La onubense Paloma Martínez, una inquieta cooperante internacional de Naciones Unidas en República Dominicana

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Paloma Martínez, con algunos compañeros de trabajo en República Dominicana.
Paloma Martínez, con algunos compañeros de trabajo en República Dominicana.
Paloma Martínez, en Naciones Unidas.
Paloma Martínez, en Naciones Unidas.

Mari Paz Díaz. Paloma Martínez es una onubense de Las Colonias que estudió en el CEIP Manuel Siurot y el Instituto La Rábida. De aquellos centros educativos conserva amistades, a pesar de que la vida esta onubense ha sido muy cambiante desde entonces. Porque después de estudiar la Licenciatura de Filosofía en la Universidad de Sevilla, donde fue alumna interna del Departamento de Lógica durante cuatro años, al finalizar la carrera quiso seguir formándose. Ya durante la etapa universitaria tuvo oportunidad de marcharse un mes a la capital francesa, a París, y cinco meses a Sliema (Malta) para mejorar su nivel de idiomas con dos becas. Serían sólo las dos primeras salidas al extranjero de esta ‘Onubense por Mundo’ que desde entonces hasta ahora ha recorrido varios países.

Paloma, como maestra de ceremonias.
Paloma, como maestra de ceremonias.

Interesada desde siempre por las cuestiones relacionadas con la necesidad de paliar el sufrimiento humano, la violencia y el género, en 2006 obtuvo la beca de la Fundación Social La Caixa para realizar un Máster sobre Cooperación y Desarrollo en la Universidad de Granada, al mismo tiempo que se matriculaba en la Licenciatura de Criminología en Alicante, por lo que tuvo que instalarse en Granada e iba a Alicante para hacer los exámenes.



Durante las prácticas del Máster le surgió una nueva oportunidad de salir fuera de España. Hizo las prácticas en la ONG Colectiva ‘Mujer y Salud’ en Santo Domingo, en República Dominicana. Esta estancia le permitió poner en práctica la teoría aprendida, además de contactar con el movimiento feminista dominicano, lo que la dejó gratamente sorprendida.

La joven onubense, en su lugar de trabajo.
La joven onubense, en su lugar de trabajo.

En 2008 volvió a Malta durante cuatro meses con la Beca Leonardo Da Vinci, donde estuvo trabajando en The Association of Women in Business, asesorando en temas de violencia de género, y después como maestra en un colegio con niños pequeños.



Tras estas experiencias, Paloma tuvo la oportunidad de trabajar en Huelva, en el Punto de Encuentro Familiar para situaciones de violencia de género y en el Servicio de Atención a Víctimas de Andalucía (SAVA), un servicio público de interés social regulado por la Junta de Andalucía y gestionado por Atenin SCA.

Asegura que “trabajar en el SAVA le permitió crecer tanto profesionalmente como personalmente al atender a personas víctimas de delitos, ofreciendo un trato humano y personal desde una visión multidisciplinar”. Toda una responsabilidad que le animó a continuar formándose, pues considera que trabajar con las víctimas necesita de una renovación formativa constante como única forma de dar una atención adecuada. Por ello, además de cursos especializados en temas de mediación, atención a víctimas y violencia de género, se matriculó en Trabajo Social en la UNED, carrera que acaba de finalizar en México DF.



Paloma Martínez, con algunos compañeros de trabajo en República Dominicana.
Paloma Martínez, con algunos compañeros de trabajo en República Dominicana.

En 2010 continuó con su trabajo en el SAVA, compaginándolo con el hecho de impartir la asignatura ‘Valores, Derechos Humanos, Paz y Género’ en el Grado de Derecho en la Universidad de Huelva. Además, desde 2001 ostenta la presidencia de  de la Asociación de Mujeres Progresistas Victoria Kent de Huelva, una entidad que trabaja en la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres.

En 2011, animada por una gran amiga, solicitó y obtuvo una beca de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (Aecid), con la que volvió a Santo Domingo a trabajar en el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), donde estuvo primero con la beca y, después, con un contrato. En total, estuvo allí un año y tres meses. Esta agencia trabaja principalmente la prevención de la violencia de género y la mejora de servicios de atención a las víctimas, la salud sexual y reproductiva y para generar los datos estadísticos para la incidencia política.

