Un antiguo alumno del Colegio Francés escribe desde Londres una carta de agradecimiento al profesorado del centro educativo

Como otros cientos de ex alumnos llegados de toda España y el extranjero, el onubense Víctor León participó el pasado fin de semana en el multitudinario marcro-encuentro que se celebró en Huelva para rememorar la historia del tradicional centro onubense en el marco del Centenario de la institución. 

Víctor León, durante el macro-encuentro celebrado en el Colegio Francés con motivo de su primer centenario.
Víctor León, durante el macro-encuentro celebrado en el Colegio Francés con motivo de su primer centenario.

HBN. Residente en Londres desde hace más de cuatro años a donde llegó para finalizar sus estudios de Ingeniería y trabajar, el onubense Víctor León no dudó en regresar a Huelva el pasado domingo 26 de marzo para participar en uno de los actos principales del 1er. Centenario del Colegio Francés. Se trató de un macro-encuentro de alumnos de todas las épocas, que se celebró en la sede actual del centro, el Colegio Molière, situado en el Paseo de la Glorieta, calle Julio Baroja. 

Carta abierta al Profesorado (de mi cole Moliére), con envidia

Muero de envidia. Envidia sana, pero muero.

Visiblemente emocionado, así compartía conmigo la siguiente vivencia un profesor de mi antiguo cole, el Colegio Moliére: “Uno de mis alumnos de este año, así de lo más rebeldes, me dijo: Profe, sé que cuando me vaya de aquí, seguiré queriéndote, porque yo te admiro”. 

Perdona que comparta esto con un audiencia un tanto más amplia, profe, pero la nostalgia me invade e impulsa a emocionar a otros, ahora que yo ya soy “grande”. Es esta maldita envidia egoísta que no me permite que seas tú el único que disfrute de ese momento tan maravilloso. Creo que sabrás perdonarme.  Eso sí, te advierto,  no sé si te perdonaré que yo me cuestione mi actual profesión desde entonces.

1917 fue el primer año en que comenzó a forjarse ese vínculo profesor-alumno , alumno-profesor en el colegio Moliére. Y unos tantos-cuantos tuvimos la suerte de disfrutar del acto de centenario y reencuentro de antiguos alumnos y profesores este pasado sábado 25 de marzo. Los que fuésemos niños, ya somos adultos – o al menos fingimos comportarnos como tal- y los que ya fuesen adultos y educadores…siguen siéndolo. Eso sí, todavía quedamos algunos que nos resistimos a crecer.

Muchas dudas en el aire por resolver previas al reencuentro:

¿Se seguirán embarcando los balones encima del comedor junto al patio de recreo? (Embarcar: acepción andaluza que define la situación de un objeto cuando éste queda atrapado en un área de difícil acceso a una altura considerada)

¿Se habrá pasado Malili  a la pelota vasca definitivamente tras tanto fiasco madridista?

¿Seguirá Maribel,y sus regañinas y enseñanzas que tanto echo en falta, como subdirectora?

¿Continuará Gimeno tan guapo como antaño provocando revuelo entre las adolescentes y las no tan adolescentes?

La respuesta es sí a todo. Y Gimeno, con cariño, lo tuyo me jode. Deja a las nuevas generaciones camino libre para poder progresar. Que hasta yo tengo fantasías contigo tras volverte a ver.

Bromas aparte,  sólo quería aprovechar estas palabras para daros las gracias, a todos. No recuerdo si os agradecí en su momento todo lo que me disteis y enseñasteis, pero espero que sí, de veras. En cualquier caso, que sirva este centenario como excusa y recordatorio para hacerlo. Me siento agradecido, afortunado y orgulloso de haber formado parte de la historia de nuestro cole. Y de eso debéis sentiros culpables. De eso, y de que recuerde mi infancia y adolescencia sin poder evitar que mis labios dibujen una sonrisa, por muy mal que se me diera la Plástica por aquel entonces (y a día de hoy, hay cosas que nunca cambiarán).

Porque todos vosotros, queridos profesores, me visteis e hicisteis crecer como persona. Y vuestras enseñanzas no cayeron en saco roto, pues aún las sigo teniendo presente, pese al paso de los años:

La Ética de Pepa,que no dejará de marcar mi rumbo, y las Mates de Frochoso, Emilio, o Rocío, que me convirtieron en ingeniero.

La Lengua de Beltrán o Malili, culpable de mi idilio por la escritura,  y la Historia del otro Beltrán, que me hace no olvidar de donde vengo, pese a que los mares nos separen, Huelva.

La Lengua Francesa, que también pone nombre al cole, de Marifé, Eva, Maribel o Lola (y su sonrisa contagiosa que tanto nos llenó como niños de quinto y sexto), y la EF de Raquel… o Gimeno, como no.

La Religión y su alternativa (de la que tantos resúmenes hice gracias a mi querida Inma), y las Ciencias Naturales de Victoria, Agustín o nuestra otra señorita Pascual.

Tercero de Primaria, Manolita y su pelo blanco particular. Tecnología de Juan Luis, Informática de Antonio (aunque para nosotros “El Peru”) e Inglés, de Mamen. Mi Mamen. A la cual no pedí matrimonio porque ya andaba casada. No me devolvió su amor en forma de alianza; a cambio, me regaló la frase más bonita que jamás me hayan dicho. Ésa me la guardo para nosotros, si me permiten.

Espero que nuestro abrazo de este sábado os compense tanto quebradero de cabeza que os causé en su momento. Os aseguro que puse el corazón en mis brazos al rodearos con ellos. Tenéis una profesión maravillosa que hace os que os admire. Sois la clave de nuestro futuro, de nuestros nietos, hijos y sobrinos. No os dejéis pisotear, estaremos a vuestro lado, luchando, aprendiendo y enseñando, juntos. Todos queremos ser profes, por vosotros.

Y compartid vuestras vivencias con nosotros, ahora que ya partimos. Esos niños, vuestros niños, que ya no lo son tanto. Matadnos con vuestras experiencias. Quiero morir de envidia, mis queridísimos profesores.

Víctor León

 





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