“Él supo que conmigo no pudo”

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El 25 de noviembre es el Día Mundial contra la Violencia de Género.
Recuerdo para las víctimas de Violencia de Género.
El 25 de noviembre es el Día Mundial contra la Violencia de Género.
El 25 de noviembre es el Día Mundial contra la Violencia de Género.

Ana Rodríguez. María, Laura, Clara o Esther. Su nombre es el dato menos relevante. Ella es hoy la voz de un colectivo, el de mujeres víctimas de malos tratos. Su historia a muchos les resultará, por desgracia, conocida o cercana. En este 25 de noviembre, Día Mundial contra la Violencia de Género, no ha querido permanecer en silencio, sino contar sus vivencias para que sirvan a otras de espejo y esperanza. Ella rompió el círculo y venció a su agresor, no sin luchar, no sin nadar contra corriente. Su esfuerzo merece admiración y respeto. Sus palabras, aquí recogidas, dan testimonio de que lo último que hay que hacer es callar y aguantar.

“Me casé muy joven y me quedé embarazada. Después de tener hijos, él no quería que trabajara y me quedé en casa. Él intentaba aislarme. No quería que mi familia viniera a casa; me descolgaba el teléfono para que no llamara a nadie; si llamaba alguna amiga preguntando por mí contestaba de tal manera que conseguía avergonzarme; si me encontraba con alguien en la calle no me dejaba hablar y me metía prisa; no me dejaba hablar en público porque decía que yo no sabía; en casa él era el que llevaba el dinero y me decía ‘es mejor así. A ti no te va a faltar de nada’; acabó eligiendo hasta mi ropa… Hasta que llega un momento en el que tú no decides por ti misma. Parece que te tiene como en un pedestal pero, a la vez, te va quitando todo”, describe nuestra protagonista.

El lazo morado es seña de solidaridad con las víctimas.
El lazo morado es seña de solidaridad con las víctimas.

Como Ella misma afirma: “mi maltrato fue psicológico, no físico, aunque una vez me levantó la mano pero no llegó a pegarme. Le dije que no iba a estarme quieta, que me tendría que coger muerta. Me callaba muchas cosas porque no quería que mi familia sufriera ni le cogiera manía, pero ellos veían cómo me trataba y se daban cuenta de lo que yo no lo hacía. Yo no era consciente de esa dependencia que él me generaba. No pensaba que fuera violencia, sino su forma de ser. Es difícil darte cuenta porque parece que lo que hace es protegerte, pero en el momento en que te sales del camino marcado y te quieres imponer, se pone en acción”.

Todos estos pequeños detalles que esta mujer relata son los que delatan al maltratador. Por norma general, las víctimas de violencia de género son mujeres con varios hijos, sin estudios y sin trabajo, a las que poco a poco y día a día las van apartando de todo (familia, amigos, etc.) porque de esta manera son más fáciles de controlar. “Con niños a tu cargo, retirada tantos años de la vida laboral y sin empleo, te piensas mucho dar el paso. Si yo hubiera tenido un trabajo no hubiera aguantado tanto”, pone de relieve Ella.



Sede en Huelva del Instituto Andaluz de la Mujer.
Sede en Huelva del Instituto Andaluz de la Mujer.

Él trataba de justificar su carácter: “mi marido decía que él era así y que el problema lo tenía yo. De cara a la galería era una persona cariñosa, pero dentro de casa era lo peor. La gente pensaba que era nervioso y que se agobiaba mucho con el trabajo, pero yo sabía que no era así”.

Cuando fue un poco consciente de la situación, quiso dar el paso. “La primera persona que me dijo que era víctima de violencia de género en primera fase fue el abogado que me busqué la primera vez que intenté separarme. Yo se lo negaba. Cuando Él se enteró de que había intentado separarme, comenzó a decirme que era suya, que me iba a dejar sin nada, a faltarme al respeto, las vejaciones… fue un martirio”.

Tras la reacción de Él, se echó para atrás, pero ya había surgido algo en su interior, una sed de libertad que la llevó a buscar otras vías de escape: “tienes que ir buscando salidas, aunque sean pequeñas, dentro del calvario que vives, aunque te encuentras con obstáculos, hay que buscar algo que te motive. Yo, para no caer en una depresión, me refugié en Internet, donde encontré gente diferente con la que podía hablar, gente que no conocía y con la que podía sincerarme. Al conversar con ellos y contarles cómo era mi vida con él, me empecé a dar cuenta de que aquello no era normal. Internet fue una salida a corto plazo, porque necesitas gente que te dé un abrazo, con la que tomarte un café, con la que hablar y relacionarte, personas que te valoran y que te constatan que el problema no lo tienes tú”.

Material insformativo sobre violencia de género.
Material insformativo sobre violencia de género.

Ella también empezó a estudiar a escondidas de su marido, para ponerse al día y poder entrar en el mercado de trabajo. “Cuando oía entrar la llave en la cerradura me entraba el pánico. Escondía los libros, pero un día se dio cuenta y empezó a insultarme y a decirme que era una golfa”.

