Utopía o realidad

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Benito A. de la Morena. La ONU vincula el alarmante aumento de los huracanes al cambio climático. Los expertos del programa Geosfera-Biosfera que estudia el cambio global nos confirman que los puntos débiles más significativos del planeta Tierra son el incremento de la población, los gases de efecto invernadero, el aumento de temperatura de las aguas oceánicas, y las miles de sustancias químicas producidas en el último siglo que no sólo afectan a la atmósfera y al medio ambiente, sino a la salud humana en general.

Como consecuencia, ya se ha constatado la pérdida de un 85% de la superficie de los glaciares en el último siglo, la subida de la temperatura media del planeta en un grado y medio en los últimos treinta años, la elevación del nivel del mar en pocos pero significativos centímetros, que podrían llegar a ser de hasta siete metros si los hielos de Groenlandia  se derritieran en los próximos cien años, según informe del National Center for Atmospheric Research de Estados Unidos, la existencia del agujero de ozono y su consiguiente incremento de un tipo de radiación ultravioleta perniciosa para la vida, la pérdida de unos trece millones de hectáreas de espacios forestales cada año, y la desaparición contrastada de más de un tercio de los anfibios tropicales ante la proliferación de enfermedades infecciosas generadas por las olas de calor derivadas del calentamiento global, entre otras incidencias que están poniendo en evidencia los riesgos que conllevan el  mantener las formas de vida que la sociedad actual ha adoptado en el último siglo.



En Montreal  se marco la prioridad para reducir las emisiones de gases que destruyen la capa de ozono, con Kyoto se ha pretendido minimizar los efectos de los gases contaminantes sobre el cambio climático; desde la UNESCO, la FAO y otras organizaciones se está intentando concienciar a los jefes de gobierno de las naciones del mundo para que controlen el excesivo desarrollo que atenta contra la calidad ambiental y se orienten a políticas solidarias que contribuyan al reparto de bienestar para dar de comer y beber a los que tiene hambre y sed; pero a los sectores que controlan el poder económico en nuestro planeta ese mensaje sigue sin afectarles, a pesar de que sea sobradamente conocido que unos mil quinientos millones de personas carecen de agua potable y que más de mil cien millones no disponen del mínimo consumo energético y proteínico en sus dietas alimentarias.

Los anuncios, las alertas, las reflexiones, los descubrimientos de los científicos e investigadores de cualquier  área del saber, se pierden en los estantes de las librerías y nunca llegan al “pueblo” en la forma  y con el fondo que debe transmitirse, manteniendo a éste en la ignorancia.



Tengo la sensación de que el “poder” no sólo deja sordos y ciegos a los que lo ejercen, sino que también los hace incrédulos pues siguen pensando que al “más allá” pueden transportarse las riquezas materiales acumuladas en su vida terrenal. El tema ha sido sobradamente analizado por sociólogos, filósofos, físicos, teólogos y antropólogos que han transcrito sus hipótesis y tesis en profusos tratados que seguro han enriquecido las bibliotecas de las más prestigiosas universidades,… “cual trovadores cantaron las odas al gran señor, sordo y ciego caballero que sólo cuenta el dinero nacido de la ambición”, y ahí está una gran parte del problema.
Quizás solo quede pendiente del análisis de los psiquiatras y ello sí que sería una “buena noticia”