“Juanito” abre la Puerta Grande de La Merced en la primera de las Fiestas Colombinas

El portugués cortó tres orejas al noble encierro de Villamarta. Emilio Silvera perdió el triunfo con la espada. Alfonso Cadaval no estuvo a la altura.

Gran faena del diestro portugués. / Foto: Arizmendi.

Carlos Arroyo. Plaza de Toros de la Merced, primera de abono de las Fiestas Colombinas, con media entrada larga en los tendidos, se lidiaron seis novillos de Villamarta, de correcta e igualada presentación destacaron primero noble con clase y sexto, encastado con recorrido, complicado el tercero, el resto nobles y faltos de fuerza, para los diestros:
Emilio Silvera, de verde hoja y oro, pichazo y estocada casi entera,oreja; dos pinchazos y estocada, vuelta tras leve petición.

Juan Silva “Juanito”, de purísima y oro, media estocada, oreja; estocada, dos orejas.

Alfonso Cadaval, de purísima y oro, pinchazo hondo y estocada casi entera, ovación; pichazo hondo y siete descabellos, silencio.


El triunfador de la tarde fue el novillero portugués Joao Silva, anunciado en los carteles Juan Silva “Juanito”, cortando tres orejas a un lote parado y con poco motor de Villamarta. Por ello, tuvo que poner todo de su parte el novillero en ambos astados, haciendo un esfuerzo por agradar que fue premiado por el público onubense, que enseguida se hizo eco de lo que pasaba en el coso mercedario. En su primer oponente, mostró el novillero lo más templado de su repertorio. Con gusto fue el recibo capotero y con temple la faena de muleta, ante un novillo que perdía insistentemente las manos, a pesar de la suavidad en el trazo. A novillo parado, se fue metiendo entre los pitones, dándose el arrimón consabido. Se llevó una voltereta sin consecuencias, rematando la faena por bernardinas, arrancando la oreja del novillo. En el quinto mostró una faceta mucho más bulliciosa, desde el recibo capotero en el tercio con ambas rodillas en tierra a la verónica, y con el capote a la espalda por gaoneras. En el quite, ya el utrero se le quedó corto en la media de remate, toda una premonición de lo que iba a hacer en el último tercio.

Juanito salió por la Puerta Grande. / Foto: Arizmendi.

Poco le importó al novillero, pues después del comienzo vibrante de faena con el pase cambiado, se volvió a pegar un arrimón de categoría, ante la falta de empuje del burel. El público acabó entregado a las ganas del novillero luso, escuchándose las más fuertes ovaciones de la tarde. La estocada, por derecho, le valieron las dos orejas del novillo.


Emilio Silvera sorteó en primer lugar un novillo con calidad y enclasado, que además tuvo la duración suficiente para armar una faena. Ya en los lances de recibo, pudo acompasar la embestida del utrero, que seguía los trastos con ritmo, a la verónica, rematada con media con sabor. La faena de muleta tuvo regusto, más acoplado por el pitón derecho. Emilio tiene facilidad para tirar de los animales con su muleta con soltura, eso es el temple, y él lo tiene.

Faena clásica sin adornos superfluos, Emilio siempre intenta torear como mandan los cánones, y hubo muletazos con enjundia. Remata con una serie de naturales a pies juntos de frente, y se le concede una oreja tras pinchazo y estocada defectuosa. El cuarto de la tarde se paró antes, aunque el toro tenía ritmo, o se lo imprimió el temple del onubense. Toreo de cercanías en el cite, pero de profundidad en el remate de los muletazos, sí encontró el acople por el pitón izquierdo, al natural, dejando bellos pasajes de toreo caro. Otra faena sin alharacas, sobria, pero llena de aire torero. La espada volvió a privarle de un triunfo mayor, dando una vuelta al ruedo.

No estuvo Alfonso Cadaval en toda la tarde en su primera actuación en la Plaza de la Merced. A priori, era actuante más toreado, y que, además, tiene cerca la alternativa en la próxima Feria de San Miguel de Sevilla, pero se vio ampliamente superado. Bien es verdad que le correspondió en suerte el novillo más complicado del encierro. El tercero de la tarde no tuvo la clase de sus hermanos, en una embestida descompuesta, que se acrecentaba en su genio cuando tocaba los engaños, algo que ocurrió en demasiadas ocasiones. Acertó en el segundo intento con la espada, escuchando una ovación tras aviso. El sexto fue el que más se movió, y lo hizo con claridad y galope. Tampoco se acopló con él el novillero sevillano, muy al hilo del pitón, perdiéndose la faena en enganchones y desarmes. Tampoco estuvo certero con los aceros, especialmente con el verduguillo tras pinchazo hondo, ya que descabelló hasta en siete ocasiones para poder atronar al utrero de Villamarta.



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