Después de varios intentos, Ella consiguió divorciarse –no sin antes tener que denunciar a su esposo, conseguir una orden de alejamiento, soportar que el juez le negara una pensión para sus hijos hasta el juicio, y que la familia de su marido la insultara y difamara ante sus vástagos- logrando al final el mutuo acuerdo. “Yo conté con la ayuda de mi familia, pero hay mucha gente que no la tiene. Hay familiares que te cierran las puertas y encima se ponen de parte de él. En este sentido, yo tuve mucha suerte”, recuerda.

Sacar valor para dar el paso no fue nada fácil: “en situaciones extremas tienes que tirar por donde sea, pero es muy difícil. Él conmigo supo que no pudo. No se podía imaginar que yo pudiera irme con mis hijos y dejarlo. Mi carácter me ha salvado. Siempre he sido una persona muy positiva y cuando veo que algo no es, no paso por ahí. He tenido miedo, pero no lo he demostrado, le hice frente porque este tipo de personas se crecen cuando te ven caer”.

Hay que educar a los niños para que no repitan los malos comportamientos parentales.
Hay que educar a los niños para que no repitan los malos comportamientos parentales.

Por aquel entonces, Ella acudió al Instituto Andaluz de la Mujer para informarse y solicitar ayudas. Además, en el IAM pudo acudir a terapia y realizar cursos que le enseñaron un oficio, ampliando así sus posibilidades de entrar en el mercado laboral: “cuando estás allí con otras personas que empezaron como yo, de verte sola pasas a darte cuenta de que hay mujeres que están en la misma situación que tú y con las que puedes entablar amistad. Además, ir al curso era una motivación para levantarme de la cama y arreglarme. Con ellos te pones al día, adquieres un título y luego, donde haces prácticas, tienes que poner mucho empeño y tener un poco de suerte para que te cojan o te llamen cuando tengan un hueco”.

Afortunadamente, sus esfuerzos fueron recompensados y comenzó a trabajar y, aunque los empleos son intermitentes, Ella sigue echando currículos, formándose y no dejando que el desánimo se apodere de su voluntad.

En este sentido, asegura que “muchas entidades te dan una ayuda para subir el primer escalón, pero el resto de peldaños tienes que subirlos tú sola. No hay una salida perfecta. Tu principal ayuda eres tú misma y lo que tú te lo trabajes y te muevas”.

Lazo humano en el centro de Huelva por las víctimas.
Lazo humano en el centro de Huelva por las víctimas.

En cuanto a la caída de la autoestima promovida por la dependencia en la que vivía, Ella afirma que “a pesar de que él siempre me decía que no valía para nada, yo me miraba al espejo y me echaba piropos, yo me decía que valía, pero sí es verdad que pierdes la confianza en ti misma. Luego me recuperé. Los cambios en mi personalidad han sido para mejor, teniendo seguridad y las ideas claras, pensando que no hay nada que no pueda hacer, reconociendo la situación y viendo de qué manera puedes solucionar los problemas. En terapia me enseñaron a combatir los obstáculos conforme se van presentando. Vivo el día a día, no pienso en lo que me va a pasar mañana. Hay que pensar así, es muy positivo”.

De cara a sus hijos, Ella destaca que “es importante que vean seguridad en ti, que sientan que no les va a faltar de nada. Puede haber reproches, pero hay que educarlos para que no sigan los pasos del padre si son varones. A mis hijos siempre les he dicho que el respeto es lo primero, todo lo que yo no viví es lo que les inculco sobre las mujeres. Hablo mucho con ellos de estos temas para que se conciencien de cómo es la sociedad. El pequeño a veces me dice ‘Mamá, ¿tú eres más feliz así? Entonces ya está’. Además, si tus hijos ven que te callas y te achicas y que el padre lleva la voz cantante, pensarán que eso es lo normal y que está bien. Por eso hay que rebelarse”.

Material insformativo sobre violencia de género.
Es importante descubrir los indicios a tiempo.

Tras salir de esta situación, buscar una nueva pareja puede ser un error si no se hace por los motivos adecuados. “Cuando te ves así, te divorcias así, que no tienes nada, intentas buscar soluciones y una de ellas es conocer a alguien que te pueda ayudar… ¡Eso es una tontería! porque tus hijos y tus problemas son tuyos y nadie te los va a resolver. Además, se corre el riesgo de volver a acabar recurriendo en el mismo perfil de hombre maltratador. Para tener otra relación, lo primero es que tú estés bien y no volver a dejar pasar ni la más mínima. Si tienes una relación, que sea porque te gusta esa persona, no para que te solucione los problemas”.

Finalmente, un mensaje. Para Ella la clave de todo se encuentra en un factor esencial, la independencia de la mujer. Por eso aconseja a todas las féminas “que estudien y trabajen, que se valgan por sí mismas para nunca depender de ellos. La independencia es una de las claves para evitar caer en las garras de la violencia de género”.

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