Relato de las horas

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Ramón Llanes. Ha oscurecido y las horas siguen sonando en el campanario del tiempo, sin libertad para desbocarse, dormirse más tarde o levantarse nunca. Se han recogido todos: las almácigas, los enebros, el lubrican, la solana, los ojos del puente, todos se han recogido para no ofender a la noche, todos, menos el tiempo. La armonía de las horas presienten siempre lo mismo, las mismas oscuridades o la misma claridad, sin cambio, sin revés, sin una pizca de sobresalto.

El tiempo no se fortalece por la mucha luz, las horas no caminan más lentas por el cansancio, la vida no les importa ni aligerarla ni apelmazarla ni dormirla, es un tren invicto que resume su elegía en la puntualidad, para avisar de las llegadas de las lumbres, para observar objetivamente el comportamiento de los seres, a quienes ni corrige ni increpa ni nutre, solo erosiona. Por su culpa estamos aún en esta trampa, -dirán unos-; por su veleidad disfrutamos de la luz -comentarán los otros-. Siempre sin condolencia, el suspiro es un halago, la tragedia es cómica, la velocidad es lenta; las pautas están ordenadas por la sinrazón del péndulo, tiempo y juez.



No podemos dominar no tenemos el derecho a dominar al tiempo después de estar en posesión de todas las verdades y de haber tenido la capacidad para modificar misterios naturales, luces, espacios y filosofías. Con el cursor del tiempo siempre nos falla el programa, no hemos elegido el enlace adecuado ni se nos admiten sugerencias para mover acaso el columpio a otro lado distinto, tal vez menos ecléctico o más robusto. ¿Será el tiempo nuestro mayor enemigo?, ¿el mayor enemigo de nuestra civilización?.

Figuradamente, como si hiciera la metáfora del día, -ahora que ni es de noche ni amanece ni está lloviendo- engaño al tiempo con un puñado de recuerdos. Yo sé de dónde vienen, dónde estaban, cómo ocurrieron, cómo los he guardado; el tiempo no tiene memoria, no sabe si la tormenta es un bostezo o una algarabía; no sabe quién ordena el despertar de los pájaros, no sabe más que el instante, luego es pasado, sin aprendizaje sin empleo.