La oculta corrupción privada

La confianza, que es la base de la Seguridad Jurídica y del Estado de Derecho, pasa a ser cuestión menor y ni siquiera se ve mermada cuando la corrupción proviene de "los nuestros" y se prefiere pensar que, además, compensa la de "los otros".

“Cuánta corrupción hay en el mundo”.
“La corrupción es sucia y la sociedad corrupta apesta”.
Papa Francisco.

Francisco Ábalos. Desafortunadamente, desde hace ya por lo menos un lustro, entre los problemas que más preocupan a los españoles figura el de la corrupción, precedido únicamente por el del paro. Así resulta de todos los estudios que en este lapso de tiempo se han realizado, entre otros, por el Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Sin embargo esa preocupación no ha tenido el correspondiente reflejo en los procesos electorales habidos y tampoco se espera que lo tenga en los que están por venir, a pesar de que el efecto primigenio que produce -o debiera producir- la corrupción sea el de la pérdida de confianza. La confianza, que es la base de la Seguridad Jurídica y del Estado de Derecho, pasa a ser cuestión menor y ni siquiera se ve mermada cuando la corrupción proviene de “los nuestros” y se prefiere pensar que, además, compensa la de “los otros”.

No se puede decir que la corrupción haya sido una de las consecuencias inevitables de la crisis económica y de valores que estamos padeciendo en el mundo, y particularmente en España, porque la corrupción ha existido siempre y parece manifestarse como un defecto o fallo del genoma humano. No obstante, es en las situaciones que se producen en caso de catástrofe -y una crisis económica y de valores lo es- cuando la corrupción encuentra el terreno abonado para su germinación y desarrollo, casi incontrolado.

Se entiende por corrupción la acción o inacción de una o varias personas reales que manipulan los medios públicos en beneficio propio y/o ajeno, tergiversando los fines del mismo en perjuicio del conjunto de la ciudadanía a la que debían servir y beneficiar. Son por lo tanto rasgos distintivos de la corrupción:

– La manipulación de medios públicos.
– El beneficio propio y/o ajeno.
– El perjuicio del conjunto de la ciudadanía.




Es ésta por lo tanto la “corrupción pública”, que afecta de manera directa al conjunto de la ciudadanía, es la que al parecer preocupa a los españoles y es la que está degradando la confianza, por lo menos cuando proviene de los otros.

Pero, ¿Quid de la corrupción privada o corrupción entre particulares?

¿Es consciente la ciudadanía de que también existe una corrupción privada o entre particulares? ¿Sabe la opinión pública que la corrupción entre particulares está tipificada como delito en el Código Penal español, incluyéndose además en este tipo penal la corrupción en el ámbito deportivo?

Efectivamente, con la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, siguiendo la línea marcada por la Unión Europea, por vez primera en el Código Penal español, y bajo el Título “De la corrupción entre particulares”, o comúnmente denominada corrupción privada, se tipifica esa conducta como delito mediante la introducción del artículo 286 bis en el citado texto legal, que dice:

“1. Quien por sí o por persona interpuesta prometa, ofrezca o conceda a directivos, administradores, empleados o colaboradores de una empresa mercantil o de una sociedad, asociación, fundación u organización un beneficio o ventaja de cualquier naturaleza no justificados para que le favorezca a él o a un tercero frente a otros, incumpliendo sus obligaciones en la adquisición o venta de mercancías o en la contratación de servicios profesionales, será castigado con la pena de prisión de seis meses a cuatro años, inhabilitación especial para el ejercicio de industria o comercio por tiempo de uno a seis años y multa del tanto al triplo del valor del beneficio o ventaja.

2. Con las mismas penas será castigado el directivo, administrador, empleado o colaborador de una empresa mercantil, o de una sociedad, asociación, fundación u organización que, por sí o por persona interpuesta, reciba, solicite o acepte un beneficio o ventaja de cualquier naturaleza no justificados con el fin de favorecer frente a terceros a quien le otorga o del que espera el beneficio o ventaja, incumpliendo sus obligaciones en la adquisición o venta de mercancías o en la contratación de servicios profesionales.

3. Los jueces y tribunales, en atención a la cuantía del beneficio o al valor de la ventaja, y la trascendencia de las funciones del culpable, podrán imponer la pena inferior en grado y reducir la de multa a su prudente arbitrio.

4. Lo dispuesto en este artículo será aplicable, en sus respectivos casos, a los directivos, administradores, empleados o colaboradores de una entidad deportiva, cualquiera que sea la forma jurídica de ésta, así como a los deportistas, árbitros o jueces respecto de aquellas conductas que tengan por finalidad predeterminar o alterar de manera deliberada y fraudulenta el resultado de una prueba, encuentro o competición deportiva profesionales.”

En mi opinión, si la corrupción pública provoca una pérdida de confianza y de Seguridad Jurídica, la corrupción privada o entre particulares, al ser éstos los protagonistas del delito, lleva a la sociedad a las mayores cotas de degradación y deterioro, sobre todo porque no es percibida de ninguna manera o, por lo menos, en forma directa e inmediata por el resto de los ciudadanos – los no corruptos- que, a pesar de estar invadidos por ella, no la sienten, repito, no la perciben, y padecen la enfermedad y sus consecuencias sin haber experimentado el menor síntoma. Y este efecto se produce porque, como ocurre con la corrupción pública, pero en la privada, como digo, con mayor intensidad, no existe lo que podríamos llamar “una víctima directa” ya que son delitos que al contemplar como bien jurídico protegido al bien común, al conjunto de los ciudadanos, se convierten en lo que se denomina “delitos sin víctima”, de ahí la inconsciencia que tiene la ciudadanía tanto de la existencia del delito -que no del hecho delictivo- como de sus consecuencias: la degradación total de las relaciones socio profesionales, con pérdida de la garantía de una actuación profesional competente, el quebranto de una competencia justa y honesta, y la quiebra de las reglas del buen funcionamiento del mercado. Y todo el mundo ve bien la corrupción privada precisamente porque no la percibe como delito.

