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El fotógrafo Antonio Gálvez muestra su mirada a la cultura en el Otoño Cultural Iberoamericano

La valiosa colección 'Mis amigos los cabezones', compuesta por 75 retratos de la época parisina de Gálvez, supone la segunda colaboración del OCIb con el Instituto Cervantes.

Antonio Gálvez.

Redacción. El Otoño Cultural Iberoamericano (OCIb 2018), en coproducción con el Instituto Cervantes y en colaboración con la Diputación de Huelva y la Fundación Caja Rural del Sur, inaugura mañana jueves en el Museo de Huelva la exposición ‘Mis amigos los cabezones’ del destacado artista barcelonés Antonio Gálvez.

“Mis amigos los cabezones” es la segunda propuesta del Otoño Cultural Iberoamericano para este 2018. Se trata de una exposición que recoge 75 retratos de grandes personalidades del arte y la cultura europea y americana que Gálvez fotografió a lo largo de sus 30 años de estancia en París. Por orden alfabético empiezan en Rafael Alberti y terminan en María Zambrano. Pero entre ellos están también escritores como García Márquez o Vargas Llosa, o pintores como Francis Bacon o Antonio Saura. En algunos casos se trata de fotografías intervenidas, como si el artista, en su faceta de pintor, quisiera transmitir un mensaje más allá de lo que capta la cámara. 

Antonio Gálvez ya es conocido en el Otoño Cultural Iberoamericano (OCIb) por participar con otros artistas en 2014 en la exposición de homenaje a su amigo Julio Cortázar, realizada también en colaboración con el Instituto Cervantes de París.




Estuvo después, ya en solitario, en el Museo de Huelva, con una impresionante serie de retratos de Luis Buñuel, y finalmente en la Sala de la Provincia, con retratos de Pablo Neruda.

Esta exposición supone la colaboración por segundo año consecutivo del OCIb con el Instituto Cervantes. En este sentido, ambas entidades han suscrito un convenio de coproducción para itinerar “Mis amigos los Cabezones” por Centros Cervantes de distintos países, una vez sea exhibida en el Museo de Huelva. Los retratos estarán en la sala onubense hasta el día 4 de noviembre.




La exposición de este gran fotógrafo iberoamericano está comisariada por el catedrático Andrés Sánchez Robayna, que es también responsable de un catálogo que analiza pormenorizadamente el conjunto de la obra del fotógrafo catalán y que incluye textos introductorios del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y del
director del OCIb, Jaime de Vicente Núñez.

A continuación se reproduce una parte de un texto de Luis García Montero sobre Antonio Gálvez: “Las caras de Antonio Gálvez son tantas que pueden llegar a hacernos pensar que estamos ante más de un artista, como si actualizase la feliz multitud de los heterónimos pessoanos. Sin embargo, cada faceta de su obra ilumina el resto de un
modo único, sin que ello impida que nos fijemos en un aspecto concreto de su arte, que es lo que esta exposición, en esta ocasión, plantea. Pintor y fotógrafo, ambas facetas se mezclan a menudo en su obra. El Instituto Cervantes presenta ahora su faceta de retratista mediante la recopilación de una fascinante galería de personajes de la cultura con los que Gálvez compartió tiempos y sueños durante su etapa parisina, treinta años de vida que son una era de su existencia. Gálvez, quede claro enseguida, no sólo es un retratista, pero es también uno fabuloso, personal y único. El propio artista llama a esta serie “Mis amigos los cabezones”, expresión que bajo el humor esconde una técnica, un poco lo mismo que propone esta exposición: de un todo, quedarse con una parte significativa y ver cómo vive de forma autónoma. Verá enseguida quien se acerque a este catálogo que estas fotografías están a menudo intervenidas mediante fotomontajes que permiten que veamos en el rostro no sólo las huellas del tiempo, sino también los enigmas del ser y del estar. Todas las corrientes artísticas del siglo XXI han dejado su huella en un artista que es mucho más que un contemporáneo: un auténtico visionario. Decía Antonio Machado que también la realidad se inventa. Gálvez parece dar un paso más para decirnos: hasta que no se inventa, no es realidad. Y nos pone frente a frente ojos que son mundos, miradas que son pasadizos al interior de alguien que somos y no somos, que fuimos o que seremos, o nada de eso. Ya se sabe lo que pasa con la realidad: se inventa.




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