Alosno
(Las imágenes y el texto de este artículo, no corresponden a los contenidos del libro ‘Casinos de Huelva’)

Miguel Mojarro. Alosno, en el corazón del Andévalo, tiene un pasado más allá de las minas y un presente que invita a buscar placeres en las charlas con los que vivieron otros años venturosos.
Marcelo tiene aquí varios amigos con los que poner sobre la mesa recuerdos de días que gozaron juntos, en las fiestas y en las partidas.
Marcelo empieza siempre sus visitas a Alosno con un paseo tempranero por unas calles que parecen hechas para disfrutarlas. Y para plantarse delante de sus casas a mirar. Porque son calles con enjundia y con rótulos que hacen honor a sus valores. Y con bustos a los que representaron y divulgaron el nombre de Alosno.
Pueblo de clases marcadas por su carácter minero, conserva el recuerdo de una mina que ya no está, en la que trabajaron padres y abuelos de los actuales habitantes.
Pueblo que se permite el lujo de tener dos Casinos, hijos de aquellos que fueron «de ricos» y «de pobres», como se decía en el argot de los años sesenta para diferenciarlos. Hoy solamente se mantiene la herencia de ese carácter, como en otras localidades de Huelva. Pero Marcelo toma café con socios de los dos casinos y comparte sus salones con quien se tercie.
Dos casinos, en la Plaza, frente a bancos que se ofrecen al paseante. Casinos vecinos, que permanecen en sus puestos y rivalizan en fachadas armoniosas. Dos casinos para elegir. Pero no sería inteligente hacerlo. Es mejor tener amigos en ambos y disfrutar de sus peculiaridades. Vivir en Alosno puede ser un trampolín para gozar de ambos Casinos.

En uno, el sabor alosnero de unos cantes que lo tuvieron como habitual escenario. En otro, el orgullo de tener entre sus paredes la entrega de quienes lo levantaron con su sentimiento minero.
El sonido de los cantes de aquí, alosneros y del Sur, impregna las paredes de ambos. En uno, con el recuerdo de la guitarra de Sebastián Perolino, siempre esperando a su «tocaor». En otro, con el sonido vivo y actual de dos voces de altura: La fuerza joven de «El Toni» y la calidad bien formada de Plácido González. Y de otros ….
Uno no sabe bien con cual quedarse en sosegado coloquio con el ambiente. Lo mejor es alternarlos mientras se juega una partida con Marcelo y un amigo suyo que era amigo a su vez de D. Antonio Vergara, uno de los pocos curas que han tenido relación con los casinos.
Amplio salón en uno de ellos, con barra de bar al fondo, cercana y bien tratada. Y luz, que entra por amplios ventanales a raudales, para pintar de vida activa un casino que es el centro de gran parte de la vida local. Y dentro, salitas para la lectura y el juego discreto, aunque ya no son tiempos de ocultar partidas no confesadas.
Salón coqueto en el otro, con signos claros de su joven advocación al fandango, en tiempos en los que lo de ser joven era una realidad más clara. Hoy, los años adornan las cabezas de los socios aquellos, pero se mantiene el espíritu de una «juerga» que en el Sur no tenía rival. Pureza y adoración del cante, era y es emblema de este casino. Y en sus paredes se muestra esa militancia, porque la figura de Los Toronjo es y debe ser santo y seña de este lugar.

Dos fachadas que ofrecen entradas a diferentes ambientes. Dos fachadas que deben ser atravesadas por quien quiera un colofón adecuado a su paseo por las calles de Alosno. Dos fachadas juntas, como diciendo que sus historias han sido paralelas, aunque no semejantes. Dos templos alosneros del ocio y de la amistad. Dos faros para la vuelta a casa de quienes trabajan fuera y regresan los viernes por la tarde a esos Casinos que parecen llamarlos.
Uno de estos salones permanece tranquilo a diario, porque la mayoría de sus moradores arriban a Alosno los fines de semana y las vacaciones, para ponerse en vena una dosis del bienestar de su Casino y de un pueblo que los reclama con su encanto.
El otro salón, recoge a diario las relaciones de ocio de quienes ya han terminado sus tareas y obligaciones y toman el Casino como lugar final del día. Bullicio y tapeo que resume la vida local con ofertas diarias y ocasionales. Por ejemplo, una multitudinaria que se celebró ayer, 6 de diciembre, con motivo de una patrona que «cayó» en miércoles y que se trasladó a viernes que es más asequible. Uno, que es minero de adopción y querencia, ha sentido no estar allí ese día. Pero todo se andará …
En Alosno hay que estar por San Juan, en la Danza y la Tamborada. En las Luminarias de San Antonio Abad y en las Cruces. Y en todo tiempo para jugar una partida en un Casino y tomar café en el otro. Con amigos de allí, que muchos son socios de los dos templos.
Uno, que no oculta su debilidad por los actos con valor antropológico y patrimonial, tiene en mente un paseo por las calles de Alosno cuando las Cruces llamen a lucir las mejores galas de los alosneros que viven dentro y fuera. Uno, que no es de allí, no dejará de disfrutar lo que allí tienen para sí y para los demás. Uno, ya tiene en su agenda tres días marcados con el color del placer, para estar en Alosno en esas fiestas que reclaman estar dentro.
En origen, estaba prohibido cantar. Posteriormente, reuniones de amigos abrieron la puerta del placer musical y creció la cuna del fandango para ser escaparate del cante en el Sur. Alosno, dando nombre propio a un palo entrañable de nuestro patrimonio musical. Y una guitarra que estaba para tocarla y que permanece en la historia contada de quienes vivieron el sonido que Perolino sacaba de ella. Llegó a ser un referente de los casinos de la zona. Mucho tiene que decir el Círculo Alosnero de esto.

Y el otro, la Asociación Santa Bárbara (La Hermandad), también tiene mucho que anotar en la historia casinera: Sus esfuerzos para construir un casino con sus manos y el afán minero de un pueblo. Raíles mineros soportan la techumbre de un salón que hoy es sede social. Pero también para superar momentos difíciles, que los hijos de quienes lo construyeron han salvado con esfuerzos importantes, que permiten hoy disfrutar de este casino. Orgullo en la construcción y satisfacción en una coyuntura delicada. Casino que es alma del pueblo y asombro de los que venimos a verlo y a estar con los amigos, su gran tesoro.
Alosno es visita obligada para quienes busquen el encanto de un patrimonio no siempre en los escaparates. Alosno está lejos de muchos sitios y fuera de las rutas habituales. Pero Alosno está cerca del placer de una leyenda histórica y un entorno que encanta. Y tiene calles para sentarse y mirar. A quien pasa y a quien está. Y una extraña torre en la Virgen de Gracia, que es propiedad de cigüeñas que ya no se van. Hacen bien. Ellas pueden.
Y en Alosno hay dos casinos. Pocos lugares pueden presumir de ello. Yo sí puedo alardear de tener amigos en dos Casinos vecinos. Que miran a la misma plaza y se dejan mirar desde ella. Marcelo me dice: «Eso hago siempre que voy a Alosno: Sentarme en la plaza y mirar«.
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