Víctor Paredes Ibáñez atiende el call center de una empresa de videojuegos para dispositivos móviles en Lisboa

El onubense vive en una permanente mezcla de culturas al compartir apartamento con otros compañeros de trabajo procedentes de distintos lugares del mundo. Después de nueve meses en la capital portuguesa, asegura que la experiencia le está enriqueciendo como persona.

Víctor Paredes reside en Lisboa.
Víctor Paredes reside en Lisboa.

Ana Rodríguez. A sólo unas horas en coche de su tierra, pero en el país vecino, se encuentra Víctor Paredes Ibáñez, un joven de 28 años que hace nueve meses se marchó a Lisboa, cuando le surgió la oportunidad de trabajar en un call center de la capital portuguesa.

Hasta entonces, Víctor siempre había vivido en Aljaraque -salvo sus dos primeros años de vida, puesto que nació en Barcelona-, aunque se ha movido mucho por toda la provincia onubense.

Hizo Formación Profesional en Carpintería y también una FP en Márketing en Huelva, pero encontrar un empleo estaba resultado bastante complicado. Por eso, cuando se le presentó la oportunidad de probar suerte en Lisboa no se lo pensó dos veces…


El joven trabaja en el call center de una empresa.
El joven trabaja en el call center de una empresa.

– Háblanos de tu trabajo en Lisboa.
– Trabajo para Teleperformance y doy soporte a una empresa de videojuegos para dispositivos móviles. Los clientes contactan con nosotros para recibir asistencia técnica a través de email o preguntas relacionadas con nuestros juegos.

– ¿Es imprescindible para tu actual ocupación hablar portugués? ¿Cómo te defiendes?
– Doy soporte en castellano, aunque las formaciones y todas las charlas relacionadas con la empresa son en inglés. No necesito hablar portugués, aunque ya con la estancia lo empiezas a chapurrear. Cuando vas a la compra o necesitas cualquier cosa lo haces y al llegar la situación lo afrontas. Claro que hay grandes diferencias en el idioma, pero también es similar en ciertas partes. Si un portugués y un español se quieren entender, pueden hacerlo con un poco de esfuerzo. Al final te adaptas, más si vives con algún portugués y te pica el gusanillo de preguntar cómo se dicen las cosas.

El onubense comparte piso con otros compañeros de trabajo.
El onubense comparte piso con otros compañeros de trabajo.

– ¿Es tu primera estancia en el extranjero? 
– Sí, es la primera vez que trabajo fuera del país. Estaba la cosa difícil para encontrar trabajo en casa, y lo cierto es que mi primera intención al venir aquí era ir más allá con el inglés y llevarlo a un uso cotidiano. Me costó un poco decidirme, pero al final escogí vivir la experiencia.

– ¿Cómo fueron tus primeros días allí?
– Tuve ciertas comodidades cuando llegué. La empresa me proporcionaba hotel hasta que encontrase un apartamento para mí, que compartiría con trabajadores de otros proyectos de mi empresa. Tardé cuatro horas en hacer migas con un italiano bastante simpático, y al final resultó que había varios italianos en mi misma situación. Más allá del curro me buscaba la vida yo mismo.

Los primeros días de formación tenía horarios muy flexibles, así que fueron puro turismo. Madre mía, los italianos son las personas que más andan en el mundo, al menos los que estaban en mi hotel. Lo cierto es que tanto dar vueltas por Lisboa me hizo quedarme con las paradas de metro, ya que con el metro te mueves por acá. Era lo que más me importaba tras descubrir que el GPS del móvil no me funcionaba bien.

Víctor se mueve por Lisboa en metro.
Víctor se mueve por Lisboa en metro.

También fui de aventura alguna vez, ya que si te pierdes solo tienes que ir a la entrada de metro más cercana. Más de una vez he intentado ir a un punto bastante lejos de donde quería ir, pero esas situaciones muchas veces tienen su gracia ya que te quedas con las rutas.

