Esponsales de Huelva con el mar

Se puede afirmar que la capital ha tenido una relación especial con la ría, unos esponsales de amor, porque los onubenses fueron y son gentes de raza marinera.

      El puerto de Huelva en las últimas décadas del siglo XIX.
El puerto de Huelva en las últimas décadas del siglo XIX.

Antonio J. Martínez Navarro. Pero también eran esponsales por interés, porque Huelva siempre ha estado vinculada, ha dependido del mar. Era éste el camino de los descubrimientos y de las riquezas y, al mismo tiempo, la ría protegía a la villa, una de las escasas poblaciones que poseía un castillo con murallas de tapial. A pesar de ello, se puede decir que Huelva nunca fue tomada por el mar. Pero vayamos a los orígenes.

En los tiempos remotos, el mar abrazaba a Huelva dejándole emergentes algunas zonas (Conquero, Cabezo de la Horca…). Ya en tiempos históricos y tras el retroceso de las aguas, los onubenses comenzaron a vivir de la pesca, de ciertos cultivos, de la apreciada sal de sus salinas, que los romanos adquirían y cargaban en sus barcazas o trirremes ancladas a la altura de la actual Plaza de las Monjas, que hasta allí llegaban las aguas.

Alegoría del mar.
Alegoría del mar.

Al final del siglo V, consumada la conquista de España por los “bárbaros” Huelva pierde parte de su importancia y su esplendorosa historia se ve sumergida en siglos de “oscurantismo“. Posteriormente, en época de dominio musulmán, se asientan nuevos pobladores en lo que había sido vieja Onuba, en leves y modestas viviendas de madera, porque los cimientos improvisados sobre el inestable suelo marismeño no podían soportar, por lo general, y quizás tampoco hubiese necesidad, pesos mayores. Solamente a partir del siglo XII o XIII se inicia una importante evolución urbanística y arquitectónica en Huelva. Es el momento de la decisiva vinculación de Huelva con el mar, será un pueblo por antonomasia marinero. Si otros pueblos cultivaban feraces vegas, Huelva va a “cultivar” el mar. Sus intrépidos hijos comienzan a alejarse cada vez m s de su ciudad, a veces, surgen problemas con otros pueblos hermanos, como el acaecido en el año 1512 con la gente de mar de Punta Umbría, por la captura de la sardina.

Este conocimiento y dominio de la navegación de los onubenses por el Océano Atlántico hizo posible uno de los episodios más gloriosos en la historia de la Humanidad, el Descubrimiento de América.

En la segunda mitad del Siglo de Oro español, los astilleros onubenses colaboraron eficazmente a la formación de aquella Armada que zarpó de Lisboa el día 30 de mayo de 1588 con el precipitado adjetivo de “Invencible” (obra, de futura aparición, titulada “Tradición marinera de Huelva”, de Antonio José  Martínez Navarro).

Huelva siempre en contacto con el mar.
Huelva siempre en contacto con el mar.

A partir del siglo XVI, los onubenses (tal como queda probado en la citada obra “Tradición marinera de Huelva”) amplían su radio pesquero instalando almadrabas en algunos puntos africanos. Huelva se convierte en el siglo XVII en un punto importante al que llegan sin cesar mercaderes desde todos los lugares del resto de España dispuestos a comprar, por miles, los cazones. En esta centuria y la siguiente, la saga de los Garrocho tejerá una leyenda indeleble de valentía, pericia en el mar y lealtad a la Corona de España.

En los siglos siguientes, muchos onubenses emigran a América, y, por ello, los nexos entre ambos lugares fueron continuos. En el siglo XVIII y a lo largo de su historia, la galeota “Huelva” abate a numerosas embarcaciones piratas.

A mediados del siglo XIX, los onubenses tutean lúdicamente a la ría, al instalar, en 1852, el célebre Gobernador Alonso los primeros baños flotantes con que contó la ciudad. Décadas después, nuevos y más perfeccionados baños se instalan, teniendo mucho que ver la Sociedad Económica Amigos del País en Huelva, aunque también surgen los baños flotantes, alejados de la influencia de un organismo oficial, del industrial Pedro Salas.

 En el último cuarto del siglo XIX, el mar va a seguir mirando con ojos amables a Huelva. Por su ría van a pasar miles de vapores británicos dispuestos a cargar el mineral que proporcionan las minas de Riotinto. Es en estas fechas cuando por primera vez se instalan en nuestro país luces de enfilación para entrar con total seguridad en una dársena. Por lo tanto, Huelva es pionera, también, en la instalación de la iluminación de un puerto. Asimismo, el gran ingeniero Bruce construye el maravilloso Muelle de Riotinto, orgullo de la ingeniería mundial, y Francisco Montenegro Calle maravilla a todos los ingenieros cuando presenta el ciclópeo proyecto que dará paso a los Muelles Definitivos.

En el aspecto competitivo, los regatistas del Club de Huelva se muestran prácticamente invencibles en sus confrontaciones con los remeros de las colonias británicas y españolas de Málaga, Sevilla y Gibraltar.

Por otro lado, en 1892 se celebran en la ría parte de las fiestas conmemorativas del IV Centenario del Descubrimiento, en la que va a destacar la gran parada naval con participación de buques de guerra de varias naciones.

En este siglo XX, Huelva ha estado vinculada al mar con la construcción de su playa artificial en 1914 y de sus dos Balnearios (del Odiel en 1917 y de Nuestra Señora de la Cinta en 1930), de sus Escuelas de Flechas Navales y Náutico-Pesquera, de su Club Náutico…

Si en la Venecia de los siglos XII, XIII, XIV… el Dux, vestido de púrpura y oro, cada año y en el día de la Ascensión, presidía, a bordo del ducal “Bucentauro”, empavesado y lujoso y movido por ciento ochenta y seis remeros, una suntuosa y solemnísima procesión de barcas que avanzaba hasta llegar al paso del Lido, frente al proceloso y abierto piélago, para dar gracias al mar por sus bondades, nosotros, los onubenses, en alas de la imaginación y en base a que la blasonada ciudad de Huelva le debe todo al mar, avanzaríamos emocionados, y, frente al mar abierto, arrojaríamos un anillo a las aguas y a la vez exclamaríamos : “Desposados estáis, Huelva y mar”, porque, los que nos consideramos choqueros de corazón, sabemos, fehacientemente, sin que nadie nos lo haya contado, que Huelva, desde el principio de los tiempos, se vinculó amorosamente con el mar.

 



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