El vapor ‘Don Hugo’, un romántico puente entre Huelva e Inglaterra en 1900

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SS "Don Hugo" atracado en 1903 en el Muelle de Minerales de la RTC, en el Odiel. Fotografía del onubense Diego Calle.
SS "Don Hugo" atracado en 1903 en el Muelle de Minerales de la RTC, en el Odiel. Fotografía del onubense Diego Calle.
SS ‘Don Hugo’ atracado en 1903 en el Muelle de Minerales de la RTC, en el Odiel. / Foto: Diego Calle.

Ramón Fdez. Beviá. Una de las consecuencias negativas del maltrato a la identidad de Huelva es la incomprensión de muchos respecto a su verdadera naturaleza marítima. Miramos con sana envidia a capitales próximas, como Cádiz o Málaga,  donde sí se siente esa brisa del mar de forma permanente en el imaginario colectivo.

Responde a la actitud de situarnos de espaldas a un mar que realmente ha marcado nuestro devenir. Injusticias aparte, y en línea con este desapego, no ha sido costumbre personalizar la historia náutica de Huelva sobre la “vida” de sus barcos. Al margen de las tres embarcaciones de Colón y alguna de las canoas de Punta Umbría (y ya ni eso) es muy probable que si hiciésemos la pregunta entre sus ciudadanos sobre nombres de barcos que hayan estado ligados, con un puerto tan relevante, a esta historia onubense, las respuestas serían casi inexistentes.



Resistiéndonos a esa carencia, proponemos en estas líneas la atención sobre un barco que durante 16 años, de 1899 a 1915, sirvió de puente a la Riotinto Company entre Huelva e Inglaterra, el steamship ‘Don Hugo’. Y aunque tenía bandera inglesa nació con el único propósito de atracar en el puerto onubense varias veces al mes, con lo que nos atrevemos a calificarlo como de aquí, algo percibido por la población de entonces, que sí miraba al mar y se sentía orgullosa de que una nave de este porte tuviera ese vínculo con Huelva.

Construido en Glasgow, por encargo de la compañía minera, en los astilleros de Dunlop David J. & Co (que operó hasta 1911), fue botado en octubre de 1899 y, siendo calificado como un  excelente vapor de acero a hélice, presentaba unas dimensiones que en aquella época llamaban la atención: casi 100 metros de eslora (la longitud de un campo de fútbol), 12 metros de manga y un desplazamiento de 2.244 toneladas.



El "Sidi Ferruch", buque francés similar a nuestro protagonista, construido en la misma época y astillero.
El ‘Sidi Ferruch’, buque con análogo diseño y dimensiones que los del ‘Don Hugo’, construído en 1901 por el mismo astillero de Glasgow.

Era un buque mixto de carga y pasaje, disponiendo de determinados lujos interiores para el disfrute de 20 pasajeros de primera clase y 10 de segunda, amén de la oficialidad. Unos camarotes con elementos propios de un trasatlántico se complementaban con un magnífico salón de 40 metros de largo. El lujo en los detalles se concretaba en tallados en madera de roble en las paredes interiores y en todo tipo de muebles, espejos, y chimeneas; la tapicería era de terciopelo y los cortinajes en tela de damasco, cubriéndose el suelo con nobles alfombras belgas. En aparejos de estiba y fuerza motriz el buque estaba a la última. La madrina del buque fue la señora Matheson, esposa del presidente de la empresa minera con cuyo nombre de pila fue bautizado el barco, matriculado en Londres con el número oficial 112631. En el acto de botadura estuvieron dos “representantes” de Huelva, directivos de la firma, su capellán, el reverendo John Jeffrey y Mr. Anderson.

Cabo de Roca, punto mas occidental de Europa y lugar donde la tripulación del Don Diego tuvo un comportamiento heroíco
Cabo de Roca, punto más occidental de Europa y lugar donde la tripulación del ‘Don Hugo’ tuvo un comportamiento heroico.

Tardaba tan solo tres días y medio en unir Huelva con el Reino Unido y, al margen de transportar cáscara de cobre, ocupaba sus cómodos camarotes con los directivos de las minas y otros visitantes británicos, banqueros, comerciantes, que venían a conocer el principal complejo minero-industrial del mundo. Su primer comandante fue el capitán Jones, del que sabemos que, como mínimo, fue responsable del buque hasta finales de 1908, cuando tuvo lugar un heroico episodio que lustra la historia y el nombre de esta embarcación onubense de adopción.



