La recomendable aventura de Sebastián Martínez Fabio en Polonia y Estados Unidos

Considera que estudiar la carrera de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Huelva fue una de las mejores decisiones de su vida. Unos estudios universitarios que le permitieron vivir durante nueve meses en Polonia con una beca Erasmus+ y hacer una estancia en Arkansas State University (EEUU). Dos vivencias increíbles, que le han abierto su visión de cara a su futuro laboral. Y, por supuesto, ya no piensa en parar de viajar.

Sebastián Martínez Fabio, argentino de nacimiento y onubense por convicción.

Mari Paz Díaz. Aunque nació en 1993 en Buenos Aires (Argentina), el joven de 24 años Sebastián Martínez Fabio se siente plenamente de Huelva, lugar al que se mudó con sus padres cuando tenía 6 años, debido a que gran parte de su familia se encontraba en España. Y, de hecho, su abuela es de origen onubense. Tanto que, hoy, se siente argentino, español, andaluz y onubense, pensando que Huelva es la tierra más bonita del mundo. En Huelva, su infancia estuvo muy ligada al fútbol, puesto que ha jugado en el AD Santa Marta y el PMD Aljaraque, etapa repleta de buenos recuerdos y de la que conserva muchísimas amistades. Unos años en los que, realmente, no pensaba estudiar una carrera universitaria. Sin embargo, la vida le hizo cambiar de idea. 

El acto tiene lugar en el campus de La Merced de la Universidad.
Considera que estudiar Administración y Dirección de Empresas fue una de las mejores decisiones de su vida.

Un punto de inflexión en su trayectoria se produjo cuando, a los 18 años, recibió una oferta de una agencia de moda en Barcelona, por lo que decidió mudarse a esa ciudad y comenzar una nueva etapa. De esos años, reconoce que “trabajé muy duro para independizarme. Fueron unos meses difíciles y, a la vez, muy felices. Descubrí emociones, fortalezas, debilidades…, descubrí ‘la realidad’. En barna, tuve la suerte de rodearme de un ambiente muy cosmopolita y de mentalidad abierta, influyendo mucho en mi forma de ver las cosas”. Fue entonces cuando decidió estudiar. “Tras estar ocho meses fuera de casa y nutrirme de todo lo que puede ofrecer esa preciosa ciudad, no tardé en darme cuenta de que mis ambiciones eran mayores: quería formarme y aprender un nuevo idioma. Creo que aguantar dos trabajos a la vez siendo tan joven ayudó bastante a mi decisión”, admite. Así que regresó a Huelva para comenzar la carrera de Administración y Dirección de Empresas (ADE) en la Universidad de Huelva. Y, asegura, que ha sido “una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida”.

Fue así cómo se iniciaban unos años inolvidables en su vida, que, además, le han dado la oportunidad de viajar y conocer mundo, tal y como descubrimos en esta entrevista. 


Ha vivido dos experiencias increíbles en Polonia y Estados Unidos.

-Sebastián, has vivido varias estancias fuera. ¿Dónde has estado? 
-He vivido en Polonia y en Estados Unidos. El tercer año de carrera lo realicé en el extranjero a través del Programa Erasmus+. Concretamente, fueron 9 meses en Wroclaw (Polonia), la ciudad de los enanos, como a veces la llaman.  Es un destino muy por encima de las expectativas que uno puede tener. Es increíble. Compartí experiencia con otros compañeros de Huelva. La posición que teníamos en el mapa nos permitía viajar con frecuencia. Berlín, Praga, Viena, Bratislava, Budapest, Londres, Leópolis, Estocolmo, playas de Croacia y un roadtrip por Polonia fueron los destinos. Cada viaje por Europa ha sido una experiencia inolvidable para nosotros, ‘eso no nos lo quita nadie’. Tan gratificante estaba siendo la experiencia que yo quería más. Así que me apliqué para otra beca que ofrecía la Universidad de Huelva con la idea de volver al extranjero el siguiente curso (4º), con tan sólo 1 mes de descanso en Huelva.

Aprovechó para viajar mucho por Estados Unidos y conocer lugares mágicos.

De esta manera conseguí una plaza para estudiar en Arkansas State University (ASU), EE.UU. A esta aventura me acompañó uno de los onubenses que conocí en Wroclaw, Juan García. Lo convencí para que él también solicitara la beca y, a día de hoy, me lo agradece (risas). Y, si durante mi primera experiencia sentí que estaba descubriendo otro mundo, ésta fue descubrir un tercero. Me siento afortunado de haber podido vivir el día a día de una universidad americana y de la manera que lo hacen los americanos, algo que sólo conocemos por las películas. Y sí, viví una película. Por supuesto, no podía ir a EEUU y perderme la oportunidad de viajar. Cogí la mochila con mi amigo Juan y de un chapuzón en Miami Beach, disfrutamos de la bahía de San Francisco, condujimos en el atardecer por la costa de California, paseamos bajo el calor de Los Ángeles, nos hicimos la típica foto en el muelle de Santa Mónica, apostamos en Las Vegas y, por último, alucinamos con Nueva York en Navidad. Fueron momentos únicos. En definitiva, he estado en 26 ciudades diferentes en tan sólo año y medio y esto es, en gran parte, gracias a la universidad.