– ¿Cómo es vivir allí? ¿Es muy diferente a España?
– Claro que hay muchas diferencias. Lisboa es una ciudad muy diferente a Huelva, además de que tiene una mezcla cultural muy grande. Aquí hay todo lo que puedas imaginar, pero como gran ciudad siempre está en movimiento. Me he criado en un pueblo y las ciudades siempre me han parecido un poco estresantes, pero me he adaptado a fin de cuentas.

Vivo en un apartamento que nos proporciona la empresa con personas de otros países. Actualmente con un portugués que ha vivido prácticamente su vida en Londres, su novia del mismo palo, un iraquí criado un Suecia, otro sueco más, un irlandés, una chica del Reino Unido y la novata francesa. El novato siempre es el último que ha llegado, es una broma que tenemos desde el principio.

Paredes ha hecho buenos amigos en Lisboa.
Paredes ha hecho buenos amigos en Lisboa.

La gente aquí ha ido cambiando, pero algunos estamos desde el principio. Este apartamento es la mezcla de culturas más absurda del planeta, pero es una experiencia increíble de vivir. Ellos disfrutan, al igual que yo, intercambiando conocimientos y hablando de nuestros países o lenguas. Lo cierto es que encajamos desde el primer momento, y eso ha hecho que vivir en el apartamento, poco a poco, haya resultado un punto de confort para todos, ya que el apartamento es grande y mantenerlo en condiciones requiere compromiso.

La diferencia más evidente que tengo a diario es el metro, algo que nunca había vivido a menos que viajase. El metro mola muchísimo, ya que borra completamente la necesidad de tener un coche. Está muy bien señalizado, tiene cuatro líneas dividas por colores y mapas de ruta por todos lados, y al poco de vivir aquí lo usas sin pararte a pensar en ello. Si necesitas moverte fuera de los horarios del metro siempre tienes tu querido amigo Uber.

Asegura que la capital portuguesa tiene mucho encanto.
Asegura que la capital portuguesa tiene mucho encanto.

Otra gran diferencia es que aquí puedes hacer muchísimas cosas, y cualquier día de la semana. No te aburres, pero muchas veces cuando sales de currar lo que te apetece es relajarte en casa, o echar unas cervezas con los compañeros de trabajo. Conoces a muchísima gente y compartes muchas experiencias. Como guinda del pastel, resulta barato vivir cuando si sabes moverte.

– ¿A qué costumbres te ha costado más trabajo adaptarte?
– Al portugués escrito. Cualquier persona puede adaptarse a donde vaya, pero es cierto que me surgen muchas dudas cuando debo escribir una localización en portugués. Al final te apañas, pero tienes situaciones que te hacen quebrarte la cabeza un buen rato. También moverte por la ciudad tiene su dificultad, ya que al principio no tenía GPS. Cuando me hice con el móvil nuevo ya todo era mucho más sencillo, y eso lo simplificó aun más.

Víctor echa mucho de menos Huelva.
Víctor echa mucho de menos Huelva.

– Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido durante tu estancia.
– La primera persona con la que hablé en Lisboa era un italiano llamado Alessandro. Me tiré varias horas hablando con él en inglés, hasta que me dijo que era italiano y le animé a que hablara en italiano y yo en español para echar una risas. Resulta que realmente había vivido en muchos países, y hablaba muchos idiomas. Cuando empezó a hablarme en español y me contó que estuvo saliendo con una andaluza y que no tenía ahora oportunidad de practicar el castellano me dejó muerto, más que nada porque entendía bien no solo el castellano, sino que sabía muchas expresiones en andaluz.

Adoro el dialecto andaluz, pero pensar que su primer contacto con nuestro idioma fue el andaluz era como ir al siguiente nivel del castellano. Siempre bromeamos mucho sobre ello, y le suelto cosas como que tiene un máster en lengua castellana y literatura por tirarse a la piscina en mi idioma empezando por un dialecto.

