Historia del Pabellón “Royal Victoria” (y II)

Antonio J. Martínez Navarro nos descubre los entresillos de este emblemático enclave onubense que nació como local para diversas actividades sociales de ocio. Estuvo situado entre las calles Gravina y Avenida de Portugal (antes calle Zafra).

Max Linder, personaje de TheoPathé.
Max Linder, personaje de TheoPathé.

Antonio J. Martínez Navarro. El día 28 de febrero de 1907, las obras seguían a buen ritmo:

<<De espectáculos. En el Pabellón Victoria siguen con toda actividad las obras de construcción del escenario, traslado de las gradas y otras reformas necesarias para que puedan actuar en él compañías teatrales.

           Probablemente se abrirá al público del 15 al 20 de marzo, actuando una compañía de género chico>>.

Pero, se alcanzó el período anunciado y las obras del Pabellón estaban sin terminar (“La Provincia” del día 16):

<<Están casi terminadas las obras de reforma y construcción del escenario en dicho favorecido local de espectáculos.

           La reapertura al público se verificará el sábado de Pascua, 30 del actual, actuando una buena compañía de género chico, que aún no está decidida, cual será de entre las diversas que están en tratos con la propiedad del local.

           Lo que si nos consta es que a la empresa le animan los mejores deseos a favor del público, proponiéndose presentar espectáculos cultos como variados y dotar el Pabellón de todas comodidades>>.

Pero, “el hombre propone y Dios dispone”, así, cuando se disponía a volver a la actividad la Junta de Espectáculos exigió a la Empresa “que introdujera en el local algunas pequeñas reformas para mayor comodidad del público”

           “La Provincia” del sábado, 23 de marzo de 1907, decía del Pabellón “Victoria”:

<<Con toda actividad se están llevando a cabo en este coliseo las reformas exigidas por la Junta de Espectáculos.

           También se están construyendo, por indicación de varias distinguidas familias, algunas plateas.

                       La temporada se inaugurará el sábado 30>>.

En mayo y junio de ese mismo año el Pabellón “Victoria” reanuda su actividad cinematográfica con la exhibición de películas de la calidad de “Venus-Kursaal”, “La buena sombra”, a excepción del día 18 de junio en que hace su presentación en este local la Compañía de Zarzuela Cómica de Pepe Capsir, dirigida por el primer actor Anselmo Fernández y el maestro concertador Prudencio Muñoz.

           En la sesión municipal del 12 de julio de 1907, el Cabildo acordó: “Otorgar la autorización interesada por don Emilio Acosta Cairón para construir un caño para desagüe del local en que está instalado el pabellón Victoria, previo abono de los arbitrios”.

           El viernes, 30 de agosto de ese mismo año, “La Provincia” insertaba entre los acuerdos tomados por el Ayuntamiento la concesión a don Francisco Rando, a nombre de la empresa del Teatro-Circo Victoria,  de una subvención de 500 pesetas, “pero con la condición de dar una función para la Asociación de la Caridad, como proponía el solicitante”.

           La función se realizó el día 5 de septiembre del citado año.

           Después de esta fecha el pabellón Victoria atravesó un dédalo de cierres y aperturas, reformas y contrarreformas.

           El 19 de noviembre de 1907 hallamos el Pabellón en su enésima apertura y en obras para instalar en él un cinematógrafo con nuevo avance técnico respecto a  los interiores. Una compañía de variedades completaría el programa.

           El martes, 26 de noviembre, “La  Provincia”  daba cuenta de lo acaecido en el “Victoria” el día anterior:

<<Pabellón Victoria. Anoche abrió sus puertas el Pabellón Victoria, exhibiéndose seis preciosas películas, en cada sección, del cinematógrafo La Rosa.

           Los excéntricos “Les Jarques” fueron muy aplaudidos.

           La trouppe “TheAytoris”, en la pantomima “Aventuras de un automovilista”, gustó bastante.

           El público, tan numeroso como escogido, llenó el local en todas las secciones>>.

“El voceador de los cuadros”,  película sustituida en este Cine en diciembre de 1906.
“El voceador de los cuadros”,
película sustituida en este Cine en
diciembre de 1906.

Hasta el 16 de diciembre de 1907 la salida se realizaba por una sola puerta. Pero, la Junta de Espectáculos le exigió (“La Provincia”, de la supra indicada fecha así lo indicaba en sus páginas):

<<La empresa nos ruega que hagamos constar que en lo sucesivo tendrá habilitados para la entrada al público las dos puertas grandes, a la derecha e izquierda del escenario>>.

