Nueve onubenses reciben el diploma acreditativo de modelo profesional en un curioso acto

Los jóvenes desfilaron en Babel ante la atenta mirada de un público que pudo comprobar todos los conocimientos aprendidos por estas promesas de la pasarela durante su periodo de formación.

Los jóvenes enseñan sus títulos de modelos profesionales.
Los jóvenes enseñan sus títulos de modelos profesionales.

Miguel Ángel Velasco. Tras cuatro meses de arduo trabajo de preparación cultural, estética y personal, un viaje entre la localidad andevaleña de Calañas y la capital de Huelva, teniendo como punto final del viaje la simbólica estación onubense de la Cafetería- Jardín Babel, sirvió de perfecto escenario para la entrega de los diplomas acreditativos que van a permitir a cinco chicas y dos varones de Huelva ejercer como modelos profesionales al haber superados satisfactoriamente el correspondiente curso oficial impartido por la Agencia profesional de modelos Kilah.

Carolina del Ríos, Jennifer Ramírez, Irene García, María González, Manyara Acosta, Antonia Hernández, David Molina y Sergio Vera, son los nuevos profesionales de las pasarelas que han superado el citado curso y que fueron protagonistas de un bonito acto que concluyó en las instalaciones ferroviarias de la antigua y querida cantina capitalina.

María del Mar junto a Fernando y Óscar.
María del Mar junto a Fernando y Óscar.

Cerca de las cinco de la tarde, el andén de la estación calañesa estaba poco concurrido. La bonita tarde barnizaba de amarillo el verde de la arboleda magnífica entre las montañas y el olor penetrante que desprendían las grandes y muchas chimeneas cercanas llenando de intimismo el aire, fresco y limpiador. Días atrás, la lluvia había sido fiel compañera de la localidad, barrido calles empinadas y convertido en grande ríos aquellas, que adyacentes a la bonita iglesia de la Coronada, desembocaban en la cafetería La Parada . De pronto, un grupo numeroso de jóvenes, bien pertrechados con objetos de lo más diverso y variopinto, irrumpe en la limpia y coqueta estación. Maletas, percheros móviles repletos de prendas de vestir, cajas con adornos, bolsos y tocados esperan, organizadas, mientras los chicos y chicas departen entre sí y, los más mayores, hacen un grupo aparte organizando toda la tramoya.

Los jóvenes ofrecieron un pase en Babel.
Los jóvenes ofrecieron un pase en Babel.

Han pasado los últimos cinco días en una casa del pueblo que, por sus dimensiones y la tranquilidad del mismo, le han permitido afrontar estos postreros días del curso de forma más intensa y provechosas, concentrados en lo suyo, lejos de tensiones familiares o de cualquier otro tipo.

Me siento solo en un rincón del solitario vagón mientras observo cómo el jefe de estación se encaja la gorra roja de negra visera y eleva el manido banderín haciendo sonar el silbato. El tren se esparce lentamente entre los cerros dejando paréntesis de respiro, en su margen derecha, al pasar quieto del Odiel, serpenteante y orgulloso, que tremolina al llegar a Sotiel Coronada en pequeños y graciosos saltos antes de emprender su solemne bajada al encuentro de su hermano. Al fondo, la luz se va haciendo difusa y el manto arbóreo de los montes se empijaman de negro mientras el cielo se cubre de brochetazos anarajados sobre el rostro palidamente celeste.




Empiezan una nueva etapa profesional.
Estos chavales empiezan una nueva etapa profesional.

En el interior, Fernando Ponce , director de la Agencia Kilah, con su inseparable secretario Adrián, estudian los últimos retoques del acto final del curso que ahora acaba. Siempre concienzudos y meticulosos. Por su parte, en otro rincón , María del Mar Gómez, la incansable empresaria de moda onubense de la firma Marita, clasifica los trajes colocando los complementos correspondientes a cada uno de ellos. Bonitos y ricos monos de Waipaï, de colores tropicales unos y sobrios, de cadenetas, y de ceremonias , otros, van tomando formas junto a otros vestidos de coctail, faldas, pantalones y juveniles trajes blancos de encajes negros, trajes camiseros de aspectos vintage, cortos, plisados e ideales y destaco, al menos esa es mi opinión, un increíble y maravilloso mono, de color rojo con tira de encaje bordado en negro, que destacará sobremanera en el cuerpo de Manyari. Ella es una modelo de piel morena, 16 años y 175 centímetros de estatura que , también según mi parecer, junto a Jennifer Ramírez, y sin desmerecer en absoluto a ninguna de las otras maravillosas criaturas, darán mucho que decir tanto dentro como fuera de nuestro territorio.

Fernando Ponce, la dueña de la tienda Marita y Miguel Ángel Velasco.
Fernando Ponce, María del Mar Gómez y Miguel Ángel Velasco.

Todo ellos son de las firmas Waypaï y Cocoa, excepto dos de ellos, de la holandesa Vero Modas. Los tocados y pamelas son productos artesanales de las manos onubenses de K´armina y los bolsos y carteras de fantasías, de fiestas y media etiqueta, de Noko y una cartera de piel de Menbur. Trabaja María del Mar enfrascada en sus pensamientos, hablándole con los ojos a las prendas tendidas sobre los cabeceros de los asientos, como dándoles órdenes. Es una profesional de primera y una gran enamorada de su trabajo, de esa labor auténtica y callada que significa vivir la moda y crearla, la moda y la tendencia, no sólo venderla dentro de la fría impersonalidad de cuatro paredes.

Cuando cruzamos el río por el camino de hierro de Gibraleón, la noche ya ha caído. Las diminutas luces refulgen por doquier en el exterior. Los nuevos modelos reciben las ordenes de Ponce y María del Mar para que se vayan colocando los diferentes trajes. Ellos visten ropas de calle de la firma de Gemio´s. Pantalones vaqueros y camisetas básicas y de firmas actuales y llevaderas. Ellas se van colocando el primero de los dos conjuntos que van a lucir en el pase, en su primer pase para muchas, mientras María del Mar se multiplica cogiendo bajos en pantalones, corrigiendo cinturillas y prendiendo cientos de alfileres en mangas y tocados, que sostiene peligrosa y magistralmente entre los labios, a la vez que palmotea las distintas cabelleras ahuencándolas, vivificándolas. El ruido y los nervios se aceleran cuando, pasada La Ribera, la ciudad comienza asomarse tras las ventanas y el tren desciende la velocidad para convertirla, poco a poco, en un traqueteo asmático.

El público del establecimiento contempla atento el desfile.
El público del establecimiento contempla atento el desfile.

Me bajo del vagón deseándoles toda la suerte del mundo en su nueva aventura profesional. La ciudad está muy viva a esa hora de la noche. De una noche serena, tranquila, que invita a salir. Me acerco a Babel y Óscar, uno de sus propietarios, me saluda y pregunta que tal ha ido el viaje y si todo está preparado. Le tranquilizo con una sonrisa y me percato de que la terraza está impecablemente llena de parejas maduras, reuniones de amigos y grupos familiares que esperan a los noveles profesionales . Me despido con la seguridad de que todo va a ser un éxito. Ya es un éxito. Mientras cruzo las taquillas iluminadas veo que bajan de uno en uno ante las llamadas de Fernando y Adrián. Al final, María del Mar se apea satisfecha del deber cumplido. Ahora todo depende de ellos. De poner en práctica tantas y tantas horas de trabajo. Me sonríe desde la distancia. Le envío un beso invisible.




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