En busca de la felicidad

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Yolanda Pelayo. Una de las cosas que nos diferencian a unos de otros radica en la fe que tengamos en las personas que caminan a nuestro lado.
De nada vale lo que hagamos, de nada vale que nos entreguen todo, si no sabemos amar sin condiciones, si no tenemos la posibilidad de ver con claridad al de enfrente, si no podemos apreciar el gesto, el gesto que, me gustaría pensar, debiera ser recíproco, viaje de ida y vuelta que tenemos que aprender a andar para que lo que entregamos nos vuelva multiplicado. ¡Qué vértigo! ¿verdad?  Nos cuesta ver, pero así crecen realmente las personas.

No quiero parecer pretenciosa haciendo pensar que es esto lo que yo hago, nada más lejos, es a lo que tiendo, y esa tendencia nace del camino de vuelta que me quedé esperando.

Una vez me dijo un gran profesional de los RR.HH. que la mejor manera de medir tu éxito es ver a cuantas personas que caminaban contigo has conseguido hacer crecer y promocionar; personalmente creo que lo verdaderamente importante es poder medir tu excelencia viendo a cuantas personas a las que has podido formar llegan a superarte.

Pero ojo, esa excelencia hay que buscarla desde la humildad, desde la seguridad en uno mismo porque, en ausencia de unas dosis mínimas de seguridad y autoestima, aflorará el vértigo de la avaricia y la aterciopelada acidez del egoísmo; aunque, si son indulgentes con el prójimo y en alguna ocasión les acarician con estos aromas, créanme que crecerán unos centímetros y serán algo más felices.



Un paso más en el “haz el bien y no mires a quien” propongo. Si fuésemos capaces  en nuestras vidas y en nuestras organizaciones de hacer el bien mirando a quien, de otra gallina comeríamos.

Hagamos el bien mirando de frente al que cree en la existencia de sinergias del trabajo propio, al que cree que la vida es una carrera de fondo, al que insiste en el error y después aprende de él, al que no se cree una persona única, al que es inconformista, al que hace del compromiso su modus vivendi y, en definitiva, al que es desprendido.

Recientemente arribó de nuevo a nuestra ciudad mi gran amigo José María Gasalla, gran innovador y desarrollador del conocimiento humano, un desprendido en volcar el suyo, quien me decía que el transcurrir de la vida lo que más le ha dado es la capacidad y el empeño en querer dar todo su conocimiento, pero solo a aquel que quiera adquirirlo.

Me gustaría permitirme en este vademécum de ideas, en este propósito difícil, una licencia: El anhelo de sentir una gran alegría si llego a conseguirlo y volver la vista atrás con una socarrona sonrisa.

2 Comentarios

  1. Es agradable leer palabras de aliento hacia con los otros en los momentos de una profunda crisis económica, que seguramente viene derivada de una duda en la persona más allá de la duda en el sistema, por muy imperecto que sea éste. Son palabras cómo éstas las que nos alejan del abismo.

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