Tras este impresionante bagaje, esta onubense de Las Colonias volvía a marcharse el pasado mes de febrero. Esta vez a Dajabón, una ciudad de la República Dominicana situada en la zona fronteriza con Haití, donde trabaja como Cooperante de la ONG inglesa ‘Progressio’, en la Fundación de Intercambio Cultural entre los Pueblos del Caribe (Funcar). Con todo, son dos años los que esta onubense lleva en este país, hasta donde le ha acompañado su pareja, que le ha apoyado en todo momento.

Entrada a la zona de Las Terrenas.
Entrada a la zona de Las Terrenas.

-¿Por qué decidiste irte fuera?
Aunque tengo la suerte de decir que he disfrutado de cada trabajo que he tenido y que mi labor en el Servicio de Atención a Víctimas de Andalucía me llenaba profesionalmente, me sentía dividida. Por un lado estaba mi pasión por trabajar en mejorar la situación de las víctimas y, por otro, la cooperación. Así que cuando tuve la oportunidad de formar parte del Fondo de Población de las Naciones Unidas vi la posibilidad de combinar ambas esferas. Por ello, después de mucho meditarlo, hice las maletas y me marché. En esta decisión me influyeron otros factores, como los salarios en España, que no están compensados ni con la formación ni con el trabajo en sí, sin olvidar el elevado coste de vida, así que cuando uno se da cuenta, solo trabaja, su dinero no le da para disfrutar de nada más.

-¿Cuánto tiempo llevas fuera de España?
Ahora llevo cerca de dos años en República Dominicana. Vivo con mi pareja Luis, el cual sin pensárselo dos veces decidió acompañarme desde el principio. Para mí es mi gran apoyo y mi fuente de energía. Se ha adaptado muy rápido a vivir en esta zona e, incluso, ha podido seguir practicando taekwondo, su pasión. Junto con ‘Tunde’, mi gatita dominicana, es mi familia más cercana.

Paloma con su pareja en México, donde ha acabado la carrera de Trabajo Social.
Paloma con su pareja Luis en México, donde ha acabado la carrera de Trabajo Social.

-¿Cuál es tu balance de la experiencia?
De cada cosa vivida, de cada persona conocida, aprendo, me nutro día a día. No voy a negar que hay momentos muy difíciles. República Dominicana es un país en vía de desarrollo y todo no es como en las zonas turísticas que nos muestran en la televisión. Hay lugares muy empobrecidos y personas que viven con muchas carencias y necesidades. Por eso, en ocasiones, mi trabajo es duro, porque vivo la parte que no se muestra. Pero hay que saber aprender de todos los detalles que te da la vida, de cómo se puede ser feliz con poco, de la capacidad del ser humano para sobrevivir y superar barreras, de todo. Nunca me imaginé poder vivir sin lo que creemos que es lo normal y necesario: un televisor, un microondas, una tostadora, agua potable, agua caliente… Y, sin embargo, ya llevamos dos años y somos felices.
Otro aspecto que ha sido positivo es que al estar en el extranjero y no existir UNED en República Dominicana, he tenido que salir fuera del país para hacer los exámenes de la carrera de Trabajo Social. Así, el año pasado decidí hacer los exámenes en Nueva York, donde aproveché para visitar Philadelphia. Y, este año, los he realizado en México DF, donde he finalizado la carrera. Es decir, esta situación ha sido una excusa para viajar. En México he estado catorce días y me ha encantado.

Estudiando en la UNED de Nueva York.
Estudiando en la UNED de Nueva York.

-¿Cómo es vivir en República Dominicana?
-República Dominicana es muy diferente a España, como se puede comprobar por ejemplo en los servicios públicos. Los dominicanos tienen muchas quejas del sector de la salud y la educación. La calidad de las instalaciones, el personal, los precios…, son sus grandes debilidades. Los salarios aquí son excesivamente bajos. Un sueldo de un maestro puede alcanzar los 300 euros al mes o el de un policía rondar los 200 euros mensuales, por lo que se hace complicado mantener una educación o costear problemas médicos.
También hay diferencias en materia de leyes, al menos por el momento. Por ejemplo, en República Dominicana está prohibido el matrimonio entre personas del mismo sexo, no existe nada similar a la Ley de Dependencia y actualmente se está debatiendo un código penal que prohibiría totalmente el aborto. Hay que tener en cuenta que aquí hay un Concordato con la Iglesia.

Paloma, en el motoconcho.
Paloma, en el motoconcho.