Sorprende pensar el enorme retraso que tuvo esta medida de las dos puertas, ya que el día 6 de junio de 1906 el Gobernador Civil había vertido en el diario “La Provincia” el siguiente concepto:

<<…Como hemos dicho, no basta pedir a los dueños y empresas de teatros la instalación de telones de agua, puesto que el fuego es de lo menos peligroso en caso de incendio; lo que importa es dar al público facilidades para desalojar el local, ya que en tales momentos se produce la mayoría de las desgracias por la aglomeración de gentes en puertas y pasillos…>>.

El cinematógrafo del Sr. La Rosa se mantuvo un mes en este Cine, teniéndonos al corriente el diario “La Provincia” de todo lo que ocurrió. Así, el 18 de diciembre el citado industrial exhibió varias películas de éxito, aunque en la exhibición número 11, titulada “El voceador de los cuadros”, se anunció su sustitución protestando el respetable con una sonora pita; y el día 24 decía de la jornada vivida el día anterior:

<<Sin espectáculos. Anoche no hubo secciones cinematográficas en el Pabellón Victoria.

           Según hemos oído decir, la empresa del Sr. La Rosa ha suspendido definitivamente este espectáculo, único que disfrutábamos en Huelva.

           Nos aseguran, que una nueva empresa, con material en buenas condiciones, se dispone a seguir funcionando en el indicado Pabellón>>.

 Y en efecto, dentro del empeño constante por ofrecer al público buen cine, el jueves, 26 de diciembre de 1907, “La Provincia” insertaba la noticia:

<<Anoche debutó en el Pabellón Victoria el Cinematógrafo Escudero, siendo muy concurridas las secciones primera y segunda>>.

 A estas alturas, el cine ya se había convertido en un gran reclamo para el público, viéndose este Pabellón muy concurrido, aunque, en ocasiones, “Los concurrentes asiduos a este Pabellón nos ruegan hagamos constar verían con gusto retirasen algunas películas por llevar demasiado número de exhibiciones…”.

           Y lo que se aceptaba como un gran avance de la ciencia, en 1908 se aceptaba pero con calidad (“La Provincia”, del viernes 10 de enero):

<<Películas protestadas. Es rara la noche que el público no proteste ruidosamente algunas de las películas que se exhiben en el Pabellón Victoria.

           Anoche le correspondió el turno a la titulada “Ladrona de brillantes” que se pateó con mucha razón por lo repugnante del argumento.

           En cambio, se exhibieron otras que fueron celebradas por lo graciosa y entretenida>>.

Poco después, nuevamente es cerrado el Pabellón (“La Provincia”, del domingo, 12 de enero de 1908):

<<El Gobernador Civil, Sr. González Rico, cumpliendo órdenes del Ministro de la Gobernación,  ha dispuesto la clausura del Pabellón Victoria, por no ofrecer las debidas seguridades  para el público, en el caso de desarrollarse un incendio, y ante el temor de que se repita lo ocurrido en Madrid y Valencia,, donde han quedado destruidos por las llamas dos cinematógrafos>>.

Cuando le llega la autorización de la nueva apertura, se halla el empresario en plena fase de obras para cumplir las normas establecidas (“La Provincia”, del sábado, 4 de julio de 1908):

<<El Teatro Victoria. El Sr. Acosta recibió anteayer la R. O. de Gobernación, autorizando la apertura del teatro Victoria.

           Las obras de reparación que se vienen efectuando en dicho coliseo, terminarán a mediados de la próxima semana>>.

Pero, ¿Qué mejoras se efectuaron en este coliseo? Atendiendo al cauce informativo reiteradamente citado fueron:

<<El propietario ha introducido algunas mejoras con respecto al adorno y comodidad del público.

           Se ha ensanchado el pasillo central, que es doble del de antes, y algunas reformas en las gradas.

           También se ha colocado un nuevo telón de boca y se han instalado toldos.

           Las dependencias del café se situarán a la izquierda de la entrada principal, terraplenándose convenientemente el piso para mayor comodidad del público>>.

El día 2 de agosto de ese 1908 se inauguraba el Victoria y, seis días más tarde,  “La Provincia” anunciaba que comenzaría a actuar en el Circo Victoria el cinematógrafo “Theo-Pathé”.

