Histórica tarde de Perera en la que indulta al toro ‘Sereno’

Excepcional toro y torero en una faena para los anales del coso mercedario. Roca Rey, rotundo en el sexto, también sale por la Puerta Grande.

Una gran tarde. / Foto: Arizmendi.

Carlos Arroyo. Plaza de Toros de la Merced, tercera de abono de las Fiestas Colombinas, con tres cuartos de entrada en los tendidos, se lidiaron toros de Torrealta, desiguales de presentación, nobles en líneas generales, excepcional el 2º que fue indultado, de buen juego 1º, 2º y 6º, 4º falto de fuerza y 5º rajado, para los diestros,

“El Juli”, de azul marino y azabache, pinchazo y estocada, ovación; estocada, ovación

Miguel Ángel Perera, de teja y oro, dos orejas y rabo simbólicos; estocada, ovación




Roca Rey, de malva y oro, pinchazo y estocada casi entera, ovación; estocada, dos orejas

Saludan tras parear al segundo Curro Javier y Guillermo Barbero y tras parear al quinto Javier Ambel.




Foto: Arizmendi.

De histórica se puede catalogar este tercer festejo de las Fiestas Colombinas, en el que Miguel Ángel Perera ha indultado a Sereno, de la ganadería de Torrealta, número 9 con 522 kilos en la romana y de capa jabonera. Mucho se hablará de este toro en los próximos días, y muchos considerarán el indulto justo o injusto, y razones habrá para ambas opiniones. Es verdad que el toro poseía todas las virtudes que se le exigen hoy a un toro bravo, que se circunscribe su comportamiento casi exclusivamente al último tercio. El toro tuvo fijeza, entrega, recorrido, humillación y sobre todo duración, ya que mostró el mismo nivel de entrega en toda la lidia. Pero, no es menos cierto, que no hizo una pelea en varas acorde al premio del indulto. Ni se colocó bien al caballo por parte del matador, ni el toro empujó al mismo con bravura, repuchándose y embistiendo de lado al peto. En los cánones del toreo, cada vez más obsoletos, establecen como toro merecedor de indulto áquel que es bravo, y la bravura en la tauromaquia se mide de forma fundamental en el tercio de varas. Pero para ello, es necesario que los toreros hagan la suerte de varas con la pureza exigida, que los toros se coloquen bien al caballo, lo cual no significa que el castigo sea mayor, ya que la duración del puyazo no está relacionada con realizar una suerte muy bonita.

Ya en el recibo capotero el toro mostró una clase excepcional en las verónicas de Perera, que se fue hacia el centro del coso mercedario para rematar con dos medias y una revolera. Quitó por tafalleras. El tercio de banderilla excepcional, con lidia de Javier Ambel y los pares de Curro Javier y Guillermo Barbero. Comienza la faena Perera con una rodilla sobre el albero, sin enmendarse, y el toro tomando la muleta por ambos pitones. Ya en pie, en e toreo fundamental, el extremeño está a la muleta de las excepcionales embestidas del toro, dándole distancia y toreando muy por abajo, exigiéndole entrega al toro que la toma con clase. Posiblemente sea la más rayano a la perfección la faena de Perera. En las postrimerías de la faena, sin ayuda, pasa al toro Perera por ambos pitones sin solución de continuidad, y el toro sigue embistiendo franco y con recorrido. La plaza ya es un mar de pañuelos pidiendo el indulto, que concede la presidencia, para la historia de la Plaza de la Merced, concediendo también las dos orejas y rabo simbólicas a Perera.

El quinto se rajó pronto en el último tercio, y no quiso plantear la pelea que le propuso el matador. Detalles con el capote, en el recibo con una rodilla en tierra y en el quite por saltilleras con riesgo, ciñéndose las inciertas embestidas. Magnífico tercio de banderillas de Javier Ambel, que se desmontera. Con la muleta, lo ya comentado, el toro rajado y huido, con embestidas defensivas en las que difícilmente se podía encontrar el lucimiento. A pesar de ello, Perera porfió con el toro y lo mató de una estocada defectuosa, escuchando una sonora ovación.

Foto: Arizmendi.

El otro momento culminante del festejo vino de la mano de Roca Rey en el que cerraba plaza. El toro, de casi seis años, tenía seria expresión y encornadura abrochada. Aquerenciado en los primeros tercios, provocó unos primeros tercios embarullados y sin orden ni concierto. En a faena de muleta, apostó Roca a pesar de las embestidas poco profundas del burel. El concepto de llevarse el muletazo detrás de la cadera, exigiendo al toro más de lo que podía dar, restaba ligazón a la faena, pero sumaba verdad. Ya en los terrenos del toro, el peruano se siente cómodo, y tiró del toro en el embroque en corto para darle profundidad al muletazo y dejándose llegar al toro a las taleguillas. También sin ayuda, pasó al toro por ambos pitones, en las postrimerías de la faena, que remata con bernardinas. La estocada en corto y por derecho, atrona al toro, y se le conceden las dos orejas. Su primer oponente, tercero de la tarde, no tenía mala condición, pero el recuerdo de “Sereno” pesó mucho. Sin humillar en exceso, siguió la muleta con ritmo, y hubo buenos pasajes en la faena, aunque le faltara a la faena ligazón. Tras pinchar, consigue la estocada al segundo intento siendo ovacionado.

El que abría plaza fue un toro de capa melocotón que se desplazó con clase. Buen recibo capotero a la verónica y mejor quite de “El Juli” por chicuelinas de mano baja. La media a pie juntos, de cartel. En la muleta, el mando de Julián ante un toro que protestaba cuando se le sometía. Fue un auténtico manual de distancias y alturas para cogerle el aire a un toro con teclas. La faena, medida y firme. Dos circulares engarzados en las postrimerías de la misma pusieron la guinda al trasteo del toro exigente y con matices. Con el triunfo en la mano, se le fue por la espada tras pinchazo y estocada muy trasera que prolongó en exceso la caída del animal. El cuarto fue el peor del encierro de Torrealta. El toro se paró en el último tercio, muy agarrado y con embestidas sin emoción, fue imposible para armar un mínimo de faena, y Julián se fue por la espada tras pasarlo por ambos pitones sin nada reseñable.  




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