El cambio que viene

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Benito de la Morena.
Benito de la Morena.
Benito de la Morena.
Benito A. de la Morena.

Benito A. de la Morena. Expertos de diversos ámbitos nos siguen avisando de que la reducción que hemos consensuado para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera son insuficientes, y animan a los líderes políticos a ser más exigentes para controlar los efectos de aceleración de deshielo de los casquetes polares y consiguiente cambio en la temperatura de las aguas oceánicas, e influencia en la climatología del planeta, cuyos efectos ya estamos empezando a percibir.

Pero los riesgos del cambio climático no sólo afectarán a la naturaleza y medio ambiente, hay otros riesgos de tipo político y de seguridad internacional que van a afectar a los intereses económicos, sociales, ambientales del Planeta y que tendrán, por lo tanto, incidencia directa en la seguridad internacional como efecto inducido, nos referimos a efectos como la reducción de la superficie agrícola mundial, la escasez de agua, la disminución de la producción alimentaria y de la pesca, y la inmersión de zonas importantes de algunas costas e incluso la desaparición de islas por el aumento del nivel de las aguas del mar, anteriormente mencionado, lo que provocará movimientos migratorios de las poblaciones afectadas hacia los países más ricos y con menos riesgo ambiental.



¿Es la solución al problema volver al control de las fronteras que se está debatiendo en la Unión Europea?

El flujo masivo migratorio podría superar los tres mil millones de personas y, por ello, es necesario adoptar medidas políticas severas que eviten las tensiones y disputas por el control de las fuentes de aprovisionamiento energético, y la adopción urgente de medidas que mejoren en lo posible la capacidad de gestión del calentamiento terrestre.



¿Están preparados nuestros gobernantes para la gestión de un problema de alcance mundial?

¿Podrán los políticos adoptar medidas en “pro” de una solución global a riesgo de perjudicar los intereses localistas?



¿Tendremos los ciudadanos la capacidad de ver que la solución al problema conlleva sacrificios personales cuyos resultados se empezarán a notar dentro de treinta o cincuenta años, cuando ya hayamos fallecido?

¿Qué grado de implicación personal “altruista” estamos dispuestos a soportar los ciudadanos? ¿Dejaremos de usar el coche, el aire acondicionado…?

¿Se atreverán los políticos “profesionales” a pedirnos que lo hagamos, o prevalecerá el temor del castigo en las urnas por pedir algo incómodo?

¿Les dejarán las multinacionales que se verían a afectadas por las medidas?

¿Castigáremos en las urnas a los gobernantes y “aspirantes” que no adopten medidas consecuentes con la gravedad del problema futuro que se avecina?

Ya han sido numerosas las reuniones que han mantenido los representantes de los dieciséis países que producen el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero. El grupo conocido por G8 que reúne a los países más industrializados del mundo, además de las grandes economías emergentes (China, India, Brasil, México y Sudáfrica), junto con Australia, Corea del Norte  e Indonesia, marcaron como objetivo el reducir en un 20% las emisiones de efecto invernadero de siderurgias, cementeras y sector eléctrico, antes del año 2030, pero en la última reunión en Qatar en diciembre 2012, volvieron a dilatar el cumplimiento real de las obligaciones del Protocolo de Kioto y aumentaron las discrepancias sobre las posturas a adoptar y así, países que lo rechazan como EEUU, China, India, Pakistán, Canadá, Japón, Rusia… pueden seguir con su libre emisión de gases, a diferencia de los países de la UE y otros  que si asumen el compromiso.

Mientras tanto, los ciudadanos de a “pie” seguimos recibiendo antídotos contra el pensamiento razonado y razonable (futbol invasivo, conciertos extremos de rock, metal, gótico, electro, hardcore, punk y etc.…..) que elevan la adrenalina. No obstante yo todavía confío en la reacción sensata de la juventud formada y con valores.