Daniel Rubio, un periodista onubense que coordina el equipo de traducción de un digital en Japón

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Ana Rodríguez. Cuando somos jóvenes, todos tenemos sueños, pero suele haber uno en especial que nos gustaría cumplir. Daniel Rubio Pérez tenía ese deseo muy claro y se ha llevado toda su vida preparándose para alcanzarlo, hasta que al final lo ha logrado. Lo que más quería este onubense, periodista de profesión, era vivir en Japón, un país que siempre le atrajo y que ahora se ha convertido en su nuevo hogar.

Daniel llevaba años estudiando japonés cuando viajó por primera vez al país asiático.
Daniel llevaba años estudiando japonés cuando viajó por primera vez al país asiático.

Daniel nació en Huelva, se crió en el polígono de San Sebastián y estudió en el Colegio Juvenal de Vega, el IES Estuaria y el IES Alonso Sánchez. Posteriormente, su vocación le llevó a la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla donde se sacó la licenciatura en Periodismo aunque ya con la mente puesta en su principal objetivo.

– Mientras hacía la carrera en Sevilla empezó a estudiar japonés, ¿no es así?
– Así es. En el segundo año de carrera, en el curso 2002-2003. Desde siempre había querido estudiar el idioma, y en Sevilla se me presentó la oportunidad. Nunca me perdí una clase, que recuerde.



– ¿De dónde le viene esa atracción por la cultura japonesa?
– Ya desde muy pequeño Japón y Asia Oriental en general me han atraído especialmente. Creo que tiene que ver con la imagen que entonces se vendía en los medios de comunicación de sociedad modélica, una imagen que ha ido cambiando con el tiempo. Cuando comencé a estudiar por mi cuenta la historia fue cuando realmente decidí que quería venir, y la única vía posible era estudiando el idioma.
Por otra parte, por alguna razón, desde pequeño leía cualquier cosa sobre Japón que encontrase, y veía igualmente el cine japonés. Esa atracción por la cultura japonesa, y por su arte, tiene que ver mucho con que se presente a menudo como un país enigmático. En realidad no tiene nada de enigmático, pero es muy fácil caer en ese embrujo.

– ¿Cuándo fue su primera estancia en Japón?
– Fue en 2007, después de que me rechazaran en una convocatoria de beca de investigación. Estuve lo máximo que me permitía el visado, gracias a haber ahorrado todo lo posible durante un tiempo. Aproveché para recoger documentos, datos y hacer entrevistas para mi periodo de investigación del doctorado. Todo lo que aprendí e investigué entonces lo plasmé en mi tesina. Luego pude volver, esta vez becado por la Fundación Japón, entre septiembre de 2008 y junio de 2009, tiempo que pasé en Osaka, donde fui muy feliz. Entonces decidí que quería vivir en Japón.

Lo que más echa de menos este onubense es a su familia y la comida.
Lo que más echa de menos este onubense es a su familia y la comida.

– ¿Cuánto tiempo lleva en Japón?
– Desde la última vez que vine, casi un año. Junto al periodo de investigación aquí y a mis tres meses como turista, aproximadamente dos. Y espero que sean muchos más.

– ¿Cómo era su vida antes de irse definitivamente para Asia?
– En realidad he hecho muchas cosas. Hasta 2008 trabajé como becario de comunicación y redactor en varios sitios mientras hacía el doctorado. El último fue un periodo de tres meses en Europa Press Andalucía, donde aprendí mucho. Posteriormente, desde que volví a Huelva en 2009 conseguí mi primer trabajo que no era de becario como responsable de comunicación en la Unión Provincial de CCOO Huelva. Un buen trabajo, con buenos compañeros y amigos. Mi vida era bastante buena entonces. Además, me quedaba tiempo para hacer un programa de radio semanal sobre comunicación y periodismo en Uniradio, llamado El Tipómetro, con Gerardo Macías. Hoy el relevo lo han tomado, bien tomado, Gerardo y David Melero.

– También estuvo vinculado a la Universidad de Huelva…
– Efectivamente. Entre 2009 y 2011 fui profesor de japonés en la Universidad de Huelva. Sigo en contacto con mis alumnos, que son también buenos amigos. Incluso una alumna mía obtuvo en 2012 una beca y ha estado estudiando en Japón durante una temporada. Ellos lograron que yo me sintiese realizado.

– Si las cosas en Huelva, al parecer, le iban bastante bien ¿por qué decidió dejar tu trabajo en CCOO e irse de nuevo?
– Venir a trabajar a Japón era un plan que tenía pensado desde hacía mucho tiempo, especialmente para perfeccionar el idioma y conocer este país en profundidad. Mi trabajo era muy bueno, y mi vida en Huelva estaba muy bien, aunque entonces no supiera verlo. Pero cuando tengo un objetivo soy bastante obcecado, y al final decidí que tenía que arriesgarme a venir.

