El compromiso de Suárez

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Juan Carlos Jara. En mis horas de confinamiento por el trabajo, un pósit pegado sobre la pantalla del ordenador me recuerda que, hoy sí, debo escribir sobre él. Han pasado muchos años y apenas volví a verle en la escena pública e incluso de una década a esta parte casi no supe de su enfermedad. Pero el transcurso del tiempo no ha podido borrar de mi memoria, ni siquiera por mi corta edad de entonces, ese impacto que fue capaz de dejar en mí durante aquellos años convulsos que, a nivel personal, estaban llenos de felicidad gracias a unos hombrecitos de Famobil, a algunas emocionantes partidas de parchís y a unos pocos estadios delimitados en el suelo con pinzas de tender. La segunda mitad de los setenta y el inicio de los ochenta me dejaron años de mágicas vivencias en un minúsculo colegio de Isla Chica y la melancolía que hoy me producen aquellas tardes de merienda junto a mi madre.

Y en este marco surge él, transformando un país sin que yo pudiera darme cuenta. Mis batallas de salón, entre indios y vaqueros, eran mucho más importantes. Pero él estaba ahí, con su figura sin igual, con su saber estar, con su sacrificio al servicio de todos, con su compromiso… Adolfo Suárez, incluso con sus defectos, supo llevar a España por el único camino posible sobre un alambre sin atajos en el que todos salimos ganando aunque todo no pudiera ser perfecto.

El paso de los años, por suerte o más probablemente por desgracia, me permitió confirmar que aquel hombre me impactó por ser distinto a los demás. Nuestra joven democracia nos guardaba tiempos felices pero nunca tan heroicos ni, por supuesto, con tanto compromiso. “Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la presidencia”, dijo. Y nunca más volví a escuchar esas palabras. El beneficio de todos por encima del propio y el servicio a los demás como fundamento del buen hacer político. Él, el líder de aquel cambio junto a algunos otros grandes nombres de su tiempo, nos enseñó ese camino que nosotros, pese a todo, nunca aprendimos.

4 Comentarios

  1. Sí, señor. Compartimos con el Sr. jara todas sus palabras escritas y las no escritas. Es más, nos sentimos realmente satisfechos de que haya gente, como el Sr. Jara, que sabe leer la historia, más allá de sus recuerdos con sus amigos de Famóbil.
    Y nos resulta grato comprobar que aquel niño de entonces sabe hoy percibir la ausencia de otros «Adolfos Suarez» en nuestros días.
    Más aun: Resulta indignante que muchos de los que generaron aquella pérdida de «saber estar, con su sacrificio al servicio de todos, con su compromiso, …», hoy sean los que pregonan el valor de aquel ejemplo de hombre de estado. Son los que deberían callar hoy.
    Hacen falta mas gente como el Sr. Jara, que puedan decir con dignidad lo que otros dicen sin ella.
    Hacen falta más gente como el Sr. Jara, para que otros podamos decir: Bien por ti.
    Gracias Sr. Jara, por pensar bien y escribir con dignidad.

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