La beca Erasmus le llevó a Wroclaw (Polonia).

-¿Cómo es vivir ahí? ¿Es muy diferente a España? 
-En el caso de Polonia pude amoldarme al estilo de vida europeo, diferente al estilo sureño que tenemos los españoles, o los italianos y portugueses, marcado por las horas de sol. Sin embargo, nosotros –los Erasmus– creamos un tercer estilo de vida, y éste sí que es diferente a todo lo demás. Salíamos día y noche. La esencia de este programa es relacionarte con las personas, abrir la mente y un aprendizaje mutuo de las diversas culturas. Y eso a los jóvenes se nos da genial. Además, casi sin quererlo, aprendemos un nuevo idioma, o incluso dos. Por supuesto, no dejamos de lado la universidad (aunque algunos piensen lo contrario). Asistíamos a clase con frecuencia, pero el aprendizaje es diferente. Quizás no nos enseñaban algo nuevo de la materia, pero nos machacaban a trabajar en grupo. Que alguien se atreva a decir que después de tener que resolver un problema o una situación con un alemán, un turco y un italiano, no aprendió nada nuevo. Además, las presentaciones orales en todas las asignaturas ayudan bastante a la hora de mejorar las habilidades de cara al público. Por otro lado, el equipo de la ESN (Erasmus Student Network) se preocupaba muchísimo de realizar muchos planes para que no paremos de relacionarnos y disfrutar.

En Arkansas, ha podido comprobar la importancia del deporte en la universidad americana.

En mi segunda estancia, Estados Unidos, sí puedo decir que el sistema es completamente diferente. El horario fue lo primero que nos afectó. Los americanos almuerzan a las 12.30 horas y cenan a las 18.00 horas, como muy tarde. A las 20.00 horas está todo cerrado. Las quedadas comenzaban tan temprano que Juan y yo siempre llegábamos tarde. Muy diferente fue la comida. Era todo muy procesado. Eso sí, hemos probado las hamburguesas más sabrosas del mundo. Lo que más nos sorprendió fue la universidad. Han creado un sistema espectacular. Admirábamos cada día la manera en que los estudiantes combinan el deporte con los estudios y, algunos, incluso, con algún leve trabajo dentro de la universidad. Era el caso de nuestro gran amigo Cristian Ravar, un atleta español que compite en Arkansas State University, estudia Ciencias del Deporte y da clases de español en la misma universidad. Todo ello con una beca del 100%. Es increíble.

Se integró en el estilo de vida estadounidense.

El deporte es vital en estas universidades. Nosotros, para no quedar atrás, nos apuntamos al equipo de soccer de los ‘lobos rojos’ de ASU. Entrenábamos una o dos veces por semana, disfrutábamos de las instalaciones del gimnasio y realizábamos todo tipo de actividades de deporte. Los sábados que había partido de fútbol americano se paralizaba todo. La gente esperaba con ilusión ese día, tanto que comenzaban a animar desde la mañana temprano haciendo barbacoas al lado del estadio. Todos apoyábamos al equipo de la universidad, nos lo pasábamos genial. En lo académico también nos ha aportado muchísimo esta experiencia. Juan y yo estudiamos Business Management, ¡qué mejor que aprender del espíritu empresarial americano! Los jóvenes sí creen que ‘en América todo es posible’ y lo demuestran con sus grandes ambiciones. En conclusión, ha sido una etapa en mi vida donde el día a día ha sido muy diferente.

Se considera una nueva persona después de vivir en el extranjero.

-¿Cuál es tu balance de la experiencia? 
-La siguiente frase lo explica a la perfección: ‘El mundo es un libro y aquellos que no viajan sólo leen una página’. Vivir en el extranjero y viajar me ha hecho crecer como persona. Creo que todo el que vuelve de una estancia en el extranjero coincide en que es una persona diferente. La mezcla de culturas ha sido clave. Cada lugar, cada momento y cada persona han aportado su particular grano de arena.

-¿Qué estás haciendo en estos momentos? 
-Actualmente, ya soy graduado en ADE y me encuentro realizando las prácticas en CEPSA. He podido comprobar que las empresas miran con muy buenos ojos a los jóvenes que salen fuera a conocer mundo y a aprender inglés. Mis compañeros del departamento me valoran muchísimo y estoy contentísimo con ellos.