Daniel Rubio trabaja en nippon.com.
Daniel Rubio trabaja en nippon.com.

– ¿Cómo fue la incorporación al mundo laboral japonés?
– Desde agosto de 2012 trabajé en una empresa que se dedica a investigar contenidos para programas de televisión japoneses, algo que aquí llaman “media research”. Además del trabajo de investigación, tenía que traducir del inglés al japonés, y contactar con otras empresas en el extranjero. Sin embargo, como era ‘trabajo a media jornada’, que era lo que me permitía mi visado, el sueldo apenas me daba para vivir. Ahora, en cambio, las cosas han cambiado. Cuando ya creía que no iba a encontrar nada, surgió una oportunidad para trabajar en el distrito de Tokio donde está toda la prensa importante del país.

– ¿Y en qué consiste su actual trabajo?
– Ahora trabajo en Nippon.com, desde mayo. Mi trabajo es de traducción, coordinación del equipo de traductores y gestión de la web y las redes sociales, además de otras tareas menores. Es un trabajo que combina mi interés por la investigación sobre temas de Japón, con mi vocación periodística. Es un sitio perfecto. Pero tengo marcados unos objetivos. Queremos hacer llegar a todo el mundo la información que publicamos sobre Japón en seis idiomas. Es la primera web que reúne artículos de los principales expertos japoneses, que escriben sobre muy variados temas, en los idiomas más hablados del mundo.

– Parece un trabajo muy interesante, ¿cómo es su día a día?
– Me despierto sobre las 6.00 de la mañana, tomo un café y voy a la estación de metro. En 30 minutos llego a Kasumigaseki, que es donde trabajo. Como suelo llegar con antelación, desayuno algo más fuerte mientras leo un libro o las noticias. A las 9.30 entro a trabajar, tengo una hora para almorzar a partir de las 12.30. A las 18.30 suelo terminar, y vuelvo a casa, donde ya ceno, me relajo un poco, y me pongo a estudiar japonés. Los fines de semana los tengo libres, así que me dedico a viajar un poco o a descansar y pasear por la zona en la que vivo.

Una de las grandes pasiones de Daniel Rubio es la fotografía.
Una de las grandes pasiones de Daniel Rubio es la fotografía.

– Sigue estudiando japonés, ¿aún no domina perfectamente el idioma?
– En absoluto. Aún me hace falta estudiar mucho para obtener el máximo nivel oficial de japonés, ya que es un requisito fundamental que me exigen en mi nuevo trabajo. El japonés es un idioma muy complicado, que tiene distintas expresiones dependiendo de la situación y el contexto. Por ejemplo, aunque he bregado con el lenguaje honorífico desde hace tiempo, aún hay algunas expresiones que no alcanzo a comprender dentro de la empresa. Aún así, ya casi estoy en el punto en el que podría leer un periódico sin apenas problemas. Los caracteres Kanji, de los que hay alrededor de 1.945 que son imprescindibles, son una barrera muy difícil de derribar.

– ¿Cuáles son sus planes futuros?
– Ahora mismo seguir trabajando duro y obtener el máximo título oficial de aptitud en lengua japonesa. En el futuro también me gustaría tener mi propio negocio, aunque siguiese trabajando en la misma redacción en la que estoy ahora, porque me encanta.

– ¿Fueron difíciles los primeros momentos?
– Desde 2012 lo pasé realmente mal, y pensé muchas veces en volver a España. Aquí la vida es muy cara, y trabajando a media jornada, con el sueldo que tenía entonces, que era realmente bajo, el día a día en Tokio se me hizo muy duro. Pero ya lo he dicho, soy obcecado. Mis padres y los profesores del colegio donde estudié la EGB me enseñaron que las cosas sólo se consiguen con constancia. Aunque es una lección que me ha costado trabajo aplicar en algunas cosas, para lo que realmente quiero la he aplicado sin ningún problema. Y aquí estoy.

Tomando imágenes en Sakura.
Tomando imágenes en Sakura.

– Podría decirme algunas semejanzas y diferencias entre la cultura de vida japonesa y española.
– (risas) Se podría escribir una tesis doctoral. Hay muchas diferencias, más que semejanzas. Yo diría que la principal es que en Tokio, y no en Japón, porque el resto de Japón es un poco diferente, el carácter de la gente es distinto. No diría más frío, pero sí menos entusiasta y centrado en el trabajo y el hogar. Una diferencia fundamental es que aquí casi nadie almuerza en familia, o en su casa. Y cenar, aunque hay más gente que lo hace en casa, también es raro. La vida familiar se limita, como mucho, a las noches y el fin de semana. Y para quedar con amigos tienes que planearlo con un mes de antelación a veces.

