David de Miranda volvió como si nunca se hubiera ido

Le cortó las dos orejas al toro de su reaparición en una faena emotiva. Sublime Morante en faena de ensueño. Manzanares, sin suerte.

Carlos Arroyo. 

A hombros. / Foto: Arizmendi.

Plaza de Toros de la Merced, segunda de abono de las Fiestas Colombinas, con tres cuartos de entrada en los tendidos, se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación, destacaron 3º y 4º, muy faltos de fuerza 1º y 2º, 5º de embestida descompuesta y 6º reservón, para los diestros,

Morante de la Puebla, de verde botella y oro, tres pichazos, silencio; estocada, dos orejas




Manzanares, de corinto y oro, estocada, silencio; estocada enhebrada y estocada, ovación tras aviso

David de Miranda, de azul marino y oro, estocada, dos orejas; estocada y descabello, silencio

Saludan tras parear al segundo Suso y Luis Blázquez.

Esta sea la crónica más difícil de escribir ya que es imposible plasmar con palabras todas las emociones que se han vivido en el ruedo de la Merced en el día grande de las Fiestas Colombinas. Un torero, David de Miranda, tras casi un año de retirada forzosa de los ruedos por el percance sufrido en Toro, ha vuelto como solo los grandes lo pueden hacer. Sin un atisbo de duda, sin un atisbo de inseguridad. Devolviendo el cariño que los aficionados le han dado desde el primer momento como mejor puede hacerlo, honrando a su profesión, honrando a los amantes de la tauromaquía, honrando la memoria de tantos y tantos que han pisado el albero mercedario, entregando y poniendo el alma en cada lance, en una faena de ensueño que quedara en los anales de la Plaza de la Merced. Las emoción ha embargado el aura de la tarde, y Morante se ha unido a la fiesta con una disposición nunca vista en esta plaza, regalando a los aficionados una lidia completa llena de momentos mágicos, hasta el último tercio, donde acarició el toreo con la suavidad y el gusto que solo le pone el de la Puebla.

Ya cuando rompe el paseíllo el público de Huelva rompe en una sonora ovación que obliga a saludar al torero de Trigueros, siendo testigos sus compañeros de cartel que rinden honores a un chaval que se ha hecho un hombre. El primero del lote de David embiste con pies en el recibo capotero, que Miranda recibe a pies juntos, dejando claro que viene con todas las de ley. Se estira a la verónica y le engancha el toro el capote, y resuelve echándoselo a la espalda por gaoneras. Quita por saltilleras marca de la casa. La faena de muleta, que brinda al respetable, comienza con estatuarios. Seguidamente monta la muleta para torear con el pitón derecho, y lo hace con garbo y torería, más templado que nunca. Muletazos largos y limpios rematados detrás de la cadera. Por el lado izquierdo sigue templado las embestidas nobles y colaboradoras del burel. Remata por manoletinas ceñidísimas tras el arrimón cuando el toro acorta el recorrido y el ímpetu. La estocada, de libro, certera. Dos orejas sin paisanaje, dos orejas merecidas a la labor sincera. El sexto fue el peor toro de la corrida. Reservón, sin fijeza, se frenaba cuando llegaba a la jurisdicción del torero. A pesar de ello, David lo intentó por ambos pitones, afanoso, sin lucimiento. De nuevo, estocada haciendo la suerte muy derecho, aunque atrona al toro con un golpe de verduguillo.

Tras la explosión de David de Miranda en el tercero, sale espoleado Morante en el cuarto. El toro humilla de salida, pero sin recorrido. Morante le larga fiesta a la verónica, en un ramillete saliéndose hasta casi el centro del platillo. Está dispuesto el torero sevillano, que quita por delantales. Para sorpresa del respetable, manda a la cuadrilla que se tape y toma las banderillas. Dos pares al cuarteo, en el segundo con atracón en las tablas, y el tercero, soberbio al quiebro. La faena de muleta, de terciopelo, acariciando las embestidas del burel. Por ambos pitones, fluye el torero con gusto y despaciosidad de Morante, con los tendidos rendidos al genio de la Puebla. Detalles toreros en los remates y toreo fundamental con hondura. Es difícil que quepa más pasión y emoción en una misma tarde. El toro se le complica para la suerte suprema, y José Antonio lo caza con riesgo casi si cuadrar el animal, que cae rodado. Otras dos orejas sin remisión. Su primero fue un inválido sin opciones en el que Morante abrevió en la faena de muleta. Solo dejó un buen ramillete de verónicas en el recibo capotero ceñidas y con gusto.

El quinto, segundo oponente de José María Manzanares, salió cuando la plaza estaba en éxtasis por la lidia de los dos toros anteriores. Manzanares tampoco quiso perder la pelea, a pesar de que las embestidas del toro fueron descompuestas en el recibo capotero del alicantino. No cambió su forma de embestir del toro, que se quedó crudo pues descabalgó al picador en el encontronazo con el caballo. Bruto el toro en la muleta, derrotaba al final de los muletazos, más agravado en toreo al natural y en los pases por alto. Pasado de faena, se puso incómodo para la suerte suprema, quedando enhebrada la espada en el primer intento recibiendo, cobrando la estocada al segundo intento. El público premió la actuación con una cariñosa ovación. El primero de su lote se derrumbó en el primer muletazo por arriba, y posiblemente se lastimó por lo que no pudo más que abreviar en el trasteo sin lucimiento ante un toro sin fuerzas.




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