“Mundo este de toma y daca, lonja de contratación, casa de cambio, y antes de pedir ha de ofrecerse…Para salir adelante con todo, mejor que crear afectos es crear intereses”. (Los Intereses Creados. Jacinto Benavente).






6 Responses to "La oculta corrupción privada"

  1. Benito A. de la Morena Carretero   9 abril 2015 at 12:23 am

    En el “Lazarillo de Tormes” el viejo ciego castiga al joven ladino porque se comía las uvas de dos en dos y ante la sorpresa del joven de que un ciego le hubiera descubierto, el pícaro ciego respondió “porque yo las tomaba de tres en tres y tú callabas”.
    El autor anónimo de esta encantadora obra literaria estaba poniendo los mimbres de los cestos que, con el tiempo, se han ido construyendo, y la época de la “picaresca española” nos ha traído otra nueva etapa de “imputados españoles” a los que se ha pillado infraganti pues, además de pillos fueron lerdos.
    D. Francisco denuncia lo que todos sabemos, que aquí roba todo el que puede, pues se ha instalado en nuestra sociedad una corrupción generalizada que afecta a lo público y lo privado, con el amplio consenso popular de aquellos que sonríen al chabacano y al pillo que se escapa de la ley y el orden, como si a ellos no les perjudicara también el robo y escarnio.
    Tolerancia cero contra el delito, sea el que sea, pedimos algunos, pero la voz la oculta el ruido nefasto de ciertas televisiones, que se enriquecen con una audiencia demasiado dócil y complaciente que solo ve el delito en determinadas esferas y nunca en las propias.

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  2. Azoteas   12 abril 2015 at 11:32 am

    No conozco a D. Francisco Ábalos, pero me lo anoto en la libreta de los admirados. Excelente argumento, perfectamente expuesto y con un análisis muy bien plantado.
    “… la corrupción ha existido siempre y parece manifestarse como un defecto o fallo del genoma humano …” Eso decía mi padre: Es “condición” humana. Y nada hay que nos conduzca a pensar lo contrario. Y una amiga mia decía: “Ponme donde haya, que yo me encargaré de lo demás”.
    En Azoteas pensamos que hay dos clases de personas: Los que abusan y los otros. La tendencia de los primeros, es aprovechar su situación de privilegio de poder. La obligación de los segundos, tratar de impedirlo. Es lucha permanente de todas las sociedades. Aunque los segundos harán lo mismo que los primeros, cuando lleguen a su posición de poder.
    Pero eso es otra cuestrión. De momento, es indignante el nivel a que ha llegado el abuso de los que han tenido ocasión, por una de las dos circunstancias: Por detentar un poder enorme o por estar en poder un tiempo desmesurado.
    Me subo, como siempre, al carro de Don Benito, para leer con admiración esa obra tan nuestra que es El Lazarilo. Por algo la picaresca es un producto nacional.
    Bien por Don Francisco Ábalos.

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  3. Pedro   15 abril 2015 at 8:57 am

    Magnífica aportación Paco. Suscribo tu artículo porque a menudo tendemos a considerar a quienes participan de la corrupción pública como seres de otro planeta cuando son fiel reflejo de una sociedad que tolera estas prácticas de forma cotidiana en sus relaciones jurídico privadas. Enhorabuena.

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  4. RAMON LLANES   15 abril 2015 at 9:09 am

    Me parece un artículo para una enorme reflexión humana pero nunca desde la perspectiva de la culpabilidad de los sistemas o de la autoculpabilidad. Una buena aportación a esta prensa y a la sociedad. Mi felicitación al autor.

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  5. onoba   10 mayo 2015 at 11:12 pm

    Has dado en el clavo, y aportado la clave, Paco, de esta sociedad, la nuestra, española, macerada en las últimos cuarenta años en la tolerancia sin límites, los derechos a ultranza, y los deberes escondidos en la faltriquera. Educación, honestidad y respeto con mayúsculas, se han perdido por las cloacas de este sumidero que yo llamo “Partidura” (Dictadura de Partidos Politicos).

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  6. Khar men   11 junio 2015 at 2:07 pm

    Sin duda, interesante artículo. pero yo lo diría a la inversa: la confianza no es la base del Estado y las Leyes sino al revés. Tanto Rousseau en el “Contrato social” como Hobbes en Leviatán destacan (cada uno a su manera) que es necesario ese “contrato social”, esa vigilancia por parte del Estado, para que las relaciones interpersonales (económicas y políticas) sean honestas. Lo que nos proponen es dejar un poco de libertad individual a cambio de una protección del estado. En el caso de Hobbes, que piensa que el hombre es un lobo para el hombre, para no comernos unos a otros, para que el Estado no permita abusos. El libre mercado -cuando tiene implicaciones a nivel mundial y se pone por encima de estados y leyes- no es menos lobo que una persona particular o pública. Lo que corrompe a políticos y personas es el dinero. ¿quién tiene poder para corromper? pues ellos son los que tienen que estar sujetos a un Estado, al macro poder económico y financiero es a quien hay que vigilar. (y llegado el caso, castigar) por qué se castiga al corrupto y no al corruptor.
    Para que cambie la sociedad debería cambiar el “valor” simbólico y la importancia del dinero.

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