Esa falsa garantía de futuro

Juan Carlos Jara. Cada día, si cabe, nos toca de forma más cercana y más intensa esta crisis que nos invade y en la que sigue sin vislumbrarse la celebérrima -por lo mucho que la manosean nuestros dirigentes- luz al final del túnel. Son muchas, demasiadas, las familias que lo pasan mal y los jubilados que tienen que ayudar a sus hijos, cuando pueden, para mantener a un nivel mínimamente decente la calidad de vida de muchos de nuestros conciudadanos. Y eso cuando la situación no se ha deteriorado ya tanto que hasta decir que se está pasándolo mal se queda muy corto.

Vivíamos en una sociedad, y en cierto modo seguimos viviendo, en la que la gran mayoría de nosotros nos hemos acostumbrado a ver la pobreza y la necesidad desde muy lejos. Pensamos que esa necesidad –la de verdad, la que realmente define el diccionario y no la que de pequeño hemos definido muchos de nosotros en el cómodo lecho que nos otorgan nuestras familias- nunca nos llegará y vivimos con una falsa garantía certificada por nosotros mismos que nos asegura un futuro más o menos estable y sin grandes complicaciones económicas. Pero resulta que nos alcanza una gran crisis y muchos de los que tenían ese porvenir tan bien planteado se encuentran, en poco tiempo, con el agua al cuello y la soga de las deudas apretando hasta lo insoportable. No pocos hijos de la sociedad acomodada se ven entonces precipitadamente abocados a una vida nueva para ellos y poco recomendable para ningún ser humano.


Game Over, consejería de Educación

Hace pocos días una persona, involucrada de forma altruista en la ayuda a los demás y en el trabajo solidario por los más necesitados desde mucho antes de iniciarse esta crisis, me comentaba lo habitual que es en estos tiempos encontrarse como beneficiarios de su asociación sin ánimo de lucro a personas que hasta hace poco pertenecían a la España acomodada. Hombres y mujeres honrados que disfrutaban de ingresos mensuales muy suculentos y que hoy en día, por supuesto sin renunciar a la honradez, tienen que pedir ayuda para no malvivir. 

Sería bueno que nuestra sociedad no olvide y acabe reconociendo y agradeciendo como es debido la labor que realiza un amplio número de asociaciones y organismos que, desde un punto de partida laico o impulsado por un sentimiento religioso, están logrando paliar necesidades allí donde el sistema no alcanza a cubrir –ésa sería, por cierto, otra cuestión a reflexionar en otro artículo de opinión-. En Huelva, como en todo el país, tenemos muchos ejemplos de esa tarea solidaria que tanta falta hace en este momento y que, desgraciadamente, nunca sabemos si llegaremos a necesitar algún día. El presente nos pertenece pero no tenemos el timón de nuestro futuro. Y puede que algún día nadie responda por esa garantía que creíamos tener guardada en el bolsillo.


Junta de Andalucía cultura



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ayuntamiento de Huelva turismo
Diputación de Huelva Cajeros
Kia
Motor Inglés
Fecons
Giahsa
Csif
Puerto de Huelva
matsa
Huelva Riega
Ayuntamiento de palos de la frontera
Atlantic Copper
Caja Rural, nuestra historia