: “ellos me explican qué se les ha ocurrido y me piden que yo les diseñe y construya el objeto para sus espectáculos”.

Así pues, Juan es un auténtico inventor que, a pesar de ir cumpliendo años, no tiene intención alguna de jubilar su creatividad, manteniendo su mente tan inquieta como el primer día y creando objetos que son pura ‘magia’.

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