Juan Manuel Muñoz. ‘Me miras, pero no me ves’, este fue el lema elegido para la fiesta de ‘fin de curso’ organizada por el centro de acogida ‘Cristo Roto’ de Gibraleón, de la Asociación de Obras Cristianas, creada y tantos años capitaneada por el padre Diego Suárez Mora.
Niños y niñas huérfanos, personas con distintos grados de discapacidad, tanto física como mental, y mayores son cuidados en este lugar ejemplar donde el ser humano es el centro de atención, respeto y cariño de un puñado de gente que entiende que la vida no es otra cosa que hacer feliz, admirar y dignificar la existencia de criaturas que no tienen absolutamente nada ni a nadie.
Con la sencillez que sólo es capaz de transmitir la gente sencilla y desprendida, se organizó un encuentro modesto de recursos pero rico, muy rico, en testimonios que dejan helada la sangre al más insensible.
Hubo un momento especialmente emotivo, cuando todo el centro de atención estuvo puesto en una persona con parálisis cerebral que apenas podía sostenerse en una silla. Solo, completamente solo en el escenario, con el único fondo de un telón negro, su imagen cautivó a cuantos lo miraban y, al tiempo, escuchaban una voz en off que hablaba de cómo vamos por la vida mirando pero sin ver.
No vemos el sufrimiento de la gente, sus problemas, de cómo apenas son capaces de sostener sus vidas, mientras nos sentimos los más desgraciados del mundo por cuestiones que para esas personas son absolutamente desconocidas e insignificantes.
Poco a poco, esta persona con discapacidad es rodeada en el escenario por otras muchas y en un momento determinado todas levantan sus brazos y en un esfuerzo sobrecogedor aúpan al protagonista, quien con una alegría enorme siente, a su manera, cómo todos, además de mirarlo, han sido capaces de verlo y sentir su limitada existencia.
Apreciar cómo hay tanta gente que es capaz de basar su vida en la ayuda a los demás, desde los más sencillos comportamientos, es muy gratificante. Con la que está cayendo, con tanto insaciable amasador de fortunas ilegales e inmerecidas, que, como dice el Papa Francisco, no se las llevarán colgadas en su ataúd, ver el rostro de la verdad en estas criaturas de Cristo Roto nos conmueve en el alma.
Y como decía la voz en off de la representación, “espero que algún día me mires y me veas…”
















