César Recuero. A veces es difícil, muy difícil, ser positivos. Nos ha tocado la desdicha de vivir una época negra de paro, emigración y miseria, de descrédito, de desarraigo moral y desconfianza . El túnel, el abismo, el agujero negro de la crisis que todo lo engulle permanece ante nosotros desde hace ya demasiados años. Sí, es definitiva y endemoniadamente difícil ser positivos.
Quienes han corrido un maratón, que no es mi caso -aún-, cuentan que para cubrir sus 42.195 metros el atleta debe enfrentarse a un temible enemigo. Lo llaman “el muro”. Suele aparecer hacia el kilómetro treinta. El cuerpo no da más de sí, se han agotado todas las reservas energéticas y queda aún un mundo por delante. En ese punto las piernas, las dos al unisono, claman: “hasta aquí hemos llegado”. Fin.
Es entonces cuando hace su entrada en escena la convicción. La mente decide ignorar las señales objetivas que recibe de los músculos, impone la voluntad a la fuerza y a la propia razón, da una última orden a las piernas para que sigan moviéndose como sea y corta la comunicación.
Superar el muro o caer a sus pies, dicen, es cuestión de convicción. Eso es lo que vi en los ojos brillantes de Ramón Fernández Beviá el día que me contó el proyecto de Huelva Buenas Noticias. En unos tiempos en los que el negocio del periodismo está por debajo de lo que hay sumergido en lo más profundo del concepto “bajo mínimos”, es probable que la razón dicte dedicarse a cualquier otra cosa antes que a esto.
Esa es la diferencia. Cuando uno tiene fe en si mismo, en sus valores y en sus proyectos, nada ni nadie puede detenerlo. Nada ni nadie puede tumbarlo. Ni la crisis, ni la desconfianza, ni el puñetero mercado ni ningún otro muro. Porque la voluntad no entiende de razones.
Mucho aliento. El futuro es hoy, y es vuestro.
