           El lunes, 10 de agosto de 1908, anunciaba “La Provincia” para el viernes siguiente una fiesta benéfica que no se llegó a celebrar.

           El 16 de ese mismo mes y año, terminaba la serie de sesiones de cine.

           El Teatro Victoria no estaba destinado exclusivamente a adultos. Así, el alma altruista de su empresario, Sr. Acosta, obsequió a los niños con una función el lunes, 21 de septiembre de 1908; el domingo, 29 de noviembre del mismo año, decía “Diario de Huelva”:

<<Función de tarde con un escogido programa de 12 cintas, entre ellas 6 estrenos propios para niños, principiando el espectáculo a las tres y media…>>.

El domingo, 17 de enero de 1909, se daba un lamentable espectáculo, que recogió “Diario de Huelva”:

<<¡Bonito espectáculo! En la noche del viernes, fue teatro el Pabellón Victoria de un lamentabilísimo espectáculo, vergonzoso, indigno, que merece toda clase de censuras.

           Muchas señoras y distinguidas señoritas nos han expresado su disgusto ante la pasividad para contener el desmán, no pareciendo sino que producía grata complacencia a los que tienen la obligación de velar por el decoro y el buen orden en los espectáculos públicos.

           Unos cuantos mozalbetes tan faltos de respeto, cuanto sobrado de osadía, cuando mayor era la concurrencia, dieron en la feliz y delicada ocurrencia de cantar coplas, y aunque el canto en sí produjera disgusto al público, que nadie tiene derecho a molestar, agravó la gracia de los chicos el que las letrillas fueron de lo más soez y desvergonzadas, que darse puede; mejor dicho y con toda claridad, indecentes; llenas de frases sucias en pugna con los principios más elementales de la moral…>>.

“Diario de Huelva” anunciaba el viernes, 22 de enero de 1909, para el día siguiente, una función benéfica organizada por el Centro Popular de Obreros de Huelva, en el que se exhibió, entre otras, un éxito de aquella temporada: “Los terremotos de Mesina”.

           El éxito de público fue apabullante y la cantidad recaudada fue de 1.016,75 pesetas.

           El 9 de febrero de ese mismo año, en sesión continua, se exhibieron veinte cuadros -diez estrenos- en los cinematógrafos “Marínwicets”, “Pasqualini” y “Vidaograph”.

           La historia de este Pabellón es una continua clausura por parte de las autoridades y, tras las obras correspondientes, su reapertura. Así, “Diario de Huelva” informaba el día 23 de abril de 1909:

<<Han comenzado obras de reforma en el Pabellón Victoria suspendiéndose con tal motivo las funciones cinematográficas>>.

 El 9 de junio de ese año, inauguraba la temporada de verano una compañía.

          A través del diario “La Provincia”, del 2 de agosto de 1909, vamos a conocer la capacidad de espectadores que tenía el teatro que historiamos:

<<Función patriótica  (Guerra de Marruecos) en el Teatro Victoria a beneficio de los heridos y familiares de los reservistas>>.

           La recaudación fue 1.662,50 pesetas. Plateas, 385 butacas a 3 pesetas cada una y 235 localidades de grada.

El día 26 de agosto de 1909, “La Provincia” anunciaba dos pases de película con seis en cada pase  y dos pases con el cantaor flamenco Del Villar.

          A través del Legajo, número 49, Actas Capitulares del 27 de agosto de 1909. Nos enteramos que se le concedió una subvención para dar representaciones teatrales en la Velada y Feria de Nuestra Señora de la Cinta:

<<Comisión de Gobernación. En armonía con el informe emitido por la Comisión de Gobernación a un escrito de don Emilio Acosta, en que se solicitaba una subvención de 2.000 pesetas para dar representaciones teatrales y exhibiciones cinematográficas públicas en los días de feria y velada, se acordó subvencionar las representaciones teatrales que se den durante los días de feria y velada con una suma equivalente al importe del arbitrio sobre espectáculos públicos>>.

Pero, la página histórica del Teatro Victoria estaba tocando a su fin. Se abría, pocos meses después y en el mismo espacio que ocupaba el que hemos historiado, con los oropeles áureos que le otorgaría la brillante trayectoria de un teatro que estaba llamado a figurar en primera línea del cinematógrafo onubense, el “Mora”.



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