Jerónima Rodríguez Orta, la historia de una onubense de 85 años que se marchó a Alemania en 1961 en busca de un futuro mejor

La necesidad la obligó a emigrar, pero después fue el amor y la buena situación laboral que consiguió las que la mantuvieron en el país germano. Después de 57 años en Süssen, la onubense reconoce que tuvo mucha suerte, y que gracias a aquella decisión ha podido darle un futuro a sus tres hijos y sus seis nietos.

Jerónima Rodríguez sostiene un cuadro con fotos de su familia.

Ana Rodríguez. Desde hace más de cinco años, cada semana contamos en nuestra sección Onubenses por el Mundo la experiencia de vecinos de Huelva que viven, por diferentes circunstancias, en el extranjero. Normalmente son personas jóvenes, que buscan nuevas oportunidades profesionales o mejorar su formación, pero el caso de esta semana es diferente. En esta ocasión os traemos la historia de Jerónima Rodríguez Orta, una mujer de 85 años que salió de Huelva en octubre de 1961 en busca de un futuro mejor y que, a pesar de llevar toda una vida en Alemania, nunca ha olvidado su tierra, su gente y a su Virgen del Rocío.

A Jerónima la confundían con una alemana por su pelo rubio y su complexión.

Nacida en una familia humilde, Jerónima era la segunda más pequeña de seis hermanos. Se crió en Huelva capital, en la calle Valencia y trabajó durante muchos años en la fábrica de conservas Pelayo Martín Navarro, en El Molino, primero como operaria y luego como maestra, cogiendo el relevo en esta labor a su madre.

Pero en 1961 su familia pasaba por una situación económica muy delicada. La fábrica en la que trabajaba había decaído y sabía que en el extranjero había empleo para ella. Por su cuenta y riesgo, sin consultar con nadie, se presentó en la Delegación de Trabajo de Huelva y se inscribió en una expedición al país germano. “Nos apuntamos 10 mujeres de Huelva y en octubre nos marchamos, ya con contrato, para un pequeño pueblo industrial que ahora se llama Süssen, a 50 kilómetros de Stuttgart. Recuerdo que llegué allí un viernes 13, que dicen que es mala suerte, aunque para mí no lo fue”, explica Jerónima.


Con amigos en la ciudad alemana de Süssen.

Al llegar, todos pensaron que Jerónima era alemana, por su pelo rubio, y su complexión delgada y esbelta (pesaba 70 kilos y medía 1.71 metros). Las alojaron en dos hostales, mientras preparaban una residencia para las 10 onubenses, en los que dormían y comían. El resto del tiempo lo pasaban en una fábrica de lana, donde trabajaban purificando la lana, uniéndola y haciendo rollos. Por supuesto, ninguna de ellas hablaba ni entendía el alemán, pero “la mujer del jefe de la fábrica hablaba español y nos ayudaba”, recuerda la onubense.

Con su familia.

Nada más llegar, se encontraron con un país que acababa de pasar por una Guerra, en un pueblo con un dialecto muy cerrado, aunque la gente era amable y se esforzaba por entenderlas. En este sentido, Jerónima afirma divertida que “hablábamos por señas. Ibas al supermercado y tenías que pedir las cosas por su nombre, pero como no sabía, los huevos los pedía cacareando y poniéndome la mano en el culo. La verdad es que al principio fue duro y nos llevábamos todo de Huelva, ¡hasta los garbanzos!”.


Jerónima trabajó en una fábrica de lana y otra de metal.

La barrera del idioma fue más fácil cuando conoció a Angelo, un italiano de Sardegna (Cerdeña) que se alojaba en el mismo hostal que ella y que trabajaba en otra fábrica de lana. Él se desenvolvía mejor con el alemán. Pronto se hicieron novios y el 20 de julio de 1963 se casaron en Alemania. “Me casé en estado porque los papeles del Consulado tardaron mucho en llegar”, recuerda entre risas, “tuvimos una niña y luego en el 64 y el 70 dos niños”. 

Jerónima continuó durante cuatro años en la fábrica de lana, hasta que más tarde se cambió a una de metal a la que había pasado también su marido. Durante casi 30 años estuvo en activo, a la par que criaba a sus políglotas hijos, que de base llevaban el español, el italiano y el alemán. “Nos organizábamos muy bien porque mi marido tenía turno de mañana y yo de tarde, y así podíamos quedarnos con los niños”, reconoce la onubense.

La onubense está orgullosa de sus hijos.

Además tuvieron tiempo de recorrer mundo siempre que podían, siendo una pareja extremadamente viajera. Conocieron Cuba, Egipto, India, Turquía, Checoslovaquia, Budapest… Cada vez que cogían vacaciones trataban de hacer un viaje, aunque también visitaban en años alternos las ciudades de origen de cada uno: Huelva y Sardegna. “Nos compramos una casa en Sardegna y otra, hace ya 40 años, en Punta Umbría porque cada vez que íbamos a España nos teníamos que quedar con uno de mis hermanos”, explica.

Una de esas veces que visitaron Huelva fue en el verano de 1964. Venían con su hija de ocho meses y Jerónima estaba embarazada de cinco. Como era habitual entonces, el medio de transporte más económico era el autobús, así que cruzaron Alemania, Francia y España durante dos días para poder ver a su familia andaluza.  

Jerónima es muy devota de la Virgen del Rocío.

En cualquier caso, Jerónima reconoce que desde que llegó a Alemania hace 57 años “he tenido mucha suerte. Me han ayudado mucho, he hecho buenas amistades y he tenido una buena vida con mis hijos y ahora con mis seis nietos. Bendigo el día en que me vine, porque de no tener casi ni para vestirme, pasé a tener un marido, varias casas y un futuro para mis hijos“.

Aunque la suerte le ha sonreído, la onubense no puede negar que “siempre se echa de menos la tierra, sobre todo cuando la ves por la televisión, porque tengo el Canal Sur el Alemania, y no puedes estar ahí. Tengo muchos recuerdos. Me emociono cuando sale la Virgen del Rocío, de la que soy muy devota, y siempre que vengo a Huelva voy a Almonte a verla. En el 91 la toqué, vine expresamente de Alemania para hacer el camino con Emigrantes”.

Viajar siempre ha sido una de sus pasiones.

Actualmente, Jerónima lleva 25 años jubilada, es viuda y disfruta de su tiempo, que reparte entre sus hijos, nietos y sus viajes. Desde 2011, pasa cuatro meses al año, de junio a septiembre, en Punta Umbría, pues el amor a su tierra, que ha sabido inculcar también a sus descendientes, la vinculan a ella con una enorme fuerza. 

Una historia de necesidad, de amor, de trabajo… la de muchos emigrantes españoles de los 60 que se vieron obligados a cambiar de país para sacar adelante a sus familias en España. Un caso, el de Jerónima, con feliz desenlace para un corazón dividido entre Huelva, Süssen y Sardegna.

Nota: Jerónima agradece a todos sus familiares y amigos las muestras de afecto recibidas tras la publicación de esta noticia.



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