La delincuencia es elevada y el número de casos de víctimas de feminicidios -mujeres asesinadas por su pareja o expareja- triplica las de España, teniendo en cuenta que República Dominicana solo tiene diez millones de habitantes.
Otra de las cosas que llama mucho la atención al extranjero que llega a este país es el tráfico y el transporte ‘público’. Hay un transporte llamando carro, que es un coche que no pasaría la ITV. En este vehículo van 7 personas, incluidas el conductor, y en el asiento del copiloto van dos personas. Después están los motoconchos, que es un conductor de una moto que puede llevar hasta 3 pasajeros. Hay otros transportes, más al estilo de los autobuses, pero esos dos primeros son muy llamativos. Son de los más económicos y, por tanto, muy usados. No cabe ni mencionar que en el motoconcho no se lleva casco.
Una diferencia positiva con España es que en República Dominicana el sector lúdico es mucho más económico: la entrada al cine, los conciertos, una copa en un bar o el turismo interno.

Paloma, montada en la guagua.
Paloma, montada en la guagua.

-De todos los países donde has vivido, ¿con cuál te quedarías?
Tengo que reconocer que Malta me enamoró. Es un país precioso, rodeado de agua (me encanta el mar) y con una historia impresionante, ya que por su situación geográfica sufrió batallas y conquistas continuas. República Dominicana tiene una belleza natural inmensa, montañas, ríos, una vegetación rica… Hay zonas que son un auténtico paraíso natural. Las Terrenas, por ejemplo, nos enamoró. Se trata de una zona costera de pescadores, todavía no muy explotada, con unas playas preciosas. Además, pudimos disfrutar del avistamiento de ballenas, que ha sido una experiencia única.

Paisaje dominicano de Las Terrenas.
Paisaje dominicano de Las Terrenas.

-¿Cómo es Dajabón, la ciudad donde vives?
-Dajabón es una ciudad pequeñita, pero muy acogedora. Tiene muchas limitaciones en cuanto a servicios (hospitales, escuelas, centros lúdicos). Hay mucha más pobreza si lo comparas con la capital, pero en términos generales se vive bien si no eres una persona que necesite lujos. Hace frontera con Wanament (Haití), lo que le da un matiz distinto por las relaciones binacionales que se producen.
En esta ciudad se da dos veces a la semana, los lunes y los viernes, un mercado con carácter binacional, ya que la frontera se abre para aquellos haitianos que vienen a vender al mercado. Funcar-Centro Puente hace un trabajo muy importante fortaleciendo y organizando a las mujeres que trabajan vendiendo en el mercado.

Mercado de la ciudad de Dajabon.
Mercado de la ciudad de Dajabon.

-Y los dominicanos, ¿cómo son?
El dominicano o dominicana creo que tiene el carácter típico de isleño, como pasa con los canarios: amable, cálido, risueño, muy acogedor. Yo que soy muy obsesiva con la planificación, sí veo que aquí se vive mucho en el día a día, no hay la cultura del ahorro o de planificar un futuro lejano. Culturalmente predomina el machismo, como en la mayoría de los países. Y hay un racismo muy arraigado históricamente. Lo que llama mucho la atención es que cuanto más humilde es la persona, si solo tiene un plato de arroz, lo comparte contigo.
Por mi trabajo, he tenido relaciones con personas de diversas partes de Latinoamérica y El Caribe y, en general, son muy similares a los andaluces: cercanos, alegres y, por supuesto, recortan “to” las palabras como nosotros.

Manglares Montecristi.
Manglares Montecristi.

-¿Cuál es la imagen que tienen de España?
Suelen tener una buena imagen de España, de la educación, el nivel de vida y los avances en materia de género. Para muchos, España es la tierra prometida. La comida es apreciada y en algunos supermercados te encuentras aceitunas, jamón y aceite de oliva de marcas españolas. Cuando imitan a un español me ponen nerviosa, todo es ‘oztia tío joder, zoy ezpañó‘ nos imitan con la ‘z’, porque al escucharnos les predomina ese sonido que ellos no usan. Aquí existe seseo.
El movimiento feminista está alarmado por los cambios, ya que España ha sido un país de referencia en materia de igualdad. Se habla de la actual crisis y muchas personas dominicanas han regresado de España.

Paloma ha aprovechado sus exámenes en la UNED para viajar. Aquí, en el Puente de Brooklyn.
Paloma ha aprovechado sus exámenes en la UNED para viajar. Aquí, en el Puente de Brooklyn.