En el futuro, no descarta marcharse a alguna capital europea.

-¿Te has marcado algún nuevo reto? 
-Tengo en mente realizar unas prácticas profesionales en alguna capital europea. El objetivo es elevar mi nivel de inglés, seguir aprendiendo en un marco internacional y disfrutar de una nueva ciudad cosmopolita. Gracias a mi etapa en el extranjero, ahora tengo una visión más amplia de todas las opciones que tenemos los estudiantes de empresariales, cuyo objetivo es seguir creciendo profesionalmente. Actualmente, no me cierro sólo al mercado laboral español.

-¿Qué piensa tu familia y amigos de estas aventuras? 
-Mi familia está muy orgullosa de mí y me admira por todo lo que he trabajado para conseguir mis objetivos. El verano anterior al Erasmus trabajaba en dos sitios a la vez para conseguir el dinero suficiente. Fue duro, pero mereció la pena. Siempre me han apoyado para que vaya donde tenga que ir a conseguir mis metas.

Su familia y amigos le han apoyado en todo momento.

Y mis amigos sienten una envidia sana. Les encanta escuchar mis anécdotas y son conscientes de todo lo que cada aventura ha aportado a mi vida. Me repiten una y otra vez cuán de afortunado soy por haber visitado lugares que a cualquiera le encantaría conocer. Yo les contesto que, una vez empiezas a viajar, te das cuenta de que las cosas, a veces, son más fáciles de lo que pensamos. Y es que hoy en día encuentras billetes de vuelos baratísimos para realizar una pequeña escapada. Lo importante es querer. A día de hoy, algunos se arrepienten de no haber aprovechado su oportunidad cuando la tuvieron. Otros, se han animado a irse después de haberme visto disfrutar a mí.
Además, gracias al teléfono móvil, he podido retransmitir casi en directo a mis familiares y amigos cercanos. Sentía el deseo de que estuvieran allí todos conmigo para disfrutar lo mismo que yo.  Otra frase que adopté desde la distancia es que “la felicidad no es real si no se comparte” -y qué verdad-.

Tiene claro que quiere seguir viajando.

-¿Cuáles son tus planes futuros?
-Estoy al principio de la etapa de entrada en el mercado laboral, por lo que no tengo ni idea de lo que me espera. Quizás mis aspiraciones laborales me obliguen a marcharme un tiempo de Huelva, pero estoy seguro de que el día de mañana elegiré este rinconcito del sur para seguir disfrutando de nuestra calidad de vida. Lo que sí tengo muy claro es que en mis primeros años de trabajo me dedicaré a ahorrar para poder viajar por todo el mundo.

Viajar también le ha permitido valorar aún más Huelva.

-Cuando has estado fuera, ¿qué es lo que más has echado de menos de tu tierra? 
-Detrás de cada viaje siempre hay algo nuevo que extrañar de nuestra preciosa tierra. Lo primero fue la comida, -¡cómo no…!, ¡no hay nada como nuestra dieta mediterránea!-. Más tarde, a medida que se acerca el invierno, te vas dando cuenta de que las horas de sol que disfrutamos en el sur, en comparación con el resto de Europa, son ya casi imprescindibles para nosotros. Al fin y al cabo, después de cada viaje, pude decir que además de sumar un lugar más a mi vida, quería un poco más a mi tierra. Ahora sé que, vaya donde vaya, siempre extrañaré nuestra tranquilidad y calidad de vida. Unas tapas con los amigos, un paseo por la playa, compartir una copa en alguna de nuestras terrazas, una buena barbacoa… Los onubenses sabemos disfrutar de los pequeños detalles y verdaderos placeres que nos ofrece la vida. Para los que están a punto de partir, quiero decir también que en el Erasmus hay poco tiempo para echar de menos, que no tengan miedo a extrañar. Durante la experiencia vivimos un día a día que casi no te da tiempo a pensar más allá del momento. Por tanto, poco a poco se van apreciando ciertas cosas y cuando vuelves a casa es cuando dices “¡cuánto me apetecía esto!”.

Anima a quitar las fronteras, no a ponerlas.

-Para terminar: un mensaje a tus paisanos.
-Dado que la entrevista versa sobre las experiencias en el extranjero, me gustaría decir que debemos apostar por quitar las fronteras, no ponerlas. No hay que dar la espalda a los que vienen, ni retener a los que quieren ir. Fomentemos la movilidad, la tolerancia y la generosidad. Por supuesto, apoyemos a todos los jóvenes estudiantes que quieren cursar un año en el extranjero. Seguramente será la mejor experiencia de sus vidas hasta el momento. Para acabar, no paremos de conocer otros lugares, porque así nos aseguramos de poder seguir gritando que ¡Huelva es la tierra más bonita del mundo!



Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.