Tren Zafra a Huelva, una columna vertebral que hay que mantener

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No es nuestro estilo demandar, sentados cómodamente en un sillón, derechos adquiridos que no resultan del esfuerzo cotidiano. No es nuestra dinámica proyectar demagogia ni colocarnos en los ojos vendas interesadas que nieguen la realidad. Esta filosofía está contenida en la esencia editorial de Huelva Buenas Noticias. El enfoque de nuestro diario, su orientación a las buenas noticias, es compatible, como ya indicamos al nacer, con un posicionamiento crítico y responsable en relación a la aportación que el medio debe generar en beneficio de la provincia a la que pertenecemos.

Por eso debemos mostrar clara y rotundamente nuestra denuncia y oposición a la agonía de la línea Zafra-Huelva. No se puede simplificar cayendo, una vez más para desgracia de este escaldado territorio, en la justificación política (de bajos vuelos) para posicionarse en un sentido o en otro. Ningún bien nacido o acogido de esta provincia puede negar una evidencia: el valor estratégico, fundamental, que la centenaria línea de Zafra a Huelva tiene para la demarcación andaluza tradicionalmente más abandonada, la de Huelva, ya sea por el Estado o por la Junta.



Esta última afirmación no es gratuita. Basta analizar el histórico de los presupuestos generales del Estado o de la Comunidad Autónoma para constatar tal discriminación. Y no hay paños calientes, es la triste realidad frente a la que siempre se ha producido una sumisa aceptación. Por otra parte, quitando el conflicto que desembocó en la afortunada creación de la Universidad, aquí sólo se ha movido la gente para reivindicaciones corporativas, grupales y parciales, azuzadas con frecuencia por el utilitarismo partidario en contra del adversario. En el caso que nos ocupa, por ejemplo, en 2008, cuando el trayecto se redujo de Zafra-Huelva a Jabugo-Huelva, un paso adelante en ese camino hacia el desmantelamiento, no se produjo lamentablemente ningún pronunciamiento.

La cuestión del posible cierre de la línea de la Sierra (del tirón o a muerte lenta, que para el caso viene a ser lo mismo), no afecta sólo a una serie de pueblos deficitariamente comunicados, ni a un colectivo profesional que ve en riesgo sus puestos de trabajo, sino que puede ser determinante en el desarrollo de esta provincia a la que parece que le faltan los ‘padrinos’ que tienen otras. Nos afecta a todos.



Y, como decíamos, no nos va el argumento fácil del agravio. Pero ante la evidencia hay que abrir bien los ojos: seis de las ocho provincias andaluzas tienen el lujo deficitario de un aeropuerto y la que no lo tiene (aparte de Huelva), Jaén, cuenta con varios tramos de obra del AVE aprobados. Sólo cabe la comparación con la provincia jienense, las otras seis están a años luz en infraestructuras. Y en esta comparación, además de esa posición sólida respecto a la alta velocidad, a fecha de hoy, Jaén tiene dos enlaces diarios en laborables de ida con Madrid y tres de vuelta. Huelva, uno y uno.

Este punto de partida comparativo debería servir para obtener alguna licencia, desde luego. Pero lo de la línea Zafra a Huelva no es un capricho, no es un empecinamiento irracional. Hay razones de mucho peso que justifican una defensa a ultranza de la misma, ya sea por parte de instancias centrales, que son las que ‘controlan’ el origen de la seria amenaza del desmantelamiento, o por el ámbito autonómico, que esperamos colabore respondiendo a un interés socio-económico con el que ha de estar comprometido, como con el resto de las provincias andaluzas.



Cuando hablamos de economía y presente o futuro en Huelva siempre hay que contemplar un pilar básico, el puerto. Un gran puerto con unas dimensiones y con una capacidad de crecimiento que probablemente no tenga parangón en toda España. Un canal logístico para el puerto como la línea de Zafra a Huelva es esencial para esa evolución que mejoraría los indicadores económicos del mismo. Pero, además,  la facilidad y estímulo que supondría un buen vial ferroviario (no lo que hoy opera) que cruzase la provincia de arriba a abajo, podría propiciar la creación de empresas productivas, algo indispensable para salir de la difícil etapa que vivimos. No es comprensible que existan explotaciones mineras activas, y otras en proceso de reapertura, en el entorno de la línea,  y que el mineral que procesan no sea transportado o se proyecte transportar a través de esta vía férrea destino puerto, lo que parece simplemente de sentido común. Este es un argumento de viabilidad que con voluntad de los responsables públicos debería traducirse en actuaciones concretas.

Las empresas, únicos motores consistentes de la economía, deben velar por su viabilidad, en un marco de ejercicio de  responsabilidad social; las administraciones tienen que facilitar la creación y el desarrollo de las mismas si pretenden defender con realismo un estado del bienestar. Esta ecuación es simple y a veces se pierde en el maremagnum de la demagogia populista. La cuestión de la Zafra-Huelva tiene, a nuestro juicio, como perspectiva fundamental el sempiterno déficit de infraestructuras de esta provincia, que no puede agravarse con su desmantelamiento.

Parece lógico pensar que si la línea en vez de cerrarse se acondicionase, por razones medioambientales, económicas (logísticas y turísticas), sociales y culturales, una plataforma de transporte que aún en precario ha conseguido vertebrar la provincia podría constituir una verdadera fuente de oportunidades. Queremos pensar que hay empuje, imaginación, decisión y responsabilidad en nuestra clase política. Este es un momento para demostrarlo. Sería tremendo que, una vez más, se enterrasen expectativas para Huelva.

La Diputación Provincial ya ha dado pasos, y uno tangible y definido de compromiso económico, lo que aplaudimos. A partir de aquí sólo caben respuestas de los otros dos interlocutores. Y Huelva demanda y necesita respuestas que sean buenas noticias.