Oscar 2014

No sé cuánto hay de positivo en que una ceremonia vaya a pasar a la historia de los Oscar por una anécdota como el masivo selfie que se marcó Ellen DeGeneres en el patio de butacas del Dolby Theatre de Los Ángeles junto a lo más granado de Hollywood, pero, desde luego, el hecho tuvo su recompensa en las redes sociales rompiendo todos los record en Twitter.

La foto que bate récords en Twitter. /FOTO: Twitter
La foto que bate récords en Twitter. /FOTO: Twitter

Miguel Velasco Márquez. Lo tenía difícil DeGeneres este año tras la vibrante gala del año pasado, donde los premios más cotizados de la industria del cine rindieron homenaje al cine musical con brillantes resultados. En esta edición se decantaron por un hilo conductor basado en superhéroes del cine, ofreciendo al espectador momentos tan bizarros como la unión en un mismo clip de Indiana Jones, Gandhi o Tiburón.

Ellen arrancó fuerte con un speech corrosivo y chispeante, dejando punzantes dardos con su afilada verborrea, cuyo cenit fue “esta noche existen dos opciones: A, que gane 12 años de esclavitud. B, que todos seamos racistas”. Podemos estar tranquilos. Tras el vibrante arranque la gala fue perdiendo fuelle debido a tijeretazos para ajustar la duración de la misma y a que la temática de los superhéroes resultó fallida y aburrida a partes iguales.

Centrándonos en los premiados, el cliché de gala totalmente abierta a las sorpresas se volvió a cumplir en los días previos para finalmente repetirse, como cada año, lo establecido en las quinielas al pie de la letra. ‘Gravity’ se convirtió en la vencedora moral de la noche alzándose con ocho estatuillas, concentradas en premios técnicos en su mayoría y un importante galardón a Alfonso Cuarón como mejor director por esta odisea espacial cuyo impacto en el cine actual analizaremos con el paso de los años. Se le escapó a Cuarón, no obstante, el máximo galardón a la mejor película del año que fue a parar a las manos de ’12 años de esclavitud’, film que logró reunir un total de tres estatuillas (película, actriz secundaria y guión adaptado). No incomoda este reconocimiento ante el correcto retrato de la esclavitud que nos brinda Steve Mcqueen (primer director de raza negra en obtener este reconocimiento), si bien chirría en exceso que la Academia, con esta decisión, relegue al ostracismo a la monumental ‘El lobo de Wall Street’ o la intimista y sobrecogedora ‘Nebraska’, dos de las cintas injustamente ninguneadas de la noche junto a ‘La gran estafa americana’. Por no hablar del olvido sangrante entre las nominadas de la mayestática obra de arte que los hermanos Coen nos regalan con ‘A propósito de Llewyn Davis’.




En el apartado interpretativo no hubo sorpresas, la Academia parece convencida en conceder la estatuilla a todo intérprete que se someta a dietas adelgazantes extremas y consiga afearse sin límites. Este año, para no ser menos, Matthew McConaughey (que brilla más en los escasos diez minutos del lobo de Wall Street que en todo el metraje de Dallas Buyers Club) cumple dicho precepto. Su interpretación de enfermo de SIDA es valiente y desgarrada y le proporcionó un Oscar que por cantado no deja de resultar desacertado, porque éste era el año de Di Caprio. Sin necesidad de perder quince kilos ni postizos, el eterno ninguneado de Hollywood hace suya la película de Scorsese valiéndose únicamente de talento y un carisma arrollador. Aún así, tendrá que seguir esperando a que los académicos le hagan justicia.

Cate Blanchett barrió con su soberbia interpretación en la magnifica ‘Blue Jasmine’ obteniendo el Oscar a mejor actriz protagonista sin discusiones, así como la mexicana Lupita Nyong’o y Jared Leto por ’12 años de esclavitud’ y ‘Dallas buyers club’, respectivamente, se alzaron con dos de las estatuillas más cantadas, y justas, de la noche en sus roles secundarios.

Hubo también espacio para la música en la gran fiesta de Hollywood. Si en los Goya Fernando Tejero y cía. nos hicieron sonrojar de vergüenza ajena con un imposible número musical, los Oscar nos dejaron a U2, Pharrell poniendo en pie al auditorio con un brillante ‘Happy’ o Pink homenajeando los 75 años del Mago de Oz con ‘Somewhere over the rainbow’. Las comparaciones son odiosas, Ellen DeGeneres no necesitó ni la mitad de rimel que Manel Fuentes para meterse al público en el bolsillo y, pese a todo, la gala nos sirvió para reafirmarnos en que los Oscar siguen siendo conscientes de lo que son: un show que se debe a una masiva audiencia bajo un contexto cinematográfico, y cuyo principal logro es el no avergonzarse de ello. Hasta que los Goya no se liberen de sus múltiples complejos no dejaran de ser una mera reunión de camaradas. He ahí la gran diferencia.








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