Nuestra Casa de la Ciencia

A principios de 2012 el Museo del Mundo Marino cerraba sus puertas y hoy en día, seis años más tarde, el edificio que lo albergó permanece sin vida, casi completamente desamparado en un lugar en el que también quedó sin actividad un tiempo después el Ciecem.

Imagen del Museo Marino de Matalascañas.
Imagen del Museo Marino de Matalascañas.

Juan Carlos Jara. Corría el verano de 2002 cuando las dunas de Matalascañas comenzaron a acariciar a la ciencia para ponerla al servicio de todos. Nacía al abrigo de tan hermoso ecosistema el Museo del Mundo Marino, un espacio dedicado a la divulgación en el que los grandes cetáceos ejercían un papel protagonista en la siempre necesaria tarea de difundir la investigación y la ciencia y hacerlas más sencillas y atractivas para todos los públicos. El complejo mostraba vistosas reproducciones de ballenas y delfines en resina, a tamaño natural, e incluyó también esqueletos reales de estos animales, pero ni siquiera llegó a alcanzar una década de existencia al regazo del espectacular paraje costero que rodea a la entrañable playa almonteña.

A principios de 2012 el Museo cerraba sus puertas y hoy en día, seis años más tarde, el edificio que lo albergó permanece sin vida, casi completamente desamparado en un lugar en el que también quedó sin actividad un tiempo después el Ciecem, el Centro Internacional de Estudios y Convenciones Medioambientales de la Universidad de Huelva. El espacio expositivo era gestionado a través de la sociedad Parque Dunar de Doñana, que se encuentra actualmente en liquidación, mientras que el contenido allí custodiado era propiedad, en el caso de las reproducciones de los cetáceos, del Ayuntamiento de Almonte y, en el caso de los esqueletos, de la propia sociedad gestora del Museo tras la cesión de los mismos por parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para su exposición. El Parque Dunar de Matalascañas, huérfano del alto contenido científico que albergó y con tan poca vida como la sociedad del mismo nombre.

A pesar del tiempo que ha pasado desde el cierre y aunque hace casi un año una plataforma ciudadana pidió públicamente su reapertura, no parece que la resurrección del Museo vaya camino de ser como la de Jesucristo, cosa de solo tres días. Al contrario, la rapidez con la que se buscó un nuevo destino a los fondos del mismo contrasta con lo poco probable que a día de hoy parece una reapertura. Pocos meses después del cierre del museo el CSIC negoció con el Ayuntamiento de Almonte para exponer en Sevilla tanto los esqueletos como las reproducciones en una muestra en la ciudad hispalense que por entonces tildaron de “semipermanente” y que solo duraría hasta la futura reapertura del Museo del Mundo Marino.

El acuerdo fue inmediato y ya en febrero de 2013, poco más de un año después del cierre en Matalascañas, el CSIC reabría en Sevilla, en el antiguo pabellón de Perú de la Expo del 29, su Casa de la Ciencia, incluyendo entre sus atractivos la exposición La mar de cetáceos, en la que se pueden contemplar 13 reproducciones en resina a tamaño natural y 8 esqueletos reales, con la colaboración del Ayuntamiento de Almonte y de la Estación Biológica de Doñana. Eso sí, en los folletos del centro divulgativo sevillano se habla de exposición permanente. La palabra semipermanente se quedó en el camino.

El cierre en su día del Museo del Mundo Marino se debió, según se contó entonces, al retraso en el abono de una subvención extraordinaria concedida por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. La cuantía, aunque solo era de 100.000 euros, se esperaba para intentar tapar algunos de los agujeros económicos más urgentes, decidiendo el Ayuntamiento de Almonte el cierre ante la imposibilidad de atender pagos ineludibles para la seguridad y el buen funcionamiento del espacio. Curiosamente, una información publicada en El Correo de Andalucía el pasado 21 de enero resaltaba el buen estado de salud de la Casa de la Ciencia de Sevilla, destacando la enorme cantidad de visitas niños que se encuentran entre los visitantes y, sobre todo, el poco presupuesto necesario gracias a “un convenio con la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía por el que abonan el 50 por ciento de los gastos de la actividad del museo”. Según el rotativo hispalense, este acuerdo supuso unos 200.000 euros en 2016 y algo más en 2017.