Habiendo dejado muy atrás Huelva, subía el ‘Don Hugo’ por la costa portuguesa, en medio de un fuerte temporal, a la altura de Cabo Roca, en la noche del 8 de noviembre de 1908. Aun en la escasa visibilidad de la tormenta, avistó la draga ‘Eraque’, con dos hombres angustiados en su cubierta solicitando socorro a través de señales. El ‘Eraque, que por la fuerza del temporal se había soltado de sus remolcadores, derivaba con peligro hacia los acantilados de esa rocosa costa. El capitán Jones pidió voluntarios, y el segundo y tercer oficial (los señores Gething y Parry, respectivamente) con cinco marineros, arriesgaron sus vidas lanzándose a la encrespada mar en un bote salvavidas. Llegaron a la draga, pero una ola pesada rompió el bote salvavidas contra la misma y precipitó su tripulación al agua. Con gran dificultad la tripulación logró trepar a la draga, y allí la angustia pasó de dos a nueve hombres por el curso de los acontecimientos. El capitán del ‘Don Hugo’, con elevado riesgo y pericia, después de unas dos horas de trabajo logró que un salvavidas llegase a la draga, y todos fueron transportados con seguridad a bordo del vapor. Por desgracia, uno de los tripulantes de la draga, víctima del tremendo desgaste padecido, falleció en las horas siguientes.

Tarjeta Postal manuscrita por un tripulante del Don Hugo, enviada a sus padres, con una imagen de una corta de Riotinto.
Tarjeta postal manuscrita por un tripulante del ‘Don Hugo’, enviada en 1903 a sus padres, con una imagen de una corta de Riotinto.

Imaginamos el contraste de circunstancias de este tipo, inevitables en la naturaleza libre de la mar, incluso del apartado carga dentro de las funciones del buque, con la estética, por ejemplo, de la vestimenta  y buena vida que rodearía a la élite privilegiada que viajaba en este barco en travesías de bonanza. Suponemos que hubo más felicidad que penalidad en el tiempo en que el ‘Don Hugo’ navegó para la compañía de Riotinto, pero hubo otra excepción y fue al final de su relación con la misma. Resultado de nuestra investigación, hemos descubierto que a principios de abril de 1915 el vapor embarrancó en la entrada de Port Talbot, al Sur de Gales. La tripulación fue salvada y, afortunadamente, terminó pudiéndose rescatar el buque. Pero debió quedar marcado por este infortunio porque la Riotinto Company no volvió a utilizarlo, vendiéndoselo a una armadora británica, la Yeoward Bros, para una línea que tenía establecida entre Canarias y Liverpool.

Restos sumergidos del Alondra, ex-Don Hugo
Restos sumergidos del ‘Alondra’, ex-‘Don Hugo’.

Hay una tradición naútica que asigna mala fortuna a la acción de cambiar de nombre a los buques. Quizá pudo ocurrir eso, porque los nuevos armadores borraron ‘Don Hugo’ de su amura para rebautizarlo ‘Alondra’. Y al cabo de poco más de un año, el 29 de diciembre de 1916, el buque se hundía embarrancando atrapado por la niebla en un pequeño islote del suroeste irlandés, cerca de Baltimore, llamado Kedge Island. Hubo un importante número de víctimas, pero el recreo en esta parte de la historia no concuerda con la línea de nuestro medio, por lo que su tratamiento en el artículo lo relegamos a la suscinta información del hecho. No obstante, resulta una paradoja el que, siendo un elevado riesgo soportado por el buque  el cruzar de forma permanente la línea sur/norte del Atlántico en la Primera Guerra Mundial, y habiendo eludido con fortuna la peligrosa amenaza de los submarinos alemanes, terminase sucumbiendo por la niebla en su arribada a las costas irlandesas.

Antes, todavía como ‘Don Hugo’, este barco de bella estampa, entre otras significativas travesías, fue motivo de orgullo para los británicos onubenses al transportar en septiembre de 1914 a los 11 primeros voluntarios que iban a luchar en la Gran Guerra Europea, siendo emotivamente despedidos en el Muelle de Minerales del Odiel por una multitud de miembros de las colonias británicas de Tharsis, Riotinto y Huelva. Aportamos también, como curiosidad, y correspondiente al mismo año de la fotografía del barco que ilustra el artículo, una tarjeta postal enviada por un tripulante escoces a sus padres. Es posible que ese marino que manuscribe la postal se encontrase a bordo del barco precisamente en el momento de la instantánea de Diego Calle.

Lugar donde descansan los restos del Alondra, ex-Don Hugo
Lugar donde descansan los restos del ‘Alondra’, ex-‘Don Hugo’.

Hoy los restos de este pequeño símbolo de la historia de la navegación onubense descansan en la posición Latitud 51 ° 27’40 “N, Longitud 09 ° 20’44” W, con una nueva función, un siglo después de su arribada definitiva: servir de elemento de recreo para un nutrido y activo colectivo de buceadores que los fines de semana con buen tiempo se sumergen en una profundidad de unos 15 metros para disfrutar apreciando la extraordinaria vida marina que se cobija en dichos restos.

Quién sabe si parte de esta vida marina no es descendiente de los microorganismos que la obra viva del barco pudo adherir en sus dilatadas y tranquilas estancias en un lugar tan paradisiaco, y distante de donde hoy descansa, como la maravillosa ría de Huelva.