– ¿Qué opinas de los portugueses?
– Depende. Hay barreras. Aquí hay, como en todos sitios, muchos tipos de personas. Hay gente que tiene discriminación con los extranjeros porque aquí hay mucha vida nocturna y lo relacionan con problemas, pero también hay muchos que se interesan cuando eres de fuera. Lo que sí es cierto es que echo de menos esa sensación de conocer a la gente con la que vives alrededor. Llevo muchos meses en este apartamento y ni siquiera conozco a mis vecinos, eso allí, en casa, es raro. Quizás no los conoces a todos, pero al final a la mayoría sí. Cada uno va a lo suyo y aunque saludes no recibes un saludo. Me he llevado un chasco con muchos portugueses, pero en cambio he conocido otros que son personas excepcionales, como la pareja con la que vivo. Tengo opiniones enfrentadas con respecto a ellos, por eso digo que depende. Generalizar también es malo.

Víctor quiere regresar a casa cuando termine su contrato.
Víctor quiere regresar a casa cuando termine su contrato.

– ¿Ha resultado complicado hacer amigos? 
– Bueno, yo soy de esas personas que diferencia a los colegas de los amigos. Claro que se hacen colegas, pero la realidad es que cuando te marches no mantendrás contacto con todos ellos. Sin embargo, hay personas que cuando he necesitado que me echen un cable han estado ahí y me han sorprendido, más que nada porque no pedí esa ayuda, fue más interés de ellos. Esas cosas se agradecen cuando estás solo y surge cualquier problema, que al cuidarte tú mismo los tendrás y habrá que enfrentarse a ellos. Aquí no tienes a tus amigos de toda la vida o tu familia, pero con mis compañeros de piso y algunos del trabajo soy muy cercano porque se lo ganan. La gente va rotando con el paso del tiempo a veces, pero hay algunos que han estado ahí siempre y con esos se forjan vínculos. Relaja mucho saber que puedes contar con alguien, y estoy seguro de que les relaja saber que pueden contar conmigo.

– ¿Cuáles son tus planes futuros?
– Después de finalizar mi año de contrato quiero volver a casa e intentar de nuevo establecerme por allí. No cierro la posibilidad de que me vuelva a mover en el futuro, porque esto de trabajar fuera tiene mucho encanto, pero me gusta esa sensación de sentirme en casa y tener aquello que he añorado durante una temporada. Como ya he dicho, la tierra tira mucho. Aun ya se verá con el paso del tiempo.

A pesar de todo, considera que la experiencia de vivir en el extranjero es muy recomendable.
A pesar de todo, considera que la experiencia de vivir en el extranjero es muy recomendable.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de Huelva?
– Pues, todo. Cada persona tiene un lugar o varios en el que se siente como en casa. Yo tengo el mío. Echo en falta la gente de siempre, los lugares que frecuentaba. También la sanidad que tenemos allí, la de aquí no me convence y me ha dado muchos quebraderos de cabeza si he necesitado algo. Y algo que añoro muchísimo es caminar por las calles sobre un suelo plano, o al menos en su mayor parte. Aquí cuando llueve sobre este suelo abrupto es un auténtico peligro, y no es una broma.

– ¿Recomiendas a todo el mundo que viva un tiempo fuera de España? 
– Por supuesto, es una experiencia única. Cuidar de ti mismo y cambiar la zona de confort te espabila, aprendes un montón de cosas. Te deja muchas anécdotas y cambia tu chip. Si te surge la posibilidad, ¿por qué no intentarlo? Al final aprendes culturas nuevas y eso es lo que te hace rico como persona.

– Para terminar: un mensaje a los onubenses.
– Merece la pena probar suerte en otros lugares. Crecerás como persona. Todo lo que debas aprender por el camino lo harás por necesidad, y es cierto que a mucha gente le echa para atrás el tema de los idiomas. Al final cualquiera se acostumbra por esa susodicha necesidad, y cuando te quitas esas barreras de la cabeza puedes tirar hacia adelante en cualquier lugar. Siempre hay países abiertos a dar trabajo a extranjeros. A las malas, siempre te quedará tu Huelva, que te va a recibir con los brazos abiertos. Lo importante es intentarlo y no quedarte con las ganas.



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