Desde Huelva, en una ciudad y una provincia tan huérfanas de espacios de divulgación científica, me surgen preguntas. El catálogo de edificios en desuso y en estado de abandono en nuestra capital es extenso e incluso con la anunciada reutilización del antiguo Banco de España para museo arqueológico y de la que fuese sede de Hacienda como espacio para la Delegación del Gobierno Andaluz, aún queda un buen puñado de inmuebles singulares pendientes de rehabilitación. ¿Por qué no se ha apostado por Huelva para un espacio de divulgación de la ciencia en el que tuviesen cabida los fondos antes ubicados en Matalascañas, para goce y disfrute de la ciudad y para el fomento de las inquietudes científicas de nuestros hijos?

No sería descabellado pensar en una gestión de ese museo onubense por parte de la Universidad de Huelva, que podría contar así con un escaparate perfecto para la transferencia y la difusión de su investigación y para fomentar con ellas el interés de la población por el mundo científico a través de sus mejores investigadores, que los tiene. Tenemos edificios disponibles y los fondos económicos, con una de esas generosas colaboraciones anuales de la Consejería de Economía y Conocimiento, no deberían suponer un problema. La Casa de la Ciencia, potenciada con los conocimientos científicos de la universidad onubense, podría ser una realidad aprovechada por toda la provincia y un atractivo más para los turistas, pero ni siquiera creo que a estas alturas nadie en Sevilla se plantee algo así. Y, por supuesto, tampoco me imagino una reapertura del Museo de Matalascañas.




4 Responses to "Nuestra Casa de la Ciencia"

  1. Antonio Toscano   3 marzo 2018 at 8:08 pm

    Completamente de acuerdo. Yo lo he dicho también muchas veces. Tal vez en Matalascañas esté un poco apartado, aunque se incluya en las visitas a Doñana. pero eso, que lo traigan a Huelva capital, y no a Sevilla. Una provincia con 120 km de costa…. y nada….se lo llevan todo. Una exposición tanto de la Historia Natural como la relación del hombre y “La mar”, y ya si le unes la parte Paleontológica con las numerosas ballenas fósiles que tenemos y la colección de malacofauna fósil junto a la actual, referente en Europa, ni te digo. Muchos nos olíamos que eso de “traslado temporal” no sería tal. Algo así pasó también con el Centro de Interpretación Paleontológica que iba a construirse en Lepe, con estudio museístico y todo ya hecho, y cuyos fondos se perdieron por el camino.Y no critico a los de Sevilla, que ellos miran por su bien como es lógico, sino el servilismo y desinterés de los de Huelva que se lo entregan en bandeja de plata.

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  2. Juan Carlos Jara   16 abril 2018 at 4:25 pm

    La historia de Huelva en las últimas décadas está llena de episodios parecidos para olvidar, aunque yo prefiero recordarlos para intentar que no se repitan en el futuro.

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  3. MANUEL   18 abril 2018 at 12:52 pm

    CON LOS POLÍTICOS ELIGIÉNDOLOS LOS PARTIDOS EN VEZ DE LOS VOTANTES DIRECTAMENTE NINGUNO SE MUEVE DE LO QUE LE DICTEN SUS JEFES….Y LOS OLIGARCAS SEVILLANOS SON NEFASTAMENTE CONOCIDOS EN TODA ANDALUCÍA.
    ¿TAN DIFÍCIL ES INSTALAR EN HUELVA UN MUSEO MUNICIPAL DE HISTORIA DE LA CIUDAD, LA CASA-MUSEO DE LOS LITRI, UN MUSEO DEL MAR Y LA PESCA, DE LA INDUSTRIA, UN MUSEO DEL FERROCARRIL CUANDO DEJE DE PRESTAR SERVICIO LA ANTIGUA ESTACIÓN DE RENFE, UNA SEDE DIGNA PARA LA SOCIEDAD COLOMBINA ONUBENSE EN LA ANTIGUA CLÍNICA VÁZQUEZ-LIMÓN (UNA VERDADERA JOYA NO VISITABLE), O PARA EL CONSEJO DE HERMANDADES CON EXPOSICIÓN PERMANENTE? ¿UNA REPRODUCCIÓN DE UN ASENTAMIENTO TARTÉSICO EN LA JOYA, UNA REHABILITACIÓN Y POSTERIOR CASA-MUSEO DE UNA CASA DEL BARRIO REINA VICTORIA?…TANTAS COSAS…PERO LOS POLÍTICOS A MIRAR PARA OTRO LADO

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  4. Juan Carlos Jara   3 mayo 2018 at 5:09 pm

    Quizás algunas de esas grandes ideas que usted expone no serían rentables por el número de visitantes que pudieran tener, y a es a ese argumento al que aluden muchas veces nuestros políticos.

    Sin embargo y tal y como muestro en el artículo, en otras ciudades las instituciones públicas financian el espacio expositivo.

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