– ¿Qué le gusta más de allí?
– Me gusta la seriedad con la que se trabaja y se hacen las cosas. Todo está organizado, por norma general, para ofrecer las máximas facilidades a la gente. La ciudad es enorme, pero es muy fácil moverse en ella porque los medios de transporte funcionan con una precisión milimétrica. Sobre la gente no puedo opinar. Creo que en ese caso me quedaría con la gente de Osaka, en lugar de con la de Tokio.

– ¿Tiene contacto allí con otros onubenses?
– No conozco a ningún onubense en Japón aún, aunque me encantaría conocer a alguien de mi tierra aquí.

En un espectáculo de luchadores de sumo.
En un espectáculo de luchadores de sumo.

– ¿Qué costumbres japonesas son más difíciles de digerir?
– Lo que más me revienta de aquí son algunas normas absurdas y que nadie te explique el porqué de esas normas. También lo cara que es la comida. En Huelva aún se puede comer mucho y muy bien. Aquí venden un montón de bebidas con vitaminas y otros complejos vitamínicos porque es difícil obtenerlas con la dieta habitual. Los trabajadores van cargados de cafeína hasta las cejas. Eso me ha llamado mucho la atención, y que la gente acepte su destino sin más, que la mayoría exprese poco su espíritu de protesta, aunque estén hirviendo en su interior. Aquí es raro ver a gente discutir. Por eso tienen la imagen de que los españoles somos muy “apasionados”, y que nos enfadamos con facilidad.

– ¿Qué actividades puede practicar allí que en España fuera impensable?
– Son tantas cosas… En Tokio puedes hacer prácticamente de todo. Por ejemplo, pasar un día visitando tiendas bajo tierra, sin ver la luz del sol. Hay centros comerciales conectados con las estaciones de metro y tren en los que hay más tiendas que en toda Huelva. Pero yo soy más de miradores. Me gusta subir a los miradores de los rascacielos y observar Tokio desde distintos puntos de la ciudad, ya sea en el edificio del gobierno metropolitano, en la Torre de Tokio, en la Mori Tower de Roppongi Hills, o en la nueva Tokyo Sky Tree, que acaba de cumplir un año.

– ¿Qué le diría a otros onubenses que están pensando en dar el paso que usted dio yéndose a Japón?
– Que piensen muy bien qué es lo que quieren, y que si no han estado en Japón, que vengan como turistas a experimentarlo. Yo he tenido suerte, pero tengo amigos que después de venir aquí no han encontrado nada y han tenido que volver a sus países. Si alguien quiere venir aquí pensando que va a encontrar trabajo, lo primero que tiene que hacer es hablar muy bien inglés, y por supuesto tener un buen nivel de japonés y ganas de seguir aprendiendo. Así uno tiene más posibilidades. Si ese es el caso, sobre todo hay que tener aguante, porque el comienzo, por norma general, va a ser muy difícil.

La disciplina de los japoneses es una de las cosas que más agradan al onubense.
La disciplina de los japoneses es una de las cosas que más agradan al onubense.

– Tras lo vivido, ¿ha cambiado la visión que tenía de su tierra?
– Siempre he tenido en Huelva gente que me ha enseñado y me ha apoyado. Solía ir cada año a Madrid también, por lo que siempre me he sentido también un poco madrileño. Gracias a esas visitas regulares a Madrid las grandes ciudades nunca me han intimidado. Si tengo que elegir, por supuesto me siento más andaluz, y onubense, que otra cosa. De pequeño tenía un acento tan fuerte que a veces era difícil entenderme. En verdad, con el tiempo he aprendido a valorar un poco más lo que hay en la tierra donde nací.

– ¿Qué echa de menos de Huelva?
– Muchas cosas: la familia, los amigos, la comida, el buen tiempo y el carácter de la mayoría de la gente. Pero sobre todo, poder ir al mercado del Carmen y comprar un montón de cosas buenas, entre fruta y verdura. Aquí la carne, fruta y verdura es tan rematadamente cara que, aunque parezca un tópico, es una de las cosas que más añoro. Y es que venir aquí ha sido lo mejor que he podido hacer, porque por una parte me ha servido para mejorar como profesional y para aprender más japonés y, por otra, para valorar más lo que antes no valoraba de Huelva. Ahora podría volver a Huelva y ser muy feliz.

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