-¿Qué estás haciendo en estos momentos?
-Trabajo en ‘Progressio’, que es una ONG inglesa dedicada principalmente a dos grandes áreas: el medio ambiente y el fortalecimiento institucional. Como cooperante de ‘Progessio’, estoy en esta segunda materia. Soy asesora de fortalecimiento institucional en la Fundación de Intercambio Cultural entre los Pueblos del Caribe (Funcar-Centro Puente). Esta entidad tiene mucho valor por el trabajo que viene haciendo desde su creación en el año 1993. Todas sus acciones han estado muy enfocadas en mejorar las relaciones entre la población dominicana y la haitiana. A lo largo de estos años ha formado diversos grupos de mujeres (vendedoras del mercado, artesanas y trabajadoras del hogar), generando en las mujeres las habilidades necesarias para poder defender sus derechos y los beneficios mismos de estar organizadas.

-¿Te has marcado algún nuevo objetivo o reto?
-Desde hace algunos años estoy intentando vivir el presente. Mi reto actual es mi trabajo, conseguir los objetivos marcados para este año y seguir generando acciones que contribuyan a mejorar la vida de las personas.

Zona de Puerto Plata.
Zona de Puerto Plata.

-¿Qué piensa tu familia de tu aventura?
Creo que hay división de opiniones. Desde mi madre que se disgusta y piensa que es una locura, hasta los que me apoyan. Pero es un apoyo de “si es lo que ella quiere”. En realidad, todos preferirían que estuviera allí o, en todo caso, en algún país de Europa.

-¿Y tus amigos?
Nos echamos mucho de menos. Siempre me han apoyado y animado a continuar, pero con carita de pena por la distancia.

-¿Cuáles son tus planes futuros?
Ser feliz, seguir haciendo cosas que me hagan sentir realizada. Por regla general, los puestos de cooperante no son de muy largo plazo. Estoy contenta donde estoy, pero la esencia de mi trabajo es precisamente no ser imprescindible. No sé dónde estaré el año que viene ni si volveré a España. Todo dependerá del trabajo, de los nuevos retos marcados.

Paloma, bailando salsa.
Paloma, bailando salsa.

-¿Qué es lo que más echas de menos de Huelva?
Sin lugar a dudas tengo que nombrar a la familia y a mis amigas y amigos. Echo mucho de menos los encuentros familiares. Nosotros nos reunimos con cada excusa que encontramos y son momentos de risas, discusiones…, la esencia de la familia. La verdad es que hay fechas claves donde siempre andamos muy tristes: los cumpleaños, Navidad, Fin de Año y, como no, los Reyes Magos, que en casa de mis padres se sigue celebrando como cuando éramos chicos, todos vamos por la mañana y cada uno abre sus regalos con la mayor ilusión. Son momentos que añoro. Tanto Luis como yo nos hemos perdido nacimientos de personitas importantes. Primero nació Iván (sobrino por parte de mi hermana). Yo ya no estaba en España, aunque Luis sí. Después nació Jaime (sobrino por parte de la hermana de Luis) y ninguno pudimos estar. También echo de menos a mi sobrino Samuel.

La joven, en la UNED de México.
La joven, en la UNED de México.

Mis amistades… Aunque hablo con ellas por internet, las echo mucho de menos, tomar un café con ellas, las confidencias, las risas…
Y, claro, hay algo importantísimo que echo de menos: la ¡comida! Soy 100% choquera, así que echo de menos mis chocos, las coquinas, las pijotas, las acedias, las habas enzapatá, la caña de lomo, el jamón, la aguja palá… Mejor no sigo.

-¿Recomendarías a la gente que viva un tiempo fuera de España?
Sin duda alguna. Cuando uno solo conoce una realidad, piensa que esa es la única verdad, que así son las cosas. Para crecer personalmente hay que abrirse al mundo, ampliar los horizontes. Cuando las opciones son difíciles por falta de dinero, becas u ofertas de trabajo, recomiendo a todas las personas de Huelva que aprovechen la riqueza de la diversidad cultural que tenemos en la provincia para acercarse a otras culturas, ver otras formas de vida, que lo desconocido se vuelva cercano. Sólo así perdemos los miedos y se acaban los prejuicios.

-Para terminar: un mensaje a los onubenses.
-¡Qué arriesguen! El miedo muchas veces nos paraliza. Y eso va acabando poco a poco con nuestra vida. Hay que ampliar las opciones y encontrar nuestro verdadero espacio. Si sólo me muevo en un mismo sitio, realmente no puedo saber si es ahí donde debo estar.