La recuperación del pecio de Matagrana en las arenas de la playa de El Portil

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Imagen del pecio de Matagrana, aparecido en El Portil en 2008. / Foto: IAPH.
Imagen de la actuación llevada a cabo del pecio Matagrana.
Imagen de la actuación llevada a cabo en el pecio Matagrana. / Foto: IAPH.

Mari Paz Díaz. Cuando están a punto de cumplirse seis años de la conocida aparición en El Portil del llamado pecio de Matagrana, queremos recordar este hecho, puesto que fue el primer objeto en ser excavado con una metodología científica y rigurosa en un contexto terrestre de Andalucía.

Según recuerda el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), la retirada de la alineación de dunas tras un fuerte temporal dejó al descubierto los restos de esta embarcación de madera en la playa de El Portil, en el término municipal de Punta Umbría. Tras valorarse los riesgos a los que estaban sometidos los restos se decidió acometer una actuación de urgencia.



Aspecto inicial de los restos del pecio en la playa. / Foto: IAPH.
Aspecto inicial de los restos del pecio en la playa. / Foto: IAPH.

La investigación arqueológica llevada a cabo determinó que se trataba de un barco que presentaba un método constructivo de tradición inglesa adscrito a una cronología de mediados del siglo XVII a mediados del XVIII.

Unos datos que resultaron de mucho interés, teniendo en cuenta que previamente se barajaron muchas posibilidades sobre la procedencia de los restos. Entre las teorías planteadas se encontraron la versión de que se trataba del galeón San Medel y Celedón, uno de los barcos hundidos en tierras onubenses procedente del comercio entre Europa y las Indias de mediados del siglo XVI, hasta que se trataba de un mercante holandés de entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Tesis que finalmente se han descartado por los expertos que han llevado a cabo estos trabajos.



Uno de los técnicos realiza el trabajo de registro fotográfico de las maderas. / Foto: IAPH.
Uno de los técnicos realiza el trabajo de registro fotográfico de las maderas. / Foto: IAPH.

Los hechos ocurrieron el 14 de febrero de 2008, cuando en la playa de El Portil se localizaba el pecio de Matagrana, puesto al descubierto tras un fuerte temporal. Durante el periodo de trabajo de campo participaron en la actuación de la playa una media de seis arqueólogos, ayudados por personal auxiliar y asesorados por técnicos foráneos como el francés Eric Rieth, en representación del Centre National de Recherces Scientifiques, y Manuel Izaguirre, técnico de la Diputación Foral de Guipúzcoa, que se sumaron al proyecto y aportaron informes referentes a la datación de la embarcación y a la conformación de su arquitectura naval.

Momento de desmontaje de las cuadernas. / Foto: IAPH.
Momento de desmontaje de las cuadernas. / Foto: IAPH.

Los trabajos desarrollados implicaron mucha dificultad por encontrarse en un lugar de difícil acceso para vehículos y maquinaria, pero permitieron recabar importantes datos, no sólo de la propia embarcación, sino también de la actividad de navegación de la zona.



El esfuerzo permitió que los restos fueran sometidos, desde su descubrimiento, a la conservación y tratamiento de las maderas que formaban la estructura inferior del buque, a fin de poder realizar análisis de datación. Un nuevo episodio de nuestra historia que merece la pena recordar.

Sobre la localización de los restos del pecio, la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía ha apuntado que tras el hallazgo se intervino desde el IAPH, porque en un primer momento se pensó que podía tratarse de una embarcación medieval por el ensamblaje observado, pero posteriores investigaciones concluyeron con la verdad: los restos pertenecían a un buque carguero, por lo que el descubrimiento generó unas expectativas que no se cumplieron. Por ello, tras destinarse fondos importantes para la investigación y posterior conservación, se determinó que los restos, una vez documentados, se enterraran.  La opción de sacarlos y conservarlos en un espacio terrestre -en las mismas condiciones que bajo el mar-  hubiera tenido un elevado coste para unos restos que no tenían la importancia suficiente.

A este respecto, desde Cultura se explica que el hecho de que los restos no se hayan sacado y no estén expuestos no quiere decir que no estén protegidos ni conservados. De hecho, lo están en las condiciones hidrotermales necesarias para garantizar su conservación (el tapado es una técnica de conservavción en arqueología). Sacarlos y exponerlos hubiera alterado la naturaleza de las piezas y su conservación.