Del CSIC a Harvard pasando por el Laboratorio Europeo de Biología Molecular, la brillante trayectoria de la cristalógrafa Fabiola Rodríguez Calviño

La doctora en Biología se encuentra ahora en Boston, realizando una estancia en un laboratorio de investigación en la Facultad de Medicina de Harvard, aunque sus planes pasan por regresar a Alemania, donde seguirá desarrollando su carrera como científica.

Una foto desde mi terraza en Boston.
Desde su terraza en Boston, Fabiola Rodríguez Calviño saluda a los onubenses.

A.R.E. Diseñar nuevos fármacos que curen enfermedades es el fin último de la gran labor de investigación que desarrolla la doctora en Biología y especialista en Cristalógrafía Fabiola Rodríguez Calviño. Una onubense que es un ejemplo para todas aquellas mujeres que desean consagrar su vida a la Ciencia y a contribuir con su dedicación a hallar respuestas para que la Humanidad avance.

Fabiola Rodríguez Calviño es natural de Huelva capital, aunque hace varios años que reside fuera de España. En la actualidad vive en Boston (USA), donde está realizando una estancia de seis meses en un laboratorio de investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard. Allí está aprendiendo nuevas técnicas en Bioquímica, como es la purificación de proteínas de membrana, herramientas que revertirán en sus futuras investigaciones.

Boston es la última parada en la amplia trayectoria de esta onubense, una carrera profesional que comenzó en su tierra natal, donde estudió en el colegio Santo Ángel y el IES Alonso Sánchez. Tras terminar Biología en la Universidad de Sevilla, acabó en Madrid haciendo su tesis doctoral en el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB-CSIC), en el laboratorio del profesor Antonio Romero, un hombre al que guarda un cariño muy especial por ser, además de un gran cristalógrafo, “buen maestro y mejor amigo“, afirma la doctora. 

Fabiola se especializó en Cristalografía, en concreto en el estudio de la estructura tridimensional de las proteínas, usando para ello como técnica principal la difracción de rayos X. Durante su tesis doctoral, la investigadora científica se centró en el análisis de los diferentes mecanismos de resistencia a antibióticos de un patógeno hospitalario: Acinetobacter baumannii.

En la Oktoberfest con unos amigos de Huelva que vinieron de visita y Dominik.
Fabiola en la Oktoberfest con Dominik, su pareja, y unos amigos de Huelva que fueron a visitarla.

Fue llevando a cabo este estudio cuando la doctora Rodríguez Calviño realizó su primera estancia en el extranjero, una experiencia que le depararía alguna que otra sorpresa. Su destino era Heidelberg, en el sur de Alemania, donde trabajó en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL). En la ciudad germana, afirma la onubense, “aprendí muchísimo, en un entorno científico excelente y ciertamente internacional. Allí también me enamoré. Además descubrí que el mundo puede ser más pequeñito de lo que uno piensa (y si uno quiere) y que para viajar lo único que se necesita meter en la maleta son las ganas. Claro que si vas en buena compañía ¡mejor qué mejor!”.

Tres años más tarde, Fabiola volvió a Alemania para hacer su primer postdoc en la Universidad de Heidelberg y, de ahí, dio el salto hace unos meses al otro lado del charco como nos cuenta en esta entrevista: 

Fabiola, háblanos de tu labor como investigadora.
– Muchas veces me preguntan para qué sirve lo que hago, entonces suelo contestar que, por medio de mis experimentos, veo los detalles de una proteína. Seguro que todos recordamos de nuestras clases de Biología en el colegio que las proteínas son la base para el funcionamiento celular. Pues bien, por medio de la Cristalografía yo puedo ver la estructura 3D de las proteínas, e incluso cómo interaccionan a nivel atómico entre ellas o con otras macromoléculas (ADN o ARN). Esta información, junto con otros estudios bioquímicos, me va a dar muchas pistas acerca de la función de esta proteína en la célula. A día de hoy, las proteínas son el principal foco de estudio en la industria farmacéutica y, por ello, el objetivo final en mi investigación es el diseño de nuevos fármacos que curen una determinada enfermedad.

– ¿Por qué decidiste irte fuera?
– Cuando estudiaba la carrera me dio miedo irme de Erasmus. Así es que cuando volví a tener la oportunidad de irme de estancia al extranjero durante mi tesis doctoral, ni me lo pensé. Fue un lanzamiento al vacío y sin red. Por aquel entonces, mi nivel de inglés no era muy bueno y de alemán no tenía ni idea. Pero me dio igual, era un ahora o nunca. Como bien decimos en nuestra tierra, “me lié la manta a la cabeza” y me fui a Alemania.

Tomando un buen vino caliente con mi madre en los mercados de Navidad de Heidelberg.
Tomando un buen vino caliente con su madre en los mercados de Navidad de Heidelberg.

