El orgullo de la tercera España

Huelva es víctima de la España de las dos velocidades, en la que determinados territorios logran históricamente privilegios y avanzan a nivel económico y social mientras el resto tarda en alcanzar esos mismos logros.

Autovía A-49. / Foto: urbanity.es.
Autovía A-49. / Foto: urbanity.es.

Juan Carlos Jara. El camino de regreso desde Sevilla en un cálido atardecer de junio impulsa mis pensamientos, volante en mano, mientras alguno de mis pequeños tesoros dormita en el asiento de atrás. El carril, flanqueado por conos de plástico anaranjado y una leve reflectancia, obliga a mantener la tensión sobre la carretera algo más de lo habitual mientras voy superando lentamente kilómetros de esa vía rápida que también fue una vez, allá en los ochenta del pasado siglo, un sueño de los onubenses, convertido en realidad cerca ya de 1992.

A 80 kilómetros por hora, los pensamientos solo se interrumpen levemente por los ligeros frenazos anunciados por las luminarias traseras de los vehículos que me preceden y por la necesidad de esquivar un cono tumbado surgido en la semioscuridad de esta A-49 que se nos mutila a los onubenses cada tarde de multitudinario regreso desde las playas para miles de hispalenses. Mi mente recorre esos otros sueños que labramos durante años y que ahora, víctimas nosotros de nuestro propio conformismo, hemos dejado olvidados, convencidos de que no se conseguirán.

Huelva es víctima de la España de las dos velocidades, en la que determinados territorios logran históricamente privilegios y avanzan a nivel económico y social mientras el resto tarda en alcanzar esos mismos logros por mor de la voluntad política y, en algunos casos, con el aval de la condescendencia de los ciudadanos. Pero en nuestra provincia, diferente en lo bueno y en lo malo, el fenómeno muestra una vuelta de tuerca más, hasta convertirnos en representantes de una tercera España que ni siquiera atisba los avances del futuro cuando los territorios menos privilegiados van alcanzando esas metas que antes alcanzaron los de la primera España.

Y en esta triste realidad, representada en una tarde de cálido domingo por unos conos que convierten la autopista en una carretera que ni siquiera permite adelantamientos, por mi mente corren promesas de AVE, de altos rascacielos a modo de estación, de aeropuerto, de conexiones a Cádiz tornadas en circunvalación del vecino, de la vieja Huelva-Zafra convertida en motor de nuestra economía o de una rápida autopista uniéndonos con Badajoz.

La vieja Onuba vive mientras tanto paradójicamente orgullosa de sus cosas. De su Recre, de su Rocío, de sus playas, de su puestas de sol, de su fandango y de su beso al Atlántico… Es algo así como el orgullo de la tercera España, un lugar donde los sueños rotos ni siquiera admiten ya el remiendo de la esperanza mientras continuamos conformándonos, como Robert Kincaid en la exquisita Los puentes de Madison, con la felicidad efímera que nos provocaron nuestros anhelos: “Los viejos sueños fueron buenos sueños; nunca se cumplieron pero me alegro de haberlos tenido”.



2 Responses to "El orgullo de la tercera España"

  1. Maria José   23 julio 2017 at 4:22 pm

    Esas mismas reflexiones me hago yo verano tras verano, cuando vuelvo a casa después de haber trabajado 12 horas, muerta, por mi carrilito único detrás de un camión y a 80 km/h. Es vergonzoso lo que sufrimos los onubenses, siempre olvidados.

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  2. Juan Carlos Jara   24 julio 2017 at 12:04 am

    Así es, María José. Y pasan los años y nada cambia, ni el comportamiento de los dirigentes y de toda la clase política ni el sentimiento de extraño orgullo que poseen los onubenses en medio de un carácter con muy reducidas dosis de reivindicación.

    Gracias por su lectura y por el comentario.

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