– ¿Cuánto tiempo llevas fuera de España?
– Pues llevo casi cinco años. Mi billete sin vuelta tenía la fecha del 29 de junio de 2012. ¡Fue muy raro comprar un billete de avión sin vuelta! Creo que fue ahí cuando me di cuenta de que la cosa iba en serio… Como anécdota, puedo contar que ese domingo se jugaba la final de la Eurocopa 2012 y, como gesto simbólico, decidí comprarme mi camiseta de España en el aeropuerto. ¡No podía irme sin ella! Ganamos a Italia por goleada (4-0). ¡Qué recuerdos!

– ¿Cómo fueron tus primeros días en Boston?
– América está siendo toda una aventura. Boston, aunque es una ciudad muy “europea”, es bastante diferente a cualquier otro sitio donde haya vivido antes. Encontrar un apartamento para vivir fue muy complicado, pero nada comparado con encontrar un supermercado donde comprar un kilo de fruta. Boston es la ciudad universitaria por excelencia en América, con una población ciertamente comprometida tanto con el medio ambiente como con las minorías sociales y es muy interesante conocer de primera mano la opinión de los locales acerca de la política actual, por ejemplo. Corren tiempos difíciles y a veces parece mentira que todo esto esté pasando, pero creo que puede ser una gran oportunidad para aprender y recordar que juntos podemos crear un futuro mejor para todos. Todos. Yo soy inmigrante por segunda vez y me gusta sentirme bien recibida allí donde voy.

– ¿Cómo fue vivir en Alemania? ¿Es muy diferente a España?
– No me gustan las comparaciones porque cada país es diferente y seguro encuentras cosas que te gustan más y cosas que te gustan menos en ambos. Sí es cierto que cuando llegué a Alemania hubo cosas que me sorprendieron, e incluso me hicieron gracia. Por ejemplo, todo va a otro ritmo: almorzaba casi a la hora del desayuno y cenaba a la hora de la merienda. Mi autobús llegaba cada día a las 9 y 11 minutos (¡ni un minuto más ni un minuto menos!) y desde que llegué a Alemania no soy capaz de cruzar la calle hasta que el semáforo se pone en verde, es como si mis piernas no respondieran a lo que mi cabeza les dicta (“¡Venga, si no pasan coches!”). He conocido el auténtico sabor de la cerveza y he aprendido a pronunciar palabras que son más largas que mi nombre y dos apellidos juntos.

– ¿Cuáles son tus planes futuros?
– La vida da muchas vueltas y nunca se sabe dónde una va a acabar, pero hoy por hoy mis planes son volver a Alemania y establecer allí el “campamento base”. Alemania me ofrece un gran futuro profesional que no quiero desaprovechar. Además, en estos años Alemania, y en especial uno de sus alemanes, ha sabido ganarse mi corazón y se ha convertido en mi nuevo hogar.

Dando un paseo por Heidelberg en bicicleta.
La onubense dando un paseo por Heidelberg en bicicleta.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de Huelva?
– No voy a ser muy original si digo que, por supuesto, echo mucho de menos a mi familia y a mis amigos de toda la vida. Así que voy a intentar ser un poco más creativa y diré que a veces muero por una tapita de caracoles o de ensaladilla de gambas (¡si es que somos Capital Gastronómica 2017 por algo!). Que no hay mejor quitapenas que un puchero de mi madre con “tos los avíos”. Que las bromas me hacen más gracia en andaluz y que a veces se me viene a la cabeza un dicho, que en mi tierra todos entenderían a la primera, pero que aquí no hay Dios que explique (¡nada más elocuente que un “no ni na” bien dicho!)… Que me encanta el olor a marisma cuando baja la marea, y a incienso en la calle Concepción y a romero y hierbabuena en los arriates que con tanto esmero cuida mi madre y que el jamón de Huelva debería recetármelo el médico en Alemania…

– ¿Recomiendas a todo el mundo que viva un tiempo fuera de España? ¿Por qué?
– Si te apetece salir de la comodidad de lo ya conocido y descubrir el mundo que hay fuera sin que nadie te lo cuente, ¡hazlo! Vivir fuera de España y querer a tu país y sus costumbres, a tu familia y amigos, no son incompatibles. También te puede dar miedo y no pasa nada. Habrá momentos duros, porque estás lejos y te pierdes cosas, porque no sabes muy bien por dónde te va a dar el viento y tienes que buscar tu camino. Pero todo en esta vida es cuestión de prioridades y yo decidí que a mí nadie me iba a contar cómo mi vida podría haber sido y no fue porque me dio miedo intentarlo. Tu casa va a estar ahí siempre. Y tu familia y amigos también. Claro está, depende de ti cuidar de todos ellos en la distancia y eso no es fácil, requiere una mayor dedicación e interés por tu parte. Como ya dije antes, cuestión de prioridades.

– Para terminar: un mensaje a los onubenses.
– Para mí, Huelva fue casilla de salida. En Huelva crecí y me educaron como persona, me enseñaron los valores morales que hoy son pilares fundamentales de mi personalidad. Me dieron todas las herramientas para poder volar libre y siempre recordar dónde está el nido si algún día necesito regresar. Y allí donde voy un trocito de Huelva siempre va conmigo. Orgullosa de ser choquera. ¡Que vivan Huelva y su gente!

– Gracias Fabiola. ¡